Hannan Serroukh Editorial FANFAN

Este 17 de agosto se cumplen cuatro años del atentado terrorista de las Ramblas de Barcelona y   Cambrils. En su día muchos declaraban que era algo inesperado que no habían ningún tipo de indicios que hicieran sospechar que existiera actividad yihadista. En su día en Cataluña se decía que no existían guetos islamistas, que todos los ciudadanos y los más jóvenes hablaban catalán, como si esto fuera una garantía de fidelidad.

Los políticos mantenía una actividad intensa con los líderes de las mezquitas sin mirar si eran Salafistas, sin preguntar de donde salían los fondos que han construido mezquitas como la de Salt, Reus , Mataró. Lo importante era tener la foto.  Tanto antes del atentado como ahora, los dirigentes políticos ante la amenaza islamista mantienen la misma  actitud que defino como la del turista del postureo. Hacen centenares de mítines en las mezquitas,  un sinfín de fotos con líderes Salafistas haciendo las alabanzas simplistas de la bondad y el sentimiento de paz del Islam

Pero no se preguntan  qué sucede cuando no están los focos, qué pasa realmente cuando termina la visita del político.  Esto es igual a lo que hace  un turista de vacaciones todo incluido,  que se hace unas preciosas fotos de las playas y monumentos, pero eso no es garantía de tener conocimiento real de lo que sucede en ese país, las condiciones de vida, el día a día. Lo mismo sucede en Cataluña. No ven cuando encarcelan a las niñas en metros de telas negras, cuando se violan los derechos y libertades fundamentales de las mujeres, no ven las represalias que sufren dentro de sus hogares,  hasta ahora nadie en Cataluña se ha indignado ni a puesto el grito en el cielo al ver niñas, mujeres todas vestidas de negro.  

Ha cambiado el mapa humano y social en muchos de los municipios de Cataluña donde avanza imparable el salafismo y la política islamista. No es casualidad que el 37,5% de detenciones de yihadistas se hacen en Cataluña que es la comunidad con mayor número de mezquitas,  oratorios el 20% de toda España donde la mitad de las mezquitas salafistas están en Cataluña 

Si el atentado de Madrid lo hemos vinculado con delincuentes,  criminales profesionales,  el atentado de Barcelona nos debería haber despertado las alarmas a todos. Eran jóvenes que hablaban perfectamente catalán,  sin problemas sociales ni de entornos marginales. Algunos ingenuos les consideran incluso independentistas. La hermana de uno de los terroristas llegó a declarar que ellos han sido víctimas. Otros, más perversos, hablan de la teoría del complot.

Ni son víctimas ni habido un complot. La triste realidad es que eran jóvenes que han crecido normalizando el discurso de odio hacia el kofar (El no musulmana) En su día día, en las conversaciones familiares, en el barrio y en los comercios. Por eso cuando el imán de Ripoll Abdelbaki Es Satty  el cerebro de los atentados con vínculos con otros criminales,  se acercó a estos jóvenes, no se asustaron,  no se indignaron. Se sintieron identificados y cómodos con los mensajes que les transmitió, encontraron totalmente lógico atentar contra el infiel.

Esto es igual a la famosa  teoría de que en Internet son captados y adoctrinados, todo ello tiene efecto si hay un público receptivo que se identifica con el discurso que se difunde. Los amigos, los conocidos, los profesores, siempre han destacado que eran jóvenes normales » integrados». Quizá el problema que tenemos es el concepto de integración,  saber que por mucha fiesta de la diversidad, por muchos platos de cuscús y noches de Ramadán que se puedan compartir son sólo gestos folklóricos,  que siembran el ellos y el nosotros.  A pesar de todo ello los políticos siguen cometiendo los mismos errores,  siguen dando reconocimiento y autoridad a dirigentes islamistas, y Salafistas desconociendo las dinámicas internas. Siguen sin entender la dimensión real del problema y amenaza.

Nuestro país vecino, Francia, ha iniciado un nuevo proyecto de ley en la lucha contra el separatismo islámico. Esta definición es muy importante. Nos pone encima de la mesa y nos dice  que ante la actividad criminal no sólo los cuerpos y fuerzas de seguridad deben ser implacables. También necesitan  hacer un frente común con todos los agentes sociales,  políticos  ante una ideología política social que usa la religión para intentar infiltrarse en las estructuras del estado para imponer el  modelo del estado islámico. En  Europa no hemos iniciado una guerra o persecución contra el islam,  pero si contra los islamistas.

Hay dos realidades: unos apelan a la reforma y adaptación del Islam al siglo XXI y otros declaran que  la democracia occidental es el enemigo a batir y a través de la política,   a través de atentados a través de la educación en valores islamistas contrarios a la democracia conseguirán  dominar Europa. El objetivo es tener la suficiente representación política para condicionar el futuro de todos. Lo que desencadenó los atentados de Barcelona,  Cambrils, Madrid,  París, Londres no sólo fueron solo unos  terroristas unos criminales si no  también un modelo social , político, la confrontación de la democracia ante la yihad del las ideas que siempre empieza con un gesto sencillo incluso simpáticos el  hijab, Islam en las escuelas, comercios, las finanzas islamicas.

Hasta que un día nos damos cuenta de que hay barrios y municipios con otro orden social, con otra gestión, donde no entra la policía donde el político ya no va hacerse la foto si no ahora tiene que negociar. En todos estos años no  hemos entendido realmente a qué nos enfrentamos  que hay detrás del terrorismo islámico.