Angela Vallejo

Estira el otoño sus brazos de humo.
Pasa el aire
por entre mis manos,
para traerme tu secreto.
Abro y cierro mis dedos
queriendo atraparlo
con mi sonrisa abierta al universo.

De un soplo,
se eleva mi cabello
y vuela como una noche
de amor entre tus brazos.
Hombre venido del sur
insufla la brisa y trae
el sosiego mateado en tu rostro.
No te soy extraña,
perteneces a la misma tribu.
Ahora sé,
era todo hasta llegar a tí.

Llegar a tí como lluvia
a la siembra casi perdida,
Llegando a tus flores solitarias
que nunca se abrieron.
Tengo una promesa guardada
para tu piel de bronce
y un hilo con que bordar
tu nombre en el tapiz del día.

Y a la noche,
a la noche prenderemos
dos luceros lejanos,
como recuerdo imperecedero.
Hombre,
deja en mí
la huella indeleble
de los surcos invisibles de tus dedos.