Marruecos se resiste a aflojar la mano con España. Da buena cuenta de ello, como contamos en EL ESPAÑOL, la compra millonaria a Turquía de una docena de drones de combate y el emplazamiento de tres de ellos en la base militar de Monte Arruit, en Nador, a apenas 30 kilómetros de Melilla. Un lugar, por cierto, cargado de simbolismo.

Porque Monte Arruit fue el último punto de resistencia de las tropas españolas durante la guerra del Rif, donde se consumó una de las mayores derrotas militares de nuestra historia.


Desde el Ministerio de Defensa envían un mensaje de tranquilidad y aseguran que no hay razones para la “preocupación”. Las autoridades, en parte, están en lo cierto. El nuevo rearme marroquí no supone una amenaza inmediata para la seguridad nacional.

Pero sería de una imprudencia injustificable dar la espalda al peligro potencial que representa para nuestro país.

Más si cabe en un contexto en el que Marruecos intensifica el cerco sobre Ceuta y Melilla y tensa al máximo la cuerda de las relaciones bilaterales, como demuestran sus últimos movimientos políticos, diplomáticos, económicos y militares.

Un historial preocupante
El Gobierno español alega que el rearme marroquí responde, fundamentalmente, a cuestiones internas. En especial, a las tiranteces habituales con Argelia.

Sin embargo, el ambiente que se respira no invita a la tranquilidad. Salta a la vista que, desde la entrada a nuestro país de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, Marruecos no deja pasar la ocasión de elevar la presión sobre España. Una presión que siempre sitúa a Ceuta y Melilla en el centro de la diana.

En el terreno diplomático y político, las coacciones de Mohammed VI empujaron a la Unión Europea a enviar un mensaje contundente, llegando a comprometer los fondos de cooperación que nutren las arcas de la monarquía.

Una monarquía que, en una reacción desproporcionada, retiró de Madrid a su embajadora en España, sin previsión de retorno a corto plazo.

En el económico, a su vez, Marruecos contragolpeó con la exclusión de nuestros puertos de la Operación Paso del Estrecho y sigue alimentando una estrategia de asfixia sobre Ceuta y Melilla a base de cierres fronterizos.

Seguridad nacional
Con estas cartas sobre la mesa, el Gobierno no puede pasar por alto que las inversiones de Marruecos en armamento son cada vez mayores. El país magrebí destina una décima parte de su presupuesto a Defensa, casi diez veces más que España, y aumentó su gasto militar en un 30% durante la pandemia.

Una apuesta que debe leerse en un contexto amplio. Pues, como revelamos en EL ESPAÑOL, el Instituto Español de Estudios Estratégicos, centro de investigación y pensamiento del Ministerio de Defensa, subrayó en su último análisis que Marruecos es una de las principales amenazas externas para la seguridad nacional.

Tras conocer este informe, invitamos al Gobierno a tomar buena nota y a cuidar su relación con un socio clave. Sin ceder, por supuesto, ante las acometidas del rey alauí y respondiendo con la determinación que exija cada momento.

La última compra militar de Marruecos y la decisión de ubicar los drones a las puertas de España nos ratifican en nuestra posición.

Es comprensible que el Ministerio de Defensa exprese que no hay motivos para la preocupación. No sería razonable, en cambio, que se cruzara de brazos. Mientras Mohammed VI ampare el cerco sobre Ceuta y Melilla, España debe mantener la vigilancia y estar preparado ante cualquier contingencia.