Remedios Delsángeles Climent ( Mariam) Escritora y poeta.

Crucé el Estrecho una vez más… Ya lo hice con solo nueve años, y tantas veces lo hago otras tantas me llegan aromas que me atrapan, me retrotraen al pasado invitándome a quedarme definitivamente. Aproando el barco hacía el estrecho ya atraen los olores salitrosos del atlántico. Tánger me emocionó, pues pisaba suelo de mi niñez y la tarde-noche me llenaría de felicidad pues el ámbito cultural de Tánger me esperaba como invitada de honor. Mi felicidad no era plena ya que hubiese necesitado ver en las primeras filas de butacas a mi familia, mis hijos. Me habría hecho feliz que disfrutaran conmigo mis logras literarios en la otra orilla. Me gusta compartir.

Llegué de noche a Tetuán. De nuevo los aromas me envolvían, me hacían recordar otro viaje de invierno, cuando la tierra magrebí se inunda de blancos narcisos y violetas azules, que recuerdan el poblado azul de Chef`- Chaouen, cerca de mi segundo destino. Recordé mi niñez entre africanos, cristianos y judíos.

Compartimos un destartalado Grand Taxi azul, descolorido sin embargo resistente al tiempo. Sin taxímetro, ni cinturones obligatorios. Necesariamente, antes de subir al vehículo había que pactar con el conductor el precio del trayecto para no llevarse ninguna sorpresa. Quedamos en 30 dirhams (tres euros), a pagar entre las cinco personas que viajábamos a Tetuán.  Sobre mi regazo un precioso estuche azul aterciopelado con una placa representando La Puerta de Tánger, un reconocimiento que me hizo La Fundación Plumas Marroquis, en un encuentro multicultural celebrado en Le Palais Municipal de la ciudad Tangerina, donde también fui invitada a visitar las Cuevas de Hércules, en Cabo Espartel. Un paseo en coche rodeando uno de los dos Palacios del Rey en Tanja. El Palacio de La Vieille Montagne.  Dentro de la gruta y desde la abertura al mar por la llamada “Puerta de África”, pude observar la hermosura de la unión de dos mares en un abrazo de fraternidad; Mediterráneo y Atlántico… como dos entregadas fusiones de amor eterno.

Todos mis acompañantes eran poetas y escritores… menos el taxista, oh, quien sabe, tal vez también en sus horas de espera, entre servicio y servicio, aparte de fumar o masticar pipas de girasol, escribiera poemas. Yo la única española ya amiga de todos. La Paloma Blanca me abrió sus alas y me sentí entre su pecho abrazada. Atrás quedó Tánger. Aunque regresaría días después para subirme a mi segunda aventura.

En principio no era el plan trazado desde España con mi amiga la poeta hispano- marroquí JulianaValentina Panassa, pero quise desviarme hasta La Paloma Blanca para hacer un par de visitas, conocer La Ruta Cervantina y presentarme a la nueva directora del Instituto Cervantes, donde efectivamente seria recibida.

No tenía reserva de hotel, pero no me preocupaba, estaba en buena compañía. Sin embargo, antes de llegar yo, había llegado el Rey y su séquito. Dicen que cuando Mhammed VI se desplaza de un palacio a otro todo Marruecos se mueve y avenidas y calles se adornan de rojo con miles de banderas del País…yo lo vi.

 Mis acompañantes intentaron alojarme en el Hotel Athenas, el cual ya conocía, de un anterior viaje, su cafetería, su Té y suculenta tarta de nueces o unos cuernos de gacela, deliciosos dulces típicos del país, con sabor azahar.

No había ni una sola habitación libre ya que se alojaba buena parte del sequito real, como pude comprobar mujeres de la limpieza y miembros de seguridad.

Gracias a uno de mis acompañantes, y que el director del hotel era conocido suyo, me dejaron libre una habitación, con la condición de dejarla al día siguiente, después del desayuno. Era una habitación correcta, inmaculada. Me llamó la atención un centro de rosas rojas sobre el tocador. Yo ya llevaba conmigo el que me regalaron al entrar en las dependencias culturales del Ayuntamiento de Tánger. Decidida coloqué junto a ambos mi estucha con la placa y pergamino, credencial de mi participación. Me sentía feliz. Sola pero feliz.

Bajé a desayunar quedando impresionada pues el salón estaba abarrotado de hombres jóvenes, atractivos y musculosos, unos trajeados otros con ropa de deporte, sin duda escoltas del Rey. Sali con mi maleta, encaminándome hacia el hotel Reducto. No tuve más remedio que dejar mis dos centros de flores con los cuales no podía cargar. Quedaría el testimonio fotográfico.

Caminé por la calle 10 de Mayo (comúnmente llamada Avenida) hasta salir a la Plaza Mulay Mehdi (también llamada Plaza Primo, en memoria de Primo de Rivera). Me detuve unos minutos pues sentía curiosidad al ver tantos grupos de “guardaespaldas, seguramente policías o militares de traje y corbata. Pregunté a uno de los grupos, en francés, si aguardaban el paso del Rey. Uno de ellos, muy amable me sonrió intentando darme a   entender que no podía informarme. Yo quería fotografiarlo ya que es costumbre cuando veranea en su palacio de Rincón (El Mdiq) conducir su coche y saludar. Otro escolta se hizo el remolón (viendo que no me iba) y me dijo que estaba previsto que pasara, pero cambiaban la hora a cada momento. Me quedé con las ganas, pero tuve que seguir caminando con la maleta a cuestas. Desde Plaza Primo entré por la Avenida Mohamed V Próximo al Palacio Real y al divisar el edificio del Fenix, justo enfrente, encontré el callejón llamado “Zanqat Zawia” y a unos cuantos metros el Hotel Reducto. No muy lejos y entre todas las banderas del País, la bandera Española ondeando en la azotea del Instituto Cervantes; de las primeras construcciones en la zona del Ensanche Español.

El Riad Reducto también estaba a tope por el mismo motivo. Con un ballet de jovencitas, entraditas en carne, largas melenas, preciosas todas, que pasaron ante mi para subir a sus habitaciones, no sabiendo a ciencia cierta si es que se retiraban de una larga noche o llegaban. Me dieron que pensar pues las acompañaba una mujer con autoridad y un par de custodios.

Me dijo el joven recepcionista, el cual ya conocía de otro viaje, que no había ni una sola habitación libre, al tiempo que señalaba el desfile de jóvenes. Por un momento me encontré pérdida, pues no quería alojarme en casa de nadie por compromiso. Apareció Rhut, la propietaria y al reconocerme nos dimos un abrazo poniéndola al corriente. Le preguntó al recepcionista si la suite estaba comprometida para el día siguiente y al no estarlo me dijo que ya tenía habitación.

__ Pr favor Ruth, la suite no! Aún tengo que viajar al interior, a Mehchra Bel Ksiri, para reencontrarme con una compañera y participar de otro acto cultural, regresar a Tánger y luego a la Península …y ando escasa de dirhams.

__ No te preocupes estás invitada!, una escritora paisana en marruecos que ha salido en prensa y televisión … la suite esta pagada!… ´ahlaan bik. Me daba la bienvenida en darija.

Cuando vi aquella enorme cama, que parecía una plaza de toros, la bañera que parecía una piscina… una vez mas me sentí invitada de honor. Los dátiles y leche fermentada no faltaron a la bienvenida.

Tenia dos opciones ya que mis amigos tenían ocupaciones en sus respectivos trabajos; quedarme en el hotel, recrearme repasando mi próximo evento tomando un Té en el agradable patio interior, relajándome con el sonido del agua deslizándose por los conductos que rodeaba el jardín o… aventurarme y salir. Decidí salir. Me avisaron que el móvil no lo llevara en la mano, tan a la vista. Para mis adentros me dije que ¿cómo iba a hacer fotos y videos de todo a mi paso si lo guardaba en el bolso? Soy muy confiada.

Caminé por las callejuelas de siempre y Sali a la plaza, frente a Palacio, me acerqué a concretar cita al Instituto Cervantes y retomé lo andado deteniéndome en el Hotel Blanco Riad, muy cerca del Reducto para comprar unas babuchas en su boutique de souvenirs y saludar a la dueña, española también, la cual conocí unos años antes. Me encaminé de nuevo por la callejuela para salir a la Plaza, sin saber a ciencia cierta si visitar de nuevo el Museo Arqueológico, allí mismo, o ir preguntando hasta encontrar el Mella (antiguo barrio judío).

Decidí gravar un video conforme caminaba y, en mi fijación me equivoqué de callejuela. En principio ni me di cuenta gravando como iba… un joven se cruzó conmigo acercándose demasiado al tiempo que me increpaba en una melopea inentendible para mí. Debí comprender que me avisaba del error que estaba cometiendo. Ya era demasiado tarde. Ese pasadizo llevaba directamente a puertas laterales de Palacio. Cargaban una furgoneta con panes. Unos pasos adelante y en otra cargaban carne. Seguí, tenía que salir a alguna parte. Al ver que mas y mas se me cerraba el paso de la callejuela retrocedí, tropezándome de nuevo con el joven que me señalaba el móvil. De pronto siete u ocho “ cachas”, con gafas a pesar de ser un callejón sombrío me hicieron el alto. Solté una retahíla de … soy española, estoy en el Hotel Reducto, voy a visitar el zoco, bla bla bla. Recapacité y dije: Je parle français!, y bueno, me señalaron un pequeño almacén, de puerta abierta, donde tuve que entrar y sacar mi documentación. Ellos me dijeron que les tenía que entregar mi móvil para borrar los videos que estaba haciendo desde que salí del hotel. Yo que solo estaba haciendo fotos! Les expliqué en mi fluido francés todo lo que líneas arriba ya he narrado, añadiendo que en España somos de puertas abiertas y no vamos chequeando a la gente. Pero que tontería mas grande la mía pues era evidente que el Palacio se hallaba perimetrado y yo me metí por la callejuela equivocada.

Me di cuenta que un hombre, con rasgos magrebís y vestido informalmente que parecía merodear delante del Cervantes, andaba cerca de mí. Me adentré por unas callejuelas que entendí se trataba del antiguo barrio judío. Me llegaban olores de cuero y tinte y seguí adelante. El hombre me seguía. Hasta entonces ni los escoltas me habían intimidado pero llegada a este punto y viendo que la callejuela era ruinosa y con puertas destartaladas pensé: Este me da un empujón y veremos que pasa. Él pareció darse cuenta y en perfecto español me abordó para tranquilizarme. Me estaba protegiendo de tres jovenzuelos que  desde la Plaza me iban siguiendo, con fijación en mi móvil. Al igual que a los policías le solte otra retahíla de explicaciones para que supiera que tenía amigos marroquís, profesores de la Universidad que me recogerían al salir de clase y tal y tal. Me dijo que tranquila que él iría delante de mi si quería visitar algo y hablaría con mis amistades y entendería. Así que me vi ante un cementerio que recuerdo se encontraba justo detrás de Palacio. O sea que entre callejuelas y demás sospechas di un montón de vueltas buscando el Mella.

Nos encontramos con mi amigo el profesor que me recogía para almorzar en su casa con su familia, su esposa había preparado Pastella, mi comida marroquí preferida y sus hijas el delicioso postre Briouats; delicias de almendras, miel y agua de azahar.

Resultó que el “maromo” era policía camuflado, vigilando que los turistas de los hoteles cercanos no tuvieran problemas. Quise darle diez dirhams, en agradecimiento e insistí ante su negativa, aludiendo que en unos días comenzaba el Ramadán y comprara unos dulces para la familia.

Al día siguiente regreso en taxi Mercedes 240 azul a Tánger donde subí a un tren con destino Mehchra Bel Ksiri donde me esperaba la Poeta Juliana Valentina Panassa, su pueblo de origen (aunque vive en España) y donde fuí durante una semana huésped de sus padres, hermano y hermanas. Allí teníamos también un acto cultural en la Casa de Cultura y visita al Ayuntamiento. Aprendí de Amina, su madre a hacer las típicas tortitas Msemen y preparar Tajin. Fui con ella al mercado del jueves, víspera de día sagrado en el Islam, y ese viernes me vestí rigurosamente como una musulmana y acudimos juntas a la Mezquita Limón, del barrio del mismo nombre.

Hice la Chahada con las mujeres, que lloraron conmigo. Al regreso se había corrido la voz y a nuestro paso, hombres, mujeres y niños salían a la calle y se acercaban ofreciéndome dátiles y leche. Inevitablemente recordé una Sura del Corán donde dice que el Profeta Mohammed (Sallallahu ´alayhi Wa Salam) fue recibido en Medina. En realidad fue la hospitalidad de los vecinos al haberme convertido, con mi asistencia a la Mezquita en una hermana más,

Los paseos por la ladera del río Sebou y un extenso bosque de Eucaliptos que plantaron los franceses cuando construyeron el ferrocarril, en época de protectorado me fascinaron. Una ciudad diferente a Tetuán, que también me enamoró pues me recuerdó a Arzew, la última ciudad Argelia donde viví y fui al Instituto. Belk Siri tiene río y mi recordado Arzew mar. Nunca me siento extraña en el norte de África. Volveré INCHA  ALLA.