11 de septiembre de 2026

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Marruecos planta cara a la instrumentalización política en España: «No seremos moneda electoral ni chivo expiatorio»

BOUBEKRI MOHAMMED YASSER

Marruecos ha decidido responder con firmeza a la creciente instrumentalización de su nombre en el debate político español. En un comunicado difundido por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero, Rabat rechaza que el Reino sea utilizado para alimentar disputas internas, campañas electorales o estrategias destinadas a convertirlo en responsable de problemas cuya explicación debe buscarse dentro de España.

El mensaje no rompe con la voluntad de cooperación entre ambos países. Al contrario, comienza recordando que Marruecos eligió soberanamente construir con España una relación basada en la buena vecindad, el entendimiento político, la asociación económica y la cooperación en materia de seguridad. Una decisión que alcanzó su mayor expresión en la Declaración Conjunta del 7 de abril de 2022, adoptada tras el encuentro entre el rey Mohammed VI y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.

Aquel acuerdo abrió una nueva etapa sustentada en el respeto mutuo, la confianza recíproca, el diálogo permanente y la búsqueda de beneficios compartidos. Gracias a este marco, Rabat y Madrid han conseguido reforzar los asuntos que los unen y abordar sus diferencias mediante el diálogo, evitando políticas de hechos consumados que puedan perjudicar una relación estratégica para ambos lados del Estrecho.

Los resultados de esta cooperación son evidentes. España se ha consolidado como el primer socio comercial de Marruecos, mientras que el Reino es el segundo socio de España fuera de la Unión Europea. A ello se suma una colaboración decisiva en materia de seguridad, lucha contra el terrorismo, desarticulación de redes criminales y control de la inmigración irregular. Una labor en la que, según recuerda la diplomacia marroquí, las fuerzas de seguridad del Reino han asumido importantes costes humanos y materiales.

El comunicado aborda también los graves acontecimientos migratorios registrados en julio. Marruecos reconoce que lo sucedido exige una investigación profunda que permita esclarecer las circunstancias, identificar posibles injerencias, denunciar las manipulaciones y adoptar las medidas necesarias para impedir que vuelva a repetirse.

Sin embargo, Rabat rechaza que se mantenga una acusación permanente contra las autoridades marroquíes cuando, según subraya el Ministerio, ningún dato, hecho o informe ha demostrado su implicación. La posición marroquí plantea, además, varias preguntas que interpelan directamente a las instituciones españolas: por qué no se procede al retorno de los inmigrantes en situación irregular cuando Marruecos ha expresado oficialmente su disposición a readmitirlos, y por qué los menores no acompañados continúan alejados de sus familias pese a que Rabat ha solicitado su regreso.

Estas cuestiones trasladan el centro del debate hacia las responsabilidades existentes dentro de España. Para la diplomacia marroquí, las respuestas no deben buscarse al otro lado de la frontera, sino entre los actores políticos y administrativos españoles encargados de gestionar estas situaciones.

Rabat lamenta especialmente que determinados círculos políticos y mediáticos españoles continúen recurriendo a Marruecos como instrumento de confrontación interna. El comunicado considera preocupante que partidos con una larga experiencia de gobierno hayan acabado participando en una escalada populista en la que los intereses electorales se imponen sobre la sensatez y la defensa de una relación bilateral estable.

La advertencia alcanza también a ciertas iniciativas impulsadas desde ámbitos legislativos y judiciales españoles que, según Marruecos, pueden alimentar el desacuerdo y deteriorar la confianza construida durante los últimos años. Cuando el análisis riguroso es sustituido por acusaciones simplistas, el resultado es una estrategia del miedo que perjudica tanto a Marruecos como a España.

La conclusión del comunicado es inequívoca: Marruecos no acepta convertirse en un recurso electoral ni en el chivo expiatorio de enfrentamientos partidistas españoles. La vecindad entre ambos países es una realidad permanente que ninguna campaña política puede modificar. Corresponde a sus responsables transformar esa proximidad en una oportunidad de cooperación, prosperidad y estabilidad.

La relación entre Marruecos y España es demasiado importante para quedar sometida a cálculos electorales pasajeros. Ambos países comparten intereses económicos, desafíos de seguridad y responsabilidades en el Mediterráneo, África y Europa. Preservar ese capital exige altura de Estado, respeto mutuo y capacidad para afrontar las diferencias sin recurrir a la provocación.

El mensaje de Rabat no cierra las puertas al diálogo. Las mantiene abiertas, pero deja claro que una asociación sólida solo puede construirse entre iguales y sin aceptar acusaciones carentes de pruebas. La alternativa sería convertir una vecindad estratégica en una fuente permanente de desconfianza y tensiones, un escenario que no beneficia a ninguno de los dos países.