Hablaba sola,
volviendo a rondar las aceras estrechas
y a mirar los nublados
que cuelgan allá,
mas arriba de las tejas,
como cuando no existías.

He bajado al barrio
y he pisado la calle.
Inspiro y espiro,
me cruzo con las melodías del tiempo
y esquivo esa sombra
impronunciable.

Ven a colgar mi nombre
en el vértice del tuyo,
que quiero ver desde las alturas
como me pronuncias.
Quisiera atardeceres
que nos miren sin asombro,
la sal que no escueza en la herida
y esos brazos tuyos,
aferrándose al tímido regreso
de mi cintura.
Pasear por la axerquía.

Que la lluvia venga a nuestro
encuentro y se lleve a la gente,
para hacernos dueños
de la calle.
Construyendo recuerdos
que imaginamos hoy.

Yo voy contando los días.
Sí, contando los días
en que tomes mis manos
para darme tu nombre.
Ese nombre tuyo
del que cuelgan otros nombres.