29 de julio de 2026

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Discurso del Trono 2026: Mohammed VI redefine las prioridades del Estado marroquí en un escenario internacional marcado por la incertidumbre

BOUBEKRI MOHAMMED YASSER

Cada Discurso del Trono ofrece una radiografía del momento que atraviesa Marruecos. Sin embargo, el pronunciado este año por Su Majestad el Rey Mohammed VI trasciende el tradicional balance político e institucional para convertirse en una declaración de intenciones sobre el rumbo que seguirá el Reino durante los próximos años. En un contexto internacional caracterizado por la ralentización económica, la competencia geopolítica, la reconfiguración de las cadenas de suministro y el auge de nuevas tecnologías, el monarca situó la estabilidad, la soberanía estratégica y la transformación económica como los tres grandes pilares del proyecto nacional.

Lejos de un discurso centrado exclusivamente en los logros alcanzados, el Rey apostó por una visión de largo recorrido. La idea que recorre toda la intervención es que los avances registrados durante las últimas décadas no son el resultado de decisiones aisladas ni de coyunturas favorables, sino la consecuencia de una estrategia de Estado basada en la continuidad, la planificación y la capacidad de anticiparse a los cambios del entorno internacional.

Uno de los mensajes más significativos fue la defensa del modelo institucional marroquí como garantía de estabilidad. Mientras numerosas regiones del mundo afrontan conflictos, polarización política o incertidumbre económica, Mohammed VI reivindicó la fortaleza de las instituciones nacionales como un factor determinante para asegurar el desarrollo. No se trata únicamente de preservar el orden interno, sino de ofrecer un marco de confianza para la inversión, la actividad empresarial y la creación de empleo.

La estabilidad aparece así como un activo estratégico. En la actualidad, pocas variables pesan tanto en las decisiones de los inversores internacionales como la seguridad jurídica, la continuidad institucional y la capacidad de los Estados para gestionar situaciones de crisis. El mensaje del discurso responde precisamente a esa realidad: Marruecos pretende consolidarse como un país capaz de ofrecer certidumbre en un entorno global marcado por la volatilidad.

Esa estabilidad ha permitido impulsar una transformación económica que el propio Rey ilustró con cifras especialmente significativas. El crecimiento cercano al 4,9 % registrado en 2025 y las previsiones para 2026 reflejan una economía que mantiene una evolución positiva pese a las dificultades del contexto internacional. Pero más allá del crecimiento, el dato verdaderamente relevante es el cambio de estructura productiva.

Durante décadas, la economía marroquí estuvo estrechamente vinculada a sectores tradicionales como la agricultura o la explotación de fosfatos. Hoy, el panorama es diferente. La industria del automóvil, la aeronáutica, las energías renovables y las nuevas tecnologías ocupan un lugar central dentro de la estrategia nacional de desarrollo.

El hecho de que Marruecos se haya convertido en el primer exportador de automóviles del continente africano, con una capacidad de producción cercana al millón de vehículos al año, constituye uno de los ejemplos más visibles de esa transformación. A ello se suma el crecimiento del sector aeronáutico y la instalación de nuevas industrias vinculadas a la fabricación de motores y sistemas para la aviación, sectores con un elevado valor añadido y un importante impacto sobre el empleo cualificado.

No menos relevante resulta la apuesta por el hidrógeno verde y la fabricación de baterías eléctricas. El discurso confirma que Marruecos pretende posicionarse dentro de la transición energética mundial, aprovechando sus recursos naturales y su ubicación geográfica para convertirse en un proveedor estratégico de energía limpia y en un actor relevante dentro de las nuevas cadenas industriales vinculadas a la descarbonización de la economía.

Sin embargo, quizá uno de los conceptos más novedosos del discurso sea la ampliación del significado de la soberanía. Tradicionalmente asociada a la defensa del territorio y a la seguridad nacional, la soberanía adquiere ahora una dimensión mucho más amplia. Incluye la capacidad de producir alimentos, garantizar el abastecimiento energético, desarrollar una industria farmacéutica propia, avanzar en la ciberseguridad y fortalecer las capacidades industriales relacionadas con la defensa.

Este planteamiento responde a una tendencia observable en numerosos países desde la pandemia de la COVID-19 y las posteriores crisis internacionales. La interrupción de cadenas logísticas, la dependencia de determinados mercados y la competencia por recursos estratégicos han llevado a muchos Estados a reconsiderar sus políticas industriales. Marruecos parece haber incorporado esa lectura a su estrategia nacional.

Junto al crecimiento económico, Mohammed VI insistió en que el desarrollo solo adquiere sentido cuando repercute directamente en la calidad de vida de la ciudadanía. Por ello, el discurso reafirma el compromiso con la generalización de la protección social, la reducción de las desigualdades territoriales y la continuidad de los programas de desarrollo humano. El mensaje es claro: la competitividad económica debe ir acompañada de cohesión social.

Especial atención merece también el llamamiento realizado al sector financiero. El Rey pidió un mayor compromiso de bancos e instituciones financieras para facilitar el acceso a la financiación de pequeñas y medianas empresas, fomentar la innovación y respaldar los proyectos industriales. La financiación aparece, en este sentido, como una condición imprescindible para consolidar la siguiente fase del desarrollo económico.

En el ámbito internacional, el discurso proyecta la imagen de un Marruecos cada vez más presente en la escena global. La diversificación de alianzas, el fortalecimiento de las relaciones con socios tradicionales y la apertura hacia nuevos mercados forman parte de una estrategia diplomática que busca aumentar el peso político y económico del Reino. La política exterior marroquí continúa apoyándose en una combinación de estabilidad, cooperación económica e iniciativas estratégicas que han reforzado la posición del país en África, Europa y el espacio mediterráneo.

Otro aspecto relevante es la referencia a las próximas elecciones legislativas. El Rey situó este proceso dentro de una lógica de continuidad institucional, subrayando que los grandes proyectos nacionales deben mantenerse al margen de los cambios políticos y seguir desarrollándose sobre la base de una visión estratégica compartida. Con ello, el discurso refuerza la idea de que la transformación del país responde a un proyecto de Estado y no únicamente a la acción de un determinado gobierno.

El reconocimiento expreso a las Fuerzas Armadas Reales, la Gendarmería Real, la Seguridad Nacional, la Administración Territorial, las Fuerzas Auxiliares y la Protección Civil cerró una intervención que también quiso poner en valor el trabajo cotidiano de las instituciones encargadas de preservar la seguridad y la estabilidad del país.

Más allá de los anuncios concretos, el Discurso del Trono de 2026 deja una conclusión evidente: Marruecos aspira a consolidar un modelo de desarrollo basado en la estabilidad institucional, la industrialización, la innovación tecnológica y el fortalecimiento de su autonomía estratégica. En un contexto internacional marcado por la incertidumbre, el Reino busca reforzar su capacidad para responder a los desafíos globales sin renunciar a una visión propia de futuro.

El discurso no representa un punto de llegada, sino la definición de una nueva etapa. Una etapa en la que la competitividad industrial, la soberanía económica, la cohesión social y la proyección internacional aparecen como los ejes sobre los que Marruecos pretende construir su desarrollo durante los próximos años.