Fuente

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI), la Policía Nacional e incluso la inteligencia militar se han quedado sin acceso a la información sobre yihadismo procedente de Marruecos de forma indefinida. Es el castigo de Rabat por la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de acoger en La Rioja al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, enemigo número uno de Marruecos. La inteligencia española ha tenido que recurrir a Francia para no quedarse a oscuras en el flanco sur, clave para la seguridad nacional. Y lo ha hecho cobrándose viejos favores pendientes con los franceses.

La respuesta marroquí por el caso Ghali no sólo se ha manifestado en los asaltos masivos a la frontera de Ceuta que se registraron hace ahora dos semanas. El pulso de Rabat a Sánchez se ha dejado sentir con fuerza en los despachos de la inteligencia civil y militar de ambos países, que han dejado de colaborar en materia antiterrorista. Y quien tiene en estos momentos todas las papeletas para salir perdiendo en esa batalla es España.

El corte de esta colaboración, que en España se espera que vaya «para largo», no ha pillado por sorpresa a la inteligencia española. De hecho, es una represalia muy habitual en Rabat contra aquellos países que hacen algún movimiento diplomático contra el asunto del Sáhara Occidental. Marruecos considera cualquier intromisión en este sentido como poco menos que un casus belli. 

Sin embargo, el apagón informativo de Marruecos no supone que España se haya quedado completamente a oscuras. Como explican fuentes de la inteligencia española, el CNI se ha visto obligado a recurrir a Francia para mantener abierto el canal de información yihadista procedente de los servicios secretos marroquíes.

Un favor de Francia

La inteligencia francesa, como admiten estas fuentes, se ha comprometido a facilitar toda la información clave en materia antiterrorista que provenga de Marruecos mientras se alargue el veto. Lo mismo que hizo España con Francia en 2014, cuando París sufrió en sus propias carnes la venganza marroquí por lo que Rabat consideró un desaire.

Aquel año, los espías marroquíes cortaron toda colaboración con Francia después de que Abdelatif Hamouchi, jefe de la Dirección de Vigilancia del Territorio (DGST) de Mohamed VI, tuviese un encontronazo con la policía gala. Durante un viaje a París, la justifica francesa reclamó a Hamouchi por unas denuncias presentadas por presuntos delitos de torturas y persecuciones.

Hamouchi consiguió salir del país sin atender a este requerimiento. La represalia marroquí llegó en forma de un año de castigo sin colaboración antiterrorista, un vacío que tuvo que cubrir el propio CNI con la información que entonces sí recibía desde Rabat y que rebotaban a París disimuladamente. Cabe recordar que en 2015 Francia sufrió varios de los atentados más graves en suelo europeo de la última década, como el asalto al semanario Charlie Hebdo o el ataque a la sala Bataclán.

Ahora, explican a OKDIARIO fuentes de la inteligencia española, el CNI se ha visto obligado a quemar esa carta y pedir a los franceses que devuelvan el favor.

Fin de la colaboración

Marruecos ha cerrado por completo el grifo de las investigaciones sobre yihadismo en un momento clave, con España en nivel 4 de alerta antiterrorista. Desde principios del pasado mes de mayo, coincidiendo con las primeras noticias de la estancia de Ghali en La Rioja, el flujo de información procedente de Marruecos comenzó a decrecer. En la segunda quincena del mes, explican fuentes de la seguridad del Estado, quedó absolutamente paralizado. Coincidió en el tiempo con el asalto masivo a la frontera de Ceuta y la entrada miles de personas de forma ilegal en España.

La postura de Marruecos ha supuesto que España se ha quedado sin datos clave para la seguridad antiterrorista obtenidos por los agentes de campo de la Dirección de Vigilancia del Territorio (DGST), el servicio de inteligencia interior de Marruecos, y por la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), los espías que operan en el exterior del territorio marroquí. Información sobre movimientos de personas fichadas por radicalización y que, en un momento dado, pueden preparar algún tipo de acción contra España o simplemente intentar entrar en el país con fines desconocidos. Datos que, en el pasado, han evitado multitud de ataques terroristas contra España.