Autoría: Ola Sabri Marei (Damieta, Egipto)

Traducción del árabe: Anas Fathouni (Tetuán, Marruecos)

¿Cómo las mujeres traen a sus propias madres al mundo?

¿Cómo el sol borda sus corazones cual un diamante?

Esa es mi madre; su corazón un diamante, la naturaleza creó una madre

que no traería la tierra otra vez…

Mujeres del mundo, ¡Perdónenme!

Ella era como el gladiador

que recorre la tierra en busca de una felicidad que ofrecernos,

nos bordaba los deseos hilando uno tras uno,

su sonrisa era el antídoto de todo mal que toca el alma en su ausencia,

su cálido regazo una patria de tranquilidad

y su voz una fuente de seguridad,

transpira con sus alientos fragancias de luz,

ella es el paraíso divino en la tierra para sus hijos.

Madre, luz que destellaba en nuestras vidas de amor,

calidez y serenidad…

paciencia que vive en nuestras esperanzas estando lejos de ti;

¿cómo describirte, madre, siendo un ser indescriptible?

Fuiste una gracia… ¡Y cuántas no supimos apreciar!

¡Glorificado sea Dios al hacerte madre!; mejor madre y mujer perseverante y paciente,

mejor gladiador que recorrió la tierra de este a oeste siendo fiel a su promesa y su lealtad.

Madre, corazón cual vientre que nos devuelve un feto inocente si en la vida hurgamos…

Luz del sol de la que la oscuridad se avergüenza,

plegaria que alegra el corazón después de los pesadumbres,

extenuado queda el corazón de su llanto en busca de tu espectro

que me visita en mi sueño cada vez que te añoro.

Madre, beso del corazón allá donde descansa tu cuerpo,

¡que la paz te acompañe hasta nuestro reencuentro!