Fuente: www.abc.es

El Centro para la Memoria Común y el Porvenir pidió a España información sobre el paradero de los 36.000 soldados norteafricanos desaparecidos entre 1936 y 1939, así como indemnizaciones para las familias de las víctimas

Artículo publicado en 2010 en ABC

La lucha por la memoria histórica impulsada por el PSOE, en 2007, tuvo repercusiones en Marruecos un año después. Fue en un acto celebrado en Rabat por el recién constituido Centro para la Memoria Común y el Porvenir, el cual pidió a España, para sorpresa de José Luis Rodríguez Zapatero, no solo información sobre el paradero de los miles de soldados marroquíes desaparecidos durante la Guerra Civil, sino también las indemnizaciones correspondientes para las familias de las víctimas. Esta institución llegó a enviar cartas al presidente del Gobierno español, así como al juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón y a diversas asociaciones de derechos humanos.

A día de hoy, los historiadores estiman entre 60.000 y 100.000 los marroquíes que participaron en la contienda, la gran mayoría, en el bando nacional. El mencionado centro, sin embargo, elevó la cifra a 130.000, de los que 10.000 eran menores, según aseguró su presidente, Abdesslam Boutayeb, a nuestro corresponsal en Marruecos, Luis de Vega: «Se trata de niños de entre 9 y 12 años que participaron en el conflicto por la fuerza. Iban paseando por Melilla o Nador y, de repente, los metían en camiones y les decían: ‘¡A la guerra!’».

Por su parte, el ministro de Exteriores y Cooperación marroquí, Taieb Fassi Fihri, se refirió a esa última cifra de menores, en 2010, como «uno de los episodios más dolorosos». Además cifró en 36.000 los compatriotas desaparecidos durante los tres años del conflicto y en la primera época del franquismo como consecuencia de la represión. La mayoría de estos estaban inscritos en el Tercio de Regulares indígenas, en las ‘mehalas’ jalifianas y en los Tiradores de Ifni, todos ellos destinados a las posiciones más avanzadas del Ejército franquista, para que combatieran en las batallas más sangrientas.

Del Pindoque a Ben Mizzian

Un moro de la 2ª compañía del tabor de Regulares de Melilla – ABC

En ABC hemos contado varias de ellas, como la toma del puente del Pindoque durante la batalla del Jarama en 1937, una acción relegada en los libros de Historia, pero que permitió al Ejército sublevado superar este río y continuar su avance hacia Madrid. Fue protagonizada por los hombres del I Tabor de Tiradores de Ifni, que lograron conquistar a cuchillo uno de los puntos vitales de la defensa republicana. Lo sorprendente, sin embargo, es que fueron enviados a aquella operación suicida en medio de la noche y usando solo armas blancas para no ser descubiertos por el ruido de los disparos.

También rescatamos en este diario la olvidada historia de Ben Mizzian, el único marroquí al que Franco concedió el grado de general, tras liderar a la Compañía de Mogataces de Orán o la Milicia Voluntaria de Ceuta en la toma del Alcázar de Toledo entre julio y septiembre de 1936. «Con el aliento de la venganza de Dios sobre las puntas de sus machetes persiguen, destrozan, matan y avanzan estos soldados, embriagados con la sangre la columna», relataba el jesuita Alberto Risco en su libro ‘La epopeya del Alcázar de Toledo’ (Editorial Española, 1941).

Historiadores de todas las corrientes han defendido, en más de una ocasión, que la participación de la fuerza militar marroquí fue decisiva en la guerra, ya que favoreció que la balanza se inclinara a favor de los franquistas. No fue casual que el mismo Franco se hiciera rodear por una escolta militar de soldados marroquíes en los primeros años de la dictadura, como reconocimiento a su labor y sacrificio. De hecho, la fama alcanzada por de esta Guardia Mora fue muy grande durante la posguerra, en gran parte alimentada por las leyendas alentadas por el nuevo Gobierno.

Columna de marroquíes, en marcha por las carreteras andaluzas, durante la Guerra Civil – ABC

«Desmitificar la historia»

La mítica ferocidad de los marroquíes en la campaña, sin embargo, trajo también consigo el desprecio y temor hacia la imagen del ‘moro’, según destacaba el mencionado Centro para la Memoria Común y el Porvenir, que se proponía como uno de sus principales objetivos limpiar este estereotipo arraigado en el imaginario popular español. El sociólogo Abdelfattah Ezzine, investigador del mismo, declaró a ABC hace una década que el objetivo de la iniciativa no era solo conseguir las indemnizaciones para las víctimas y sus familiares, sino lograr que se «desmitifique la historia de estos militares africanos».

De hecho, las tropas marroquíes fueron reclutadas en lugares donde reinaba la miseria y la ignorancia, ya que al Ejército franquista no le faltaba dinero para atraerlos a su causa. De esta forma pudo contar con un ejército colonial, reclutado bajo el argumento de que aquella era una guerra santa en la que iban a combatir en nombre de un Dios, al que los republicanos querían quemar y eliminar de la faz de la tierra. Las zonas de extracción fueron, mayoritariamente, las montañas del Rif, cuyos supervivientes fueron muy difíciles de mantener después de 1939. Algunos se quedaron en el Ejército Regular español y consiguieron la nacionalidad, estableciendo su residencia en Ceuta y Melilla, y la mayoría volvió a las montañas, sin que su situación de miseria hubiera cambiado.

Tropas africanas en la Guerra Civil – ABC

El Estado español todavía sigue pagando regularmente una pensión a sus viejos soldados marroquíes, aunque esta sea de menos de 300 euros. En 2005, había un total de 4.800 pensionistas entre viudas y titulares, pero solo cobraban aquellos cuyos familiares habían muerto por heridas de guerra, y no los que habían fallecido de muerte natural durante el conflicto o después. A pesar de ello, todavía hoy se pueden leer comentarios como el siguiente, fechado en 2020, en la página web de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH): «Hola, soy del norte de Marruecos. Mi abuelo fue soldado en la Guerra Civil. Murió allí en 1936 y nadie sabe decirme dónde. Mi padre, que tiene ahora 85 años y nunca conoció a su padre, jamás se benefició de ninguna compensación».

En sus cartas a Zapatero y Garzón, los activistas del Centro para la Memoria Común y el Porvenir no especificaban qué pasos legales iban a dar para hacer que sus peticiones fueran atendidas en España. Pese a todo, aseguraban que iban a luchar con todas sus fuerzas para que el capítulo de los desaparecidos marroquíes no se cerrara en falso: «El Gobierno cree que ha llegado el momento de que se haga justicia con estos combatientes y sus beneficiarios, especialmente en lo que respecta a la mejora de sus condiciones materiales», declaró el ministro de Exteriores de Marruecos.

Según una estadística citada en su momento por el historiador Ignacio Alcaraz Canovas en el libro ‘Entre España y Marruecos. Testimonio de una época: 1923-1975’ (1999), se calcula que murieron unos 50.000 marroquíes en la Guerra Civil. «Centenares de huérfanos de guerra poblaban las calles de muchas ciudades del protectorado», añadía.