Pocas veces toparemos con una trayectoria literaria tan singular y productiva, como la de éste abanderado de la picaresca árabe y escritor del Tánger recóndito Mohamed Choukri, que nos abandonó en 2003. Vaya en su memoria este repaso a su obra literaria.

Su fallecimiento constituye la pérdida de un brillante símbolo de la cultura tangerina, prueba de ello el siguiente comentario del columnista de la Opinión de Granada José Luis Serrano:” Con Choukri, este otoño, Tánger se ha vuelto a morir.”

La primera  vez que conocí a Choukri, fue en la década de los setenta, cuando ejercía de bibliotecario en el instituto de secundaria “IBN BATOUTA” de Tánger y nos aconsejaba la lectura de los clásicos cuando íbamos a prestar los libros, pero  fue en París  en mi época de estudiante de urbanismo, y en los años ochenta donde nos hicimos grandes amigos, con ocasión de su memorable paso por el mítico programa literario de la televisión francesa “Apostrophes” dedicado a los libros y dirigido entonces por el periodista cultural Bernard Pívot, y a raíz de la traducción al francés por Tahar Benjelloun de su historia novelada el Pan desnudo.

Dicha obra autobiográfica Al-jubz al-hafi, editada en árabe por el propio autor, no aparecería en francés hasta 1982. Primero se había publicado en inglés por el que fue su descubridor, el conocido escritor americano y miembro de la Beat Generation: Paul Bowles con el título For Bread Alone en 1973. La versión española se editó en el mismo año que la francesa, y fue prologada por nuestro amigo común Juan Goytisolo.

A los principios de los años noventa tuve la gran satisfacción de traducir al castellano un capítulo del segundo tomo de su obra tiempo de errores, y acompañarlo en sus conferencias impartidas en GranadaMotrily Almería, tanto como ponente o declamador de su prosa. También colaboré con Choukri en las revisiones y pruebas de sus textos.

Mohamed Choukri, rifeño de nacimiento y tangerino por residencia, fue considerado como uno de los sólidos valores de la narrativa árabe como lo demuestra su extensa y prolífica producción literaria que tuvo sus comienzos a mediados de los años sesenta:  Abarca tanto novelas , como relatos breves y teatro, publicó diversos ensayos en revistas árabes de crítica literaria ,así como traducciones al árabe de poetas españoles, tales como los hermanos Machado, Miguel Hernández , Federico García Lorca , etc. También escribió acerca de sus vivencias con “los malditos”: Jean Genet y Tennessee Williams.

Aunque su obra más célebre y traducida a más de cuarenta idiomas fue al-jubz al hafi (el pan a secas en vez de pan desnudo), fue rechazada por los editores árabes aduciendo estos la inmoralidad pornográfica que en ella se reflejaba. La publicación de esta obra, supuso una conmoción en el panorama literario árabe, esta autobiografía novelada como le gustaba designarla, es un relato duro, cruel, sin concesiones de la lucha diaria de un niño por sobrevivir en una zona castigada por largos años de sequía y hambruna: el Rif y una ciudad internacional: Tánger donde se codeaban millonarios, aventureros, mafiosos, espías, artistas, bohemios, desalmados y escritores de “la Beat Generation”.

La vida de Choukri está relacionada fundamentalmente con la ciudad de Tánger, aunque no nació en esta ciudad, estuvo predestinado a residir en ella, y ambos se pertenecen. Dicha ciudad aparece por doquier en su obra literaria como un tema recurrente: el “yo” del escritor y el “yo” de la ciudad se funden en uno solo constituyendo lo que se denomina el “yo- ciudad”.

Los temas preferidos del desaparecido escritor fueron los tocantes al mundo marginal, tal y como lo expuso en una rueda de prensa con los medios granadinos en 1997:

“Soy hijo de las barracas y de la podredumbre, pertenezco a una clase sin clase donde en principio escribir me parecía un prestigio social, aunque luego lo vi como un arma. Para mí la escritura es una denuncia, no un esnobismo, escribo sobre los temas de la marginación que imperan en una ciudad como Tánger: robos, prostitución, paro… La desesperación de una juventud diplomada pero que no puede trabajar y está abocada a expatriarse y a morir en el estrecho como espaldas mojadas…la inmigración ha cambiado de cara, se ha convertido en silenciosa y mortífera, si la inmigración fue en el pasado, una prueba iniciática que acrecentaba el humanismo de la persona y le permitía pasar de un estado de indigencia a un estado de enriquecimiento, se ha convertido actualmente en una antecámara de la muerte, real y metafórica, la candidatura a la emigración es una candidatura a la muerte”  

El territorio de Choukri es un mundo de adversidades, presenta quiebras, altibajos, rupturas, crudeza no exenta de ternura, marginación y violencia. Choukri recurría a la transgresión para recuperar la inocencia perdida y a través de la impureza y violencia del texto contaminaba fecundamente la lengua árabe con palabras o kalimat en tarifit, en castellano y en árabe dialectal, infringiendo las leyes sagradas de la gramática. Decía, que las lenguas evolucionaban con el uso que de ellas hacen los hablantes, y no con los academicismos establecidos. En eso tenía un punto común con Gabo García Márquez.

En su obra El pan a secas, nos habla de una desgarradora vivencia personal respecto a su padre, de un mundo familiar hecho de violencia y miseria (malos tratos, hambre, etc.) en el que sobrevivir fue la principal tarea cotidiana:

 “yo le insultaba en mi imaginación. Si no hubiera sido por la imaginación, habría reventado.”

En esta autobiografía, Choukri intenta recuperar y reconstruir el pasado logrando transformar su experiencia vivida mental y oralmente en escritura. Analfabeto hasta la edad de 21 años. Se preocupó de perseguir su memoria en lugar de construir mundos imaginarios, en sus escritos cuenta los hechos que a él le han sucedido en los lugares y ambientes en donde se produjeron, describiendo siempre los acontecimientos diarios, y las situaciones marginales.

Siguiendo a Dris Guzmán“¿Cómo leer sin estremecimiento un libro autobiográfico escrito en el más descarnado a la vez que en el más lírico y efectivo realismo con el que el autor narra sus primeros veinte años, – un joven rifeño sin más fortuna que inteligencia para sobrevivir- transcurridos en el Marruecos Español, la Argelia francesa y el Tánger ciudad internacional, durante los años cuarenta y cincuenta? Para un conocedor elemental de la literatura española de los siglos de oro, la comparación con el arquetipo literario y vital del pícaro constituirá una motivación complementaria a la hora de internarse de la mano del joven Mohamed, haciendo esta vez de guía ocasional para el temeroso y fascinado viajero lector, por los laberintos callejeros de las medinas norteafricanas, y por el cúmulo de aventuras, en pos de ganarse la sola existencia, en que se verá envuelto el protagonista. En su singularidad, este testimonio ciñe lo literario a unos efectos realistas que, para la conciencia creadora de Mohamed choukri-autor, despiertan sus propios recuerdos, en calidad de material fundante de la personalidad, pero también de su posterior transformación en discurso artístico. La memoria es lógicamente el motor que da forma y contenido al relato a lo largo de su desarrollo; y no es una memoria que se limite a informar de lo biográfico, sino que, en el hecho mismo de hacerlo, según observa Juan Goytisolo en el prólogo a esta edición, se implican categorías de una denuncia tanto cultural y moral como lingüística. Denuncia que supone desde esta perspectiva una valoración marginal de la narración si nos atenemos al contexto, asimismo cultural, moral, lingüístico y, en última instancia, ideológico, del que surge: el mundo árabe y en particular el Marruecos colonial hoy ya independizado”. (Véase Dris Guzmán, no problema, no paranoia. Revista puerta oscura).

En su novela Rostros, amores y maldiciones, el autor Choukri se introduce en el interior de la miseria de esas gentes que viven en Tánger. Su prosa desgarrada, aguda, precisa, alcanza sus mejores momentos para relatar el perfil interno y externo de quince personajes que se encuentran y se pierden en la geografía nocturna y áspera de una ciudad de viaje y tránsito refugio de emigrantes, apátridas. Seres en la frontera de la marginalidad deambulan por las páginas de Choukri intentando reconocer un oscuro túnel del sentido de la supervivencia, de la dignidad y paradójicamente del gozo.

Tánger ha sido a veces, como otras pocas en la historia, lo mejor que puede ser una ciudad: escenario para el abrazo de culturas, símbolo de esa cierta nostalgia del futuro que caracteriza algunos momentos luminosos de la historia de los pueblos en los que la vida se vuelve inteligente, en los que la ponderación y la lucidez, y no el miedo, parecen presidir los actos de los hombres. Esa consciencia cosmopolita de Tánger, esa imagen soñada, es seguramente la causa de la fascinación que esta ciudad ejerce sobre quien la visita o quien, sin conocerla, la intuye. Tánger es oriente y también occidente, como todas las ciudades mediterráneas, heredera de numerosas civilizaciones antiguas, se alimenta cada día de los frutos culturales de África, de Europa, de Asia y de América. Una ciudad transitiva abierta a la geografía y a la historia.

Tánger es un buen lugar, privilegiado, una atalaya física, pero también moral para contemplar usos, costumbres e interpretaciones de uno y otro lado del Mediterráneo. Una ciudad transversal, tierra de todos, tierra de nadie que camina entre la tradición y la modernidad, azotada por una globalización desigual.

Fuente Estrecho News