Juventud, futuro y oportunidades entre Girona y Tetuán
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BOUBEKRI MOHAMMED YASSER
Cada año, decenas de adolescentes en Tetuán abandonan el sistema educativo antes de completar la enseñanza obligatoria. La falta de oportunidades, la presión económica familiar y las desigualdades de género empujan a muchos jóvenes hacia el desempleo o les llevan a contemplar la migración irregular como única salida.
Frente a esta realidad, la Asociación ECCIT impulsa el proyecto “Acompañamiento, orientación e inserción laboral de adolescentes y jóvenes del Centro de Segunda Oportunidad – Nova Generació (Ibn Khaldoun)”, una iniciativa que restituye el derecho a la educación y abre vías reales hacia la inserción laboral. El programa cuenta con la financiación del Ayuntamiento de Girona y la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo.
Desarrollado a lo largo de 2025, el proyecto ha atendido a 124 jóvenes de entre 15 y 21 años, de los cuales un 25 % han sido chicas. Aunque la participación femenina quedó por debajo del 50 % previsto inicialmente, la experiencia ha permitido identificar con mayor claridad las barreras socioculturales que dificultan el acceso de las jóvenes a la formación técnica y profesional.
La intervención se ha articulado en cuatro ejes principales: refuerzo educativo para facilitar el retorno al sistema formal; formación profesional homologada, con talleres de vigilancia digital, programación y robótica; apoyo psicosocial y mediación familiar, claves para garantizar la continuidad; y orientación e inserción laboral, conectando a los participantes con empresas e instituciones públicas.
Los resultados reflejan un alto nivel de finalización de los itinerarios formativos. Una parte significativa del alumnado ha accedido a prácticas profesionales y un porcentaje relevante ha logrado contratos laborales o la reintegración en el sistema educativo.
El proyecto ha contado con la colaboración de la Dirección Provincial de Educación de Tetuán y de la Agencia Nacional de Promoción del Empleo y Competencias, que han validado los itinerarios formativos y facilitado el acceso al mercado laboral. Esta coordinación institucional refuerza la sostenibilidad del modelo y lo alinea con las políticas públicas educativas y de empleo.
La experiencia ha confirmado la existencia de una brecha de género estructural. Muchas jóvenes continúan asumiendo mayores responsabilidades de cuidados y enfrentan estereotipos que limitan su participación en sectores tecnológicos.
No obstante, las participantes han mostrado avances significativos en autoestima, liderazgo e implicación en espacios de decisión. El proyecto ha incorporado talleres de igualdad y mediación familiar para promover la corresponsabilidad y reducir obstáculos culturales.
La iniciativa no se limita a Tetuán. En Girona se han desarrollado acciones de sensibilización para reflexionar sobre las causas estructurales de la migración y la desigualdad, mediante la publicación de artículos, talleres y actividades comunitarias.
Comprender las raíces sociales y económicas de la migración permite ir más allá de los titulares y apostar por soluciones que garanticen derechos y oportunidades en los lugares de origen.
Invertir en educación, orientación y apoyo emocional es invertir en cohesión social. Cuando un joven retoma sus estudios o accede a un empleo digno, disminuye el riesgo de exclusión, se fortalece la comunidad y se reducen las presiones hacia la migración irregular.
Desde un enfoque de derechos humanos, el proyecto parte de una premisa clara: la educación, el trabajo digno y el desarrollo personal no son privilegios, sino derechos fundamentales reconocidos internacionalmente. Cuando un adolescente abandona la escuela por causas estructurales —pobreza, desigualdad de género o falta de oportunidades— no se trata de un fracaso individual, sino de una vulneración de derechos.
La iniciativa sitúa a los jóvenes como titulares de derechos, a las instituciones públicas como titulares de obligaciones y a las entidades sociales como actores responsables en su garantía. No solo ofrece herramientas formativas, sino que contribuye a restituir derechos, reforzar la dignidad y ampliar capacidades para que cada joven pueda construir su proyecto de vida en libertad e igualdad de oportunidades.
Girona y Tetuán comparten un vínculo que recuerda que las desigualdades globales requieren respuestas compartidas. Apoyar iniciativas como esta es apostar por un futuro en el que ningún joven quede atrás.