Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

 DE GENERALDAVILA

MARRUECOS NO ES UNA AMENAZA PARA ESPAÑA. LA AMENAZA SOMOS NOSOTROS MISMOS Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

No creo que Marruecos sea una amenaza para España. Cada nación es soberana y muy libre de aliarse con quien crea conveniente para su seguridad y progreso. España no es ningún enemigo para Marruecos y en el conjunto defensivo mundial el Norte de África es de hecho un avispero que conviene tener controlado y con socios fiables. Ahí está la cuestión: fiabilidad. En el mundo de las relaciones internacionales hay intereses, muchas sonrisas y ni una concesión al que hoy te dice una cosa y mañana otra. La habilidad diplomática consiste en guardar las apariencias y ser honrado en el juego de las cartas. Lo que está mal visto no es tomar una opción u otra, sino ser un traidor y mentir. Los intereses de cada uno pueden ser admitidos, nunca las traiciones. La palabra más dura que hay en las relaciones internacionales es el engaño: puede ser la guerra.

Nunca perdió vigencia la fórmula de Clausewitz: «Almas humanitarias podrán concebir fácilmente que exista una inutilización, un desarme artístico del adversario sin causarle demasiadas heridas, y que tal sea la verdadera tendencia del arte de la guerra. Por muy bello que esto nos parezca, nos vemos obligados, sin embargo, a destruir tal error, pues en asuntos tan peligrosos como lo es la guerra, los errores que se dejan subsistir por benignidad son, precisamente los más perjudiciales».

¡Qué gran error el nuestro cometido en el vulnerable Sur de España, de Europa, por equívocas y erróneas negociaciones!

No nos engañemos. Claro que entre estos personajes deslustrados (desilustrados) que nos gobiernan, que nada saben ni aprenden, todo lo que digamos es predicar en el desierto.

Dice Clausewitz, previene contra el «álgebra de la acción»: «Se piensa que ya, ahora, entre los Gobiernos no serían necesarias las fuerzas físicas, sino solo sus relaciones, un acto racional, la guerra de los civilizados». ¡Idiotas! (digo yo), avisa Clausewitz y los Gobiernos sensatos alertan sus fuerzas físicas mientras hacen uso de sus mejores diplomacias. Menos alguno que caerá en la trampa sutilmente tendida en las puertas de casa.

Llevamos años de relaciones con Marruecos. Después de cien años —que ahora se cumplen— de nuestra defensa a ultranza de la soberanía de Marruecos como nación que nos llevó a dejar miles de muertos en los secos campos africano-españoles, lo silenciamos como si hubiésemos cometido un gran acto de ataque a su soberanía, de barbarie. España dejó allí su sangre por Marruecos, por su progreso e independencia.

Nos falló la relación, el álgebra de la diplomacia, la negociación, la amistad, incluso el valor para negociar con energía, fuerza y decisión. Cualquier nación soberana está dispuesta a negociar, a dialogar y a pactar. A vivir el camino del futuro con apoyos mutuos, a ganar confianza, pero jamás dejará de exhibir su fuerza decisoria para defender hasta el último palmo de terreno o interés de cualquier tipo recurriendo a la fuerza física si necesario fuera. No es el caso. Nuestra relación con Marruecos debe ser revisada y entendida por el camino de intereses que son muy comunes. Puente con Europa y de prolongación. Estabilidad.

Hay que ser amigos también en la fortaleza, jamás en la debilidad que esa sí que es cuestión de voluntad más que de armas.

Para evitarlo hay que saber disponer tus piezas en el tablero y hablar de dignidad a la vez que muestras tu valor y decisión.

Nuestras relaciones con Marruecos siempre han estado teñidas de tibieza, de desconfianza y de una pésima comunicación entre diplomacias al más alto nivel, exceptuadas por la reverencial amistad entre sus monarcas que han puesto la cordura.

España debe dar un paso al frente. Acercarse a Marruecos, negociar en los recónditos desiertos de intereses, ser un leal aliado en lo estratégico que conlleva el progreso económico y cultural. También en lo táctico y en los silencios. Hasta en lo militar.

Cualquier otra actitud nos lleva a perder. Siempre y en cualquier escenario.

La guerra es un instrumento político que sucede por el desarme físico y moral en que nos vemos inmersos.

Marruecos no es una amenaza, sino una nación vecina que pide a gritos una necesaria y urgente aproximación. Inteligencia y fiabilidad es necesaria.

Europa y España deben prolongarse en ese eje a través de Marruecos antes que otros se adelanten. España debe dar el paso.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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