La presencia rusa en el mundo árabe es una realidad geoestratégica desde la época soviética. Ya a finales de la época colonial, países árabes influyentes como Egipto, Siria y Argelia, optaron por estar en la órbita soviética para hacer frente al desafío de la construcción del Estado nación postcolonial. Otros, en cambio, eligieron ubicarse bajo la protección occidental. Los motivos ideológicos estuvieron presentes como cabría esperar, sin embargo, el motivo principal de esta división árabe fue el pragmatismo político de los sistemas autoritarios instalados en estos países tras el fin del colonialismo europeo. Los regímenes de cariz revolucionario, aliados de los rusos, no consiguieron alcanzar los ideales socialistas que promulgaban, sino que más bien se hundieron en conflictos civiles hasta llegar a la categoría de estado fallido como es, por ejemplo, el caso libio; por el contrario, los países pro-occidentales tampoco alcanzaron la modernidad liberal, y en la actualidad siguen siendo sistemas tradicionalistas dominados por oligarquías rentistas, como los países del golfo pérsico y, en menor medida, Jordania y Marruecos. La II Guerra del Golfo (1991) provocó un giro estratégico en la política regional en la zona de habla árabe. Este conflicto permitió la presencia de las tropas estadounidenses en Oriente Medio y ha propiciado una dependencia mayor de Occidente por parte de los países de la zona, más si cabe tras la disolución de la Unión Soviética, el rival ideológico y político de EE. UU.

  • El retorno del imperio ruso en el mundo árabe…

Desde la primera década del actual siglo XXI, Rusia se presentó en el mundo árabe como alternativa a las democracias liberales y a la economía de mercado. La Rusia de Putin era distinta, un sistema autoritario constituido por tres elementos ideológicos: el nacionalismo eslavo, la doctrina ortodoxa cristiana y el patriotismo ruso. Una amalgama de elementos sobre los que sustentar una cultura autocrática apoyada, a su vez, por una red financiera extraoficial dirigida por tecnócratas y cuerpos de seguridad afines a la figura del jefe del Estado. En un régimen con estas características la oligarquía financiera funciona de manera similar a la guardia pretoriana. Una de los objetivos de la nueva era rusa ha consistido en recuperar su espacio vital en los países árabes para reubicarse en el mapa geoestratégico de un mundo globalizado y multilateral.[1] En los países árabes, en general, se estima que el surgimiento de potencias no occidentales podría ser un factor favorable en las relaciones internacionales para poder mantener un cierto equilibrio a nivel mundial.

Históricamente, Rusia ha estado siempre interesada en tener acceso al Mar Negro y al Mediterráneo, por esta misma razón, la caída del régimen del Gaddafi en Libia (2011) fue un duro golpe a los planes estratégicos del nuevo imperio ruso. El apoyo logístico que garantizaba el líder libio a la flota rusa en el Mediterráneo desde el puerto de Bengazi, fue una ventaja estratégica insustituible para Rusia. La ineficacia rusa en proteger a su aliado libio afectó enormemente a su imagen en las esferas internacionales. Quizá por esta razón, la intervención en la guerra de Siria en defensa del régimen de al-Assad fue tan decidida. En todo caso, Rusia ha intensificado su intervención de nuevo en Libia, aprovechando en esta ocasión la guerra civil que asola el país norteafricano (2014-2020), todo ello con el fin de garantizar su presencia en las costas del sur del Mediterráneo.[2]

La política exterior rusa en el mundo árabe se centra en tres aspectos cuyas dimensiones estratégicas son vitales para los intereses rusos: 1) establecer bases militares en las costas mediterráneas, como la base naval de Tartús en Siria, activa desde 1971; 2) disponer de influencia política en la región a través del incremento del negocio armamentístico con los regímenes árabes y, por último; 3) el control del mercado del combustible mundial. Respecto al caso libio, los rusos facilitaron armamento y experiencia militar al general Haftar a cambio de usar los puertos de Tobruk y Derna y proyectar negocios industriales a gran escala con las empresas rusas en el sector del petróleo libio. En este sentido, los milicianos de Wagner, efectivos de la campaña militar rusa promovida en los aledaños del Kremlin, están presentes en el este del país como tropas auxiliares en el bando del general rebelde bajo el pretexto de la lucha antiyihadista. A su vez, Rusia se comunica a menudo con el Gobierno de Trípoli –reconocido internacionalmente– recibiendo a su presidente y estableciendo negocios para la compra de petróleo a través de la energética pública rusa Rosneft (2017). En un país donde se estima que la reserva de gas natural alcanza 1,4 mil millones m³, los rusos están interesados en intervenir decididamente en este campo estratégico, para seguir controlando el mercado energético europeo.[3]

Aparte de Siria, convertida prácticamente en un protectorado ruso tras la guerra civil, Argelia es el aliado árabe más importante de los rusos en la región. El negocio armamentístico es el primer campo de cooperación entre los dos países; no en vano, entre 2006 y 2018, Rusia exportó a Argel material bélico por valor de 13.500 millones de dólares. En los últimos tres años se incluyeron en las negociaciones material de alta tecnología, como los aviones de combate Sukhoi Su 57 de quinta generación. Actualmente, el país norteafricano cubre el 67% de sus necesidades militares a través del mercado ruso.[4] Más aún, en cuanto a la diplomacia económica, Argelia es el viaducto ruso hacia el mercado regional, como demuestra la actividad económica que desarrolla el Consejo de negocios ruso-árabe fundado en 2003 y reactivado desde Argel en 2018.[5]

Como se ha mencionado, el campo energético argelino es el principal objetivo para los rusos: la empresa rusa Lukoil consiguió contratos de inversión en el sector del gas y petróleo argelino en mayo de 2020, además, desde 2016 los rusos se plantean exportar su tecnológica nuclear civil a Argelia. En este sentido, la empresa pública rusa Rosatom pretende construir un centro de energía nuclear en este país entre 2025-2030, un convenio confirmado en el foro internacional de energía nuclear en Sochi (2018).

Aun así, Argelia, el principal aliado de los rusos en el Magreb, no está en pleno acuerdo con diferentes aspectos de la política norteafricana de Rusia. En Libia, los argelinos se oponen a la rebeldía del general Haftar, apoyado militarmente por los rusos, contra el gobierno de Trípoli. En Mali, los argelinos desmintieron las informaciones publicadas en medios franceses de una supuesta financiación argelina de las milicias de Wagner (octubre de 2021), posicionándose de este modo a una cierta distancia respecto a la presencia rusa en este país, por lo menos a nivel mediático.

Según estiman los analistas árabes, Rusia no dispone de suficientes recursos económicos y financieros para transformar los equilibrios de la política regional. La estrategia rusa consiste en utilizar la actividad política en la región en su rivalidad con Occidente, lo que de alguna manera, explicaría la abstención de Argelia en la votación de la ONU respecto la invasión rusa de Ucrania. No obstante, esta neutralidad argelina – hasta el momento – evidencia nítidamente que Rusia no cuenta con relaciones estratégicas permanentes en el Mundo árabe, región que sigue siendo dominada principalmente por la influencia occidental.

  • La guerra cambia el mapa geoestratégico regional…

Ahora bien, al estallar la guerra, tampoco los aliados de Occidente, sobre todo, Arabia Saudí, Egipto y los Emiratos han apoyado firmemente a la alianza occidental. A pesar de condenar a Rusia en la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas (2 de marzo de 2022), los países árabes en la práctica no han tomado ninguna medida contra Rusia, ya sea en el plano económico o el diplomático, incluso se han negado incrementar la producción de combustible para mantener la estabilidad del mercado. Con respecto a este punto, Arabia Saudí ha afirmado respetar los límites de producción establecidos antes de la guerra por la OPEP+ y Argelia ha rechazado activar el gasoducto MEG que exporta gas natural argelino a España a través de Marruecos, el cual fue desactivado por la parte argelina a causa del conflicto del Sahara Occidental.

Según parece, los regímenes árabes no están interesados en que Occidente consiga frenar a Rusia en Ucrania de un modo claro e inapelable. Los analistas árabes estiman que, independientemente de los resultados directos de la guerra, la integración de Rusia en el espacio europeo ha fracasado, este continente vuelve a dividirse, pero en virtud de fronteras distintas a las de la Guerra Fría en el siglo pasado (1945-1991). El nuevo mapa mundial estaría dominado por tres ejes: ruso, chino y occidental, puesto que es pronto para hablar de una alianza Rusia/China. Por lo tanto, estamos ante unas circunstancias propicias para que la región productora de combustible desde Qatar a Argelia, recupere su lugar privilegiado en la agenda internacional.[6]

En este sentido, se presenta Arabia Saudí como único país en el mundo con capacidad de producir petróleo suficiente para mantener la estabilidad del mercado y evitar escaladas incontroladas de precios. Arabia Saudí podría garantizar entre 1,5 y 2 millones de barriles diarios,[7] una cifra importante que podría favorecer a Occidente para independizarse del combustible ruso y así aplicar sanciones más duras capaces de anular el 25% de la economía rusa.[8] Esta circunstancia convierte a Arabia Saudí en posible actor clave en el marco de la guerra económica contra Moscú, pero evidentemente Arabia Saudí no lo va aceptar sin nada a cambio. Sin lugar a dudas, los saudíes están interesados en conseguir un reconocimiento americano de alto nivel respecto a la autoridad del príncipe heredero Muḥammad b. Salmān, pero la administración de Biden sigue ignorándolo,  por su supuesta implicación en el asesinato del periodista saudí Jamal Jashogyi (2018). En esta coyuntura mundial, inevitablemente, emerge nuevamente la pregunta de si sería adecuado respaldar a un autócrata para luchar contra otro.

Finalmente, la guerra en Ucrania tiene consecuencias relevantes en campos estratégicos en el mundo árabe como la energía, la seguridad alimentaria y los pasos marítimos. Esto explica la política de neutralidad llevada a cabo por los países de la región, ya que parece pronto para tomar una decisión definitiva en un conflicto internacional de estas dimensiones, por lo menos hasta que se sepa a cierta ciencia hacia donde van las operaciones militares, sobre todo el desenlace de la batalla en la capital Kiev. Egipto, el país árabe más importante que ha denunciado en la ONU la invasión rusa, en la práctica ha optado por mantener abierto el canal de Suez ante el paso de buques rusos tanto comerciales como militares. La medida pretende evitar un conflicto con Rusia. Por otro lado, las repercusiones de este conflicto bélico no tienen la misma repercusión en los distintos países árabes, por ejemplo, Egipto, Túnez y Líbano se van a ver afectados negativamente con el incremento del precio de los alimentos de manera que puede verse en peligro la paz social; mientras tanto, los países de golfo pérsico e Iraq se beneficiarían de sus altas rentas petrolíferas. Incluso los Emiratos parece prepararse para convertirse en un centro financiero y comercial de los fondos rusos que huyen de otros lugares del Mundo.[9]

La invasión rusa de Ucrania, hasta el momento, no afecta la retirada estratégica de Estados Unidos en Oriente Medio: el abandono de Afganistán, las serias conversaciones para alcanzar un acuerdo nuclear con Irán y la pasividad americana ante los ataques de los hutíes contra Arabia Saudí y los Emiratos, indican que las prioridades geoestratégicas de la agenda exterior norteamericana están en otros lugares del mundo. Aun así, la región sigue siendo un espacio de influencia norteamericana. En este sentido, el intercambio comercial, los sistemas financieros, el negocio armamentístico, etc., son vínculos que unen a los países árabes con Occidente en el marco de una economía mundial globalizada y que a día de hoy son insustituibles. Así pues, las relaciones rusas-árabes son lazos de conveniencia política circunstancial, ya que excepto en Siria, convertida de facto en una colonia ruso-iraní, Rusia no dispone de una relación estratégica seria de cara al futuro en esta región.[10]

Sin embargo, la neutralidad árabe no se debe simplemente a motivos pragmáticos de política exterior, los sistemas autoritarios dominantes en el Mundo Árabe simpatizan con la autocracia rusa. Una opinión compartida, por motivos ideológicos, con una masa social considerable en la región o, simplemente, por un enorme recelo debido al doble rasero occidental en la materia de derechos humamos. La diferencia de trato entre los refugiados procedentes de Oriente Medio (2015) y sus homólogos ucranianos fue el detonante de las críticas antioccidentales que llenaron masivamente las redes sociales en lengua árabe. Una realidad que pone en duda la esencia de los valores que defiende “el mundo libre” en el actual conflicto bélico. No solo los árabes están criticando las políticas de Occidente, el conjunto de países denominados como tercer mundo no confían en que la guerra en Ucrania sea una legítima defensa de la democracia. El filósofo político esloveno Slavoj Žižek, confirma esta circunstancia y considera que la auténtica victoria en este conflicto contra el imperialismo ruso no es solo el resultado de la guerra, sino más importante aún es tener éxito en convencer al resto del mundo, desde América latina hasta el sur asiático pasando por el Mundo Árabe, de que la democracia liberal y los derechos humanos representan una alternativa más humana y civilizada que la autocracia rusa o china. Y la única manera para lograrlo es transformar nuestro mundo en un lugar más justo e igualitario rechazando las posiciones racistas y coloniales del egocentrismo occidental.[11]

[1] Hamoudi, Isameal. “El incremento de la influencia rusa en el Norte de África: los límites del putinimso”. Centro al-Jazeera de Estudios. 21 de febrero de 2022. (informe analítico)

[2] Ibid.

[3] Borshchevskaya, Anna. “El aumento de los intereses rusas en Libia”. El instituto Washington de políticas de Oriente próximo. 24 de enero de 2020.

[4] Hamoudi, Isameal. “El incremento de la influencia rusa en el Norte de África: los límites del putinimso”. Centro al-Jazeera de Estudios. 21 de febrero de 2022. (informe analítico)

[5] https://ar.russarabbc.ru/. Web.

[6] “El fin de la post-Guerra Feria: la aventura rusa en Ucrania modificaría por completo el régimen internacional”. Centro al-Jazeera de Estudios. 28 de febrero de 2022. (informe analítico)

[7] Según fuentes árabes, Arabia Saudí dispone de un plusproducto inmediato de 1,2 millones de barriles y los Emiratos 0,6 millones. El total sería 1,8 millones de barriles lo cual equivale el 2% del consumo internacional del combustible. Attaqa. Net. Web. Especializado en asuntos energéticos.

[8] Rusia importa a los países occidentales no menos de 1000 millones de euros a diario de gas y petróleo, es decir, el 40% de sus ingresos. Véase, la capacidad productiva de la industria del combustible ruso en: attaqa. Net. Ibid.

[9] Macaron, Joe. “Las consecuencias de la invasión rusa de Ucrania en Oriente Medio”. Centro Árabe de Investigaciones y Estudios de Políticas”. 9 de marzo de 2022. p: 4,5.

[10] Ibid. pp.1-3.

[11] Articulo. Web.