Por Mustafa Akalay Nasser, profesor-investigador en la universidad privada de Fez.UPF

Yo fui Ulises en un momento de mi vida

¿He dejado de serlo?

 He recorrido un periplo como el suyo.

 Lo recorro aún.

Mi espacio de aventura es la escritura.

Mis pruebas son de orden intelectual.

 En recuerdo a Mohamed Choukri.

Es fundamental y necesario, que la sociedad española y por añadidura la europea, comprendan que las inmigraciones son algo natural y constante en la historia de las civilizaciones. Según los demógrafos e historiadores de la emigración europea, se estimó que aproximadamente unos cincuenta millones de europeos entre 1850 y 1950 hicieron las américas (véanse la película de Elia Kazan “América, América “). El autor Mohamed Choukri en un texto inédito hasta entonces titulado raíces[1], y que trata sobre la inmigración expuso lo que sigue: “Todavía hoy el mediterráneo es un espacio de exilio, de migración. El hambre no es tan violenta como en el pasado, pero ha dejado paso a sus


[1]Los inmigrantes. Apuntes para la reflexión y el debate. Ponencia defendida por Mustafá Akalay Nasser, en el marco de las jornadas sobre inmigración, ciudadanía y espacio público, celebradas el 6 de marzo 2008 en Granada. Es de suma actualidad esta ponencia 13 años después con la aparición de Vox.

[2]Mohamed Choukri: Raíces in los mediterráneos. Visiones contrastadas. Revista mediterránea del instituto europeo Girona 2003.    

secuelas: el marasmo económico, la elevada tasa de paro, los desastres ecológicos, la guerra étnica, todos los vectores del mismo efecto inhumano y fuente de desestabilización. Estos factores están en el origen del desplazamiento masivo y con frecuencia incontrolado de hombres en una geografía perturbada por la historia antigua y moderna, por las ideologías y los sistemas económicos. Así, se vuelve difícil hablar actualmente del porvenir del mediterráneo sin vernos enfrentados a esta siniestra realidad. El escenario actual es sombrío, casi apocalíptico. Todavía hoy, me veo obligado, moral y humanamente, a denunciar el fenómeno de “las espaldas mojadas” y el fenómeno de “las barcas de la muerte o pateras”. La inmigración ha cambiado de cara: se ha convertido en silenciosa y mortífera. Si la inmigración fue, en el pasado, una prueba iniciática que acrecentaba el humanismo de la persona y le permitía pasar de un estado de indigencia a un estado de enriquecimiento, se ha convertido actualmente en una antecámara de la muerte, real y metafórica. La candidatura de la emigración es una candidatura a la muerte.Expulsado por las carencias y la sequía, arrojado  en brazos de la aventura, el inmigrante no lleva con él más que un rayo de esperanza y un asustado soplo de dignidad.Conozco los asuntos de la vida errante, yo también he sido perseguido por niños y viejos, pero me fue dado aprender la lengua de mis perseguidores.Es verdad que intentaba disimular mi acento para ocultar mi origen indeseable en una sociedad que despreciaba a los rifeños.Pero terminé por triunfar sobre esta lengua estructurada y poderosa , clara y extranjera .La sometí a mi ley. La vencí.” Es esencial que la sociedad en general considere que la inmigración es un proceso traumático en el que el sujeto que emigra, pierde los referentes y se aleja de sus vínculos naturales y familiares y padece lo que se conoce por el síndrome del Inmigrante o síndrome de Ulises[3]-:(Que consiste en el padecimiento del inmigrante cuando sus esperanzas de encontrar trabajo y obtener documentos que le permitan legalizar su situación se esfuman , está


[3]JOSEBA Achotegui, El síndrome de Ulises no es comedia, in El país. Salud, 12 de enero de 2008>

situación se convierte en un estrés crónico , múltiple , muy intenso,  que dan lugar a desajustes psicológicos tales como graves depresiones que pueden conducir al suicidio, conductas agresivas , ansiedad, y desajustes fisiológicos tales como dolores gástricos e intestinales)-;un proceso por el que la persona que abandona su tierra y familia lo hace motivado por la necesidad y la búsqueda de una vida mejor tanto económica como socialmente tal y como lo vivieron muchos españoles cuando emigraron a países de Europa, América y Norte de África, y que aún en su mayoría emigran cuando miles de jornaleros andaluces se desplazan a la vendimia francesa , e incluso para la campaña de la fresa en la provincia de Huelva por citar algunos ejemplos.  La realidad social ofrece a veces paradojas crueles, en su inmensa mayoría los vendimiadores españoles en Francia proceden de las zonas españolas que acogen a mayor número de temporeros del campo:Andalucía ,comunidad de Valencia y Murcia[4].“Las migraciones del nuevo milenio que comienza nos recuerda cada vez más los viejos textos de Homero: “Y Ulises pasábase los días sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumiéndose a fuerza de llanto, suspiros y penas, fijando sus ojos en el mar estéril, llorando incansablemente” (canto v,150), o el pasaje en el que Ulises, para protegerse del perseguidor Polifemo, le dice:” preguntas cíclope cómo me llamo…voy a decírtelo. Mi nombre es Nadie y Nadie me llaman todos” (canto IX,360).Si para sobrevivir se ha de ser nadie, se ha de ser permanentemente invisible, no habrá autoestima, ni identidad, ni integración social, y así tampoco puede haber salud mental.”[5] Como Sócrates según Platón, el inmigrante es un sin lugar(Atopos),desterrado, ni ciudadano ni extranjero, inclasificable, ni verdaderamente del lado de sí mismo, ni totalmente del lado de lo otro, el inmigrado está fuera de si, se ubica en ese lugar bastardo del que habla Platón, es decir, esa frontera del ser y del no ser social; desplazado en el sentido de impertinente e intruso, latoso, suscita cierta desazón  y la dificultad que se experimenta al pensarlo, hasta tal punto que la ciencia encuentra dificultades en pensar la inmigración, y cae siempre sin saberlo tomando los tópicos del discurso oficial que reproduce muchas veces un


[4]J. Pernau Opus mei. Vendimiadores en Francia. El semanal, 2001.pág 58

[5]Ibidem Achotegui.

discurso criminalizador racista y xenófobo.

Generalmente este discurso racista explota la idea de rechazo al extranjero mediante una falsa ecuación que identifica inmigración con desempleo, delincuencia, e inseguridad ciudadana. Doblemente rechazado en su sociedad de origen y en la de acogida, nos obliga a replantear por completo los fundamentos de la ciudadanía y la relación entre el ciudadano y el estado.

 La nación o la nacionalidad. Doblemente ausente del lugar de origen y del lugar de acogida, nos lleva a poner en tela de juicio no solamente las actitudes de rechazo tomando al estado como expresión de la nación. Dicho rechazo pretende fundar la ciudadanía sobre la comunidad de la lengua y cultura basándose sobre la falsa generosidad asimiladora por vía de la educación que tiene el estado al fabricar la nación, y esconder un chauvinismo universal.[6]

El inmigrante en la tierra del exilio no es más que una persona desarraigada, despojada de toda ubicación en el espacio social y sin sitio en los censos de población y en las estadísticas, por ejemplo, en las encuestas de población activa,la inmigración es un asunto de estado o, mejor dicho, un pensamiento de estado. El estado y el inmigrante se fisgan, ya que uno dicta la legalidad   y el otro la sortea. sin embargo, saben mutuamente de su existencia nadie puede explicarse por ejemplo como en Estados Unidos uno de los países con una presión migratoria más fuerte, y con un control social y policial más estrecho, los <<ilegales>> estén omnipresentes en la vida diaria y a la vez vivan en situaciones de invisibilidad. La visibilidad la otorga ahí la posición mítica de la green card (permiso de residencia) y el correspondiente número de la seguridad social.El sociólogo de la inmigración Abdelmalek sayad habla de una cierta <urbanidad> que debe desarrollar el inmigrante: debe de hacer una demostración de capacidad de adecuación y de adaptación, sufrir una transformación interior, adoptar una especie de actitud Zen ante un destino


[6]Prefacio de Pierre Bourdieu a la Obra d’Abdelmalek Sayad: la double absence. Éd. Seuil.1999.

que él no puede controlar. Cuando el inmigrante se visibiliza lo hace de forma política. consigue hacerse visible, en primer lugar, como tejido asociativo capaz de formular reclamaciones al estado y a la sociedad de acogida en la que se inserta. La visibilidad del inmigrante es fundamentalmente política aunque sus problemas se presentan bajo la forma de reivindicaciones sociales o culturales, su fin último es conseguir ser reconocido como parte de la ciudadanía ejerciendo sus derechos colectivos y democráticos…”[7]

Según Carlos Aguilera en su artículo «emigrantes: una deuda que perdura» cita al emigrante Rafael León que, a su vuelta, encontró que España había cambiado. Es una respuesta llena de humildad. Él como muchos otros, a comienzos de los sesenta salió de un país cuyas estructuras le condenaban a la miseria durante generaciones para trabajar en Alemania, encontró trabajo, salarios dignos, derechos…y cuando años después volvió a España, se encontró con un país cambiado. Gracias a él y a tantos otros que al enviar sus remesas de divisas, el fruto de su trabajo y el ahorro con sacrificios[8], España comenzó a salir de su atraso ancestral. El milagro español de los sesenta , del que la propaganda franquista alardeaba, pero fueron exógenos los factores de ese milagro que  se produjo gracias a esa fuente de divisas que son las remesas de marcos y francos enviados desde Alemania y Francia a sus familiares por los inmigrantes  …y hoy España está todavía en inmensa deuda con el inmenso esfuerzo de esa gentes”[9]. Es prioritario que la sociedad de acogida perciba que los inmigrantes son ya una necesidad estructural que genera riqueza económica y cultural, que contribuyen con sus impuestos al estado del bienestar y al desarrollo de sus sociedades de origen gracias a las transferencias de divisas que envían a sus familias para que estas puedan vivir dignamente. La meta es emigrar


[7]Abdelmalek sayad: inmigración y pensamiento de estado in la doble ausencia.  Éd. Seuil.1999.

[8]las remesas de los emigrantes españoles representaron 4170 millones de euros en 2004 datos del banco de España según el economista F.J. Cortés.

[9]Véase vivir en Granada, emigrantes: una deuda que perdura.in Granada Hoy, martes 5-04-2005.   

considerando esto último como un planteamiento o proyecto familiar y que sirve muchas veces como ayuda al desarrollo al país de origen, la inmigración lejos de ser un problema de orden público, es y debe ser una gran fuerza social de progreso y democracia que impulse en la ciudadanía el pluralismo, la interculturalidad, y los valores de tolerancia y solidaridad.

Para que esto suceda, es importante neutralizar y tener en cuenta los prejuicios negativos como aquellos que identifican inmigración con desempleo, con delincuencia, o reduccionismos primarios como los que deducen que de la responsabilidad en el conflicto norte-sur ha de derivarse una política de puertas abiertas. (Esteban Ibarra, inmigración y xenofobia, revista de debate político, temas, junio de 1998 Nº 43, pág25)

La España mestiza y multiétnica es hoy una realidad y desde esa diversidad, la actuación ha de estar marcada por la tolerancia y la convivencia democrática para cerrar definitivamente el paso a “la lepenización”[10] de espíritus y discursos y a las propuestas xenófobas y populistas del partido popular que tienden a satanizar al indefenso inmigrante (un ser sin voz ni derecho al voto) y fomentar el miedo en la sociedad de acogida.


[10]Jean Marie Lepen, político francés de extrema derecha que demoniza al inmigrante.