José Carlos Díez – 21 de junio de 2021

La curva de infectados en España ha seguido descendiendo y se sitúa por debajo de 100 por cada 100.000 habitantes, que es el límite que exige el Reino Unido para sacarnos de zona de riesgo y permitir que sus turistas vengan a España sin necesidad de pasar cuarentena al volver a su país. Esta semana el Gobierno británico debería ponernos de nuevo el semáforo en verde y eso sería clave para reactivar el turismo internacional este verano. El sector turístico ya se ha activado en junio esperando el rebote con apertura de hoteles y es la principal causa que explica que junio vaya a ser un gran mes de creación de empleo y reducción de ERTES. Como es habitual cuando hay buenas noticias el ministro Escrivá publicó un informe de evolución de empleo con datos sólo de la primera quincena de junio, algo inédito en la historia de la democracia. El ministro adelantó que en junio se crearán unos 190.000 empleos, eliminando el efecto estacional, el mejor dato desde el pasado mes de agosto de 2020. Desde febrero que finalizó la tercera ola del Covid se han creado 750.000 nuevos empleos y han salido del Erte 510.000 trabajadores

En el gráfico anterior en la línea roja se observa que tras el frenazo del pasado otoño, la recuperación del empleo ha sido muy intensa desde febrero. Al final ni V, ni L, ni U, ni lámpara de Aladino, la recuperación ha sido como el rayo de Harry Potter. La crisis ha sido muy intensa pero la recuperación ha sido mucho más rápida que la de 2008. Aún falta por absorber muchos trabajadores en Ertes y recapitalizar muchas empresas, muchas de las cuales acabarán en concurso de acreedores y reestructuración de deudas. Por lo tanto, la crisis aún no ha finalizado pero, como anticipé, la vacuna sería la mejor política económica para la recuperación del PIB y el empleo. Cuando recuperemos todo el nivel de empleo volveremos a los mismos problemas anteriores a los de la pandemia: elevada tasa de paro, elevada temporalidad en el empleo y precariedad. El debate sobre subir el salario mínimo vuelve con fuerza con el Gobierno dividido. La ministra de empleo ha contratado a un grupo de expertos que acaban de publicar su informe. En el informe usan las estimaciones del empleo sobre el salario mínimo del banco de España y de la Airef y reconocen que subirlo tiene un impacto negativo sobre la creación de empleo. Por esta razón recomiendan retrasar la subida a 2022 y no entorpecer la recuperación. Lástima que no les hubieran contratado en 2019 antes de subirlo un 22%, seguramente los mismos expertos habrían recomendado una subida gradual del salario mínimo. A continuación, se observa un gráfico de este informe. Según el modelo básico de la teoría económica, los salarios deberían tener una elevada correlación con la productividad. Como se observa en el gráfico no ha sido el caso del salario mínimo que llevaba estancado décadas. Por esa razón yo apoyé la subida del salario mínimo de 2017 del 8% y apoyaba continuar subiéndolo gradualmente. Pero la subida del 22% fue excesiva y tuvo efectos muy intensos sobre el empleo como estimó no sólo el Banco de España, sino también la Comisión Europea. El objetivo del 60% del salario medio es político y no tiene fundamentos económicos y España está sólo al 6% de alcanzar ese objetivo.

No obstante, el gráfico anterior no es muy afortunado. El salario mínimo sólo afecta al 10% de los trabajadores y los autores usan la productividad media de los 20 millones de trabajadores. Si tu comes un pollo y yo no como pollo, lamedia dice que yo he comido medio pollo pero seguramente me estarán sonando las tripas de hambre. Habría que usar la productividad media de los trabajadores afectados. Pero tampoco sería correcto ya que lo que queremos medir es el impacto marginal de un incremento del salario. Deberíamos usar la productividad marginal actual como recomienda el modelo teórico que enseñamos en las facultades. Como reconocen los autores no hay datos disponibles para estos cálculos tan sofisticados y aún teniéndolos la complejidad técnica de la medición debería hacernos prudentes. Yo soy profesor de macro internacional y los salarios determinan la competitividad de una economía. Por eso siempre es recomendable hacer un análisis comparado. Lamentablemente, en España siempre nos comparamos con nuestros socios europeos que son el área del mundo que menos crece. España necesita crecer más que sus socios para reducir la tasa de paro, especialmente juvenil que es la mayor del mundo y los que más se ven afectados por el salario mínimo. La subida planteada es del 2% anual y el impacto sobre el empleo será mucho menor que la de 2019, pero esos jóvenes que no encuentren empleo cobrarán cero euros y seguirán viviendo de sus padres para no estar en pobreza extrema. El Gobierno se ha fijado como objetivo además de reducir la desigualdad, frenar la despoblación. Portugal tiene el salario mínimo a 775 euros, casi un 30% inferior a España y hace frontera con siete provincias españolas -que no es casualidad- son las que más sufren la despoblación y tienen los salarios más bajos de España. En muchas de esas provincias el nuevo salario mínimo es superior en muchos sectores al salario medio antes de la subida. Otras provincias industriales están también despoblándose a gran ritmo y la industria se está deslocalizando a la de Europa del este. La República Checa ya ha superado a España en renta por habitante y Eslovenia, Lituania y Estonia nos han alcanzado. Su salario mínimo, salvo Eslovenia que es similar al nuestro, en el resto está próximo a 600 euros mensuales. Si España tuviese una baja tasa de paro se podría permitir prescindir de esos empleos y centrarse en salarios más altos. Pero no es el caso. Provincias como Madrid o Barcelona -con el coste de la vivienda mucho más elevado- necesitan salarios más altos. Pero la subida del salario mínimo intensificará la despoblación. El principal problema de esas zonas es encontrar proyectos de inversión que garanticen una rentabilidad mínima del capital y la subida del salario reduce la rentabilidad del capital, según el modelo básico que enseñamos los economistas en las facultades

El mismo dilema se produce con la transición ecológica. En el gráfico anterior se observa el crecimiento de la renta por habitante de Suecia en la línea azul y en la línea roja y verde su consumo y producción de CO2. Suecia ha conseguido descarbonizar su economía aumentando la renta por habitante. ¿Cómo lo ha conseguido? Aumentando la productividad. Cuando comparas el parque empresarial con el español destaca el menor tamaño de nuestras empresas. Y en esas empresas pequeñas está el problema de baja productividad y de precariedad salarial. Esas empresas pequeñas son las más afectadas por la pandemia y por eso es necesario darles tiempo para recomponer sus ventas, su liquidez y sus recursos propios para reactivar cuanto antes un ciclo de inversión y creación de empleo. La semana pasada en la cátedra Orfin de Alcalá publicamos un nuevo informe sobre el Capital Riesgo y su papel en la recuperación. La inversión en capital riesgo en España sobre PIB está en el promedio europeo pero lejos de las principales economías y sobre todo de EEUU. El 75% de la inversión se concentra en start up y un 90% de ellas muere antes de tres años, por lo tanto su impacto sobre el empleo y la productividad es mínimo. El Gobierno, con buen criterio, ha anunciado un cambio de estrategia para potenciar las scale up o empresas con alto potencial de crecimiento. Empresas que ya tienen un empresario que sabe vender, crear empleo, pagar salarios y dar beneficios y que quieren crecer, especialmente fuera de España. Si esas empresas reciben capital y tienen éxito, reducirán la tasa de paro, la escasez de trabajadores aumentará los salarios y las empresas podrán pagar salarios mínimos más altos, incluso las pequeñas empresas y autónomos. Eso es lo que han hecho en Suecia. Sigamos su camino