Javier Marín

El 1 de octubre de 2017 el proceso independentista en Catalunya tocó techo. Forzaron la cuerda y se rompió. El 8 de octubre de 2017 pasará a los anales de la Historia de España como el día que la Catalunya constitucional se levantó y dijo ¡¡BASTA¡¡ al Govern y a sus Moises/es, que desde 2012 a 2017 habían engañado a parte de lo que ellos denominaban “un sol poble. Una sola llengua. Un sol país”. Queriéndoles llevar a una falsa por inexistente “Tierra prometida” “La nueva Dinamarca del Mediterraneo”. 

El 27 de octubre de 2017, con la unidad de acción política de los parlamentarios constitucionalistas, la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española paró definitivamente los pies a los mercaderes de ilusiones y a los trileros de feria. 

Los responsables del engaño piramidal masivo, fueron puestos a disposición judicial, y sus tribunales dictaron sentencia firme por sedición; prevaricación y malversación de caudales públicos, entre otros muchos delitos. 

A fecha de hoy, el mayor responsable del acto sedicioso, sigue fugado de la Justicia, aunque a nadie le cabe duda de que acabará pagando por sus delitos. 

La maquinaria del Estado Español, que mal y tarde reaccionó, (tan sólo 3 meses de aplicación del 155, demostraron ser una solemne idiotez que sólo sirvió para que revalidaran sus resultados), se puso en marcha y acabó demostrando que los ciudadanos españoles tenemos la fortuna de pertenecer a un Estado Social y Democrático de Derecho. 

La nueva situación política en Catalunya y en España exige una nueva izquierda (catalunyapress.es)