Fuente: El Economista

La brecha con Marruecos permanece aún abierta

Casi seis meses después de sacrificar a la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya, para suturar la herida abierta por el “gesto humanitario” de permitir la entrada del líder del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, por “motivos médicos”, las tensiones con Marruecos no remiten. Y no será por no haberlo intentado. De hecho, en estos meses al frente de Exteriores, José Manuel Albares ha hecho todo lo posible por desandar el camino de su predecesora, pero se comenta que en Rabat no se dejan seducir. Las victoria diplomáticas obtenidas en Estados Unidos sobre la cuestión del Sahara Occidental han reforzado aún más su posición de poder sobre España y la UE, lo que puede tener consecuencias negativas para nuestro país. En concreto, en Moncloa no descartan que nos tomemos las uvas con una nueva avalancha migratoria en Ceuta, lo que supondría un mensaje claro y contundente de Rabat al Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Redondo suma y sigue con sus ‘numeritos’

Vale que a los números se les puede hacer decir cualquier cosa, pero Iván Redondo lleva esta práctica al extremo, pronosticando incluso que la coalición liderada por Yolanda Díaz se anotará 78 escaños, sobre los 67 del PSOE, en unas hipotéticas elecciones generales. Poco importa que dicha coalición no tenga ni nombre o que la última vez que se puso a prueba el tirón electoral de Díaz, en las autonómicas gallegas,. Los resultados fueran para olvidar, la bola mágica de Redondo hace ruido al rodar y a Moncloa estos ejercicios de política-ficción empiezan a molestarle. Y no tanto por la especulación en sí, sino porque consideran que su más que obvio regusto a rabieta deja mal a la persona que confió en Redondo para darle el puesto de mayor confianza en su gabinete. Por no mencionar las risas que las propia Díaz y los suyos se echan a costa del “nuevo aspirante a Tezanos” que les ha salido.

La causa contra el Rey Juan Carlos “se desinfla”

La Fiscalía de Suiza cerró sus investigaciones por presunta corrupción sobre los 65 millones que el Rey Juan Carlos I recibió de Arabia Saudí. Tras tres años, no hay prueba alguna de un posible origen ilícito del dinero entregado a una fundación por parte de Riad, y la clausura del proceso está más que justificada. El desenlace de los acontecimientos hace que en círculos empresariales se comente que las estrategias usadas por partidos como Podemos para atacar a la Monarquía, basadas en estas investigaciones, “ya están del todo desinfladas”.