Por Mustafa Akalay Nasser.Profesor-investigador de La Universidad Privada de Fez.

Dedicado a La familia Peña, Diego Jiménez Armstrong, Yamiyaat Al Hilal, Jacobo Bentata, Ángel Vásquez, Tomás Ramírez Ortiz.

El Gran teatro Cervantes de Tánger, edificio modernista y neoclásico, continúa siendo el gran desconocido de la arquitectura española contemporánea. En ello coincidimos buena parte de los historiadores de la arquitectura, como en la existencia de una densa niebla que oculta a las personas y actividades sociales y culturales que se desarrollaron en este coliseo tangerino, inaugurado con gran pompa en 1913.

En 1911, Esperanza Orellana y su marido, Manuel Peña, decidieron edificar un coliseo moderno y monumental en Tánger: “El mejor que ésta hubiera tenido hasta entonces” según el historiador francés Michaux Bellaire. La envergadura del proyecto hizo que las obras fueran costeadas totalmente por el matrimonio mecenas (medio millón de pesetas), no sin provocar comentarios adversos al proyecto: “Pudo el acaudalado matrimonio construir nuevas casas de seguro rendimiento en el terreno donde habría de alzarse el teatro. No faltó quien tildase el proyecto de extraordinario despilfarro, pero, sin desalentarse por los comentarios y persistieron en su idea y “enterraron” como-les decían-el dinero en la construcción de un teatro, que ni siquiera habría de servir como pretexto para airear vanidosamente sus nombres el de tan señera y españolísima figura de Cervantes.”

El Gran Teatro Cervantes, construcción europea anterior a la primera guerra mundial fue erigido en un terreno extra-muros llamado “La huerta de Frasquito el Sevillano” al sur de la medina y del cementerio de los hebreos y concretamente en la cuesta de la playa, propiedad del tío de Esperanza Orellana, Antonio Núñez Reina. El solar del teatro, de planta rectangular y con algo más de 2260 metros cuadrados, correspondía al almacén de productos ultramarinos de la familia mecenas del proyecto, ubicado en la calle Orellana. Su fachada principal daba a esta última calle en una longitud aproximada de 30 metros y lindaba al fondo con una finca de la rentística, sociedad propietaria del Hotel El Minzah.

“La colocación de la primera piedra se llevó a cabo a principios de abril de 1911 y tardó aproximadamente tres años pues su inauguración tuvo lugar en diciembre de 1913”. Conforme con la información aportada en su día por el profesional polivalente de alta calidad de la época el periodista Sigfredo o el escritor Alberto España en su “incontournable” y emblemático libro: La pequeña historia de Tánger.

OTOÑO EN EL GRAN TEATRO CERVANTES DE TÁNGER 2002-2003. Autora Consuelo Hernadez.

“La construcción del Cervantes se inspiró en los más bellos teatros de la Europa del siglo XIX. Fue hecho con los mejores y más nobles materiales, combina los diversos modos de la artesana menestralía: de ello dan fe también sus cancelas y enrejados del patio de entrada en hierro forjado, el escenario, la claraboya, los palcos, el patio de butacas con sus pilares de mármol rojo. Otra particularidad de la construcción del patio de butacas consiste en que, volcando los asientos hacia adelante, éstos se escamotean en un hueco del suelo, que se abría mientras que los respaldos servían –al taparlos- para completar una enorme tarima que se podía convertir en pista de baile gracias a su ingenioso mecanismo de manivela que ocultaba el asiento.” (In Tomás Ramírez Ortiz: Si Tánger le fuese contado 2007).

El Gran Teatro Cervantes fue íntegramente realizado por personal español, desde el arquitecto hasta los decoradores, pasando por la mano de obra y la compañía deconstrucciones hidráulicas y civiles Ribera, experta en estructuras del hormigón armado entonces en fase de experimentación. Hay que tener en cuenta que el uso del hormigón requería aplicaciones complicadas que solo podían ejecutarse por constructoras expertas en su uso y por ingenieros de la valía de José Eugenio de Ribera, uno de los primeros investigadores del hormigón armado en España.

Diego Jiménez Armstrong: Arquitecto Visionario.

Si hay algo que singulariza la cultura contemporánea tangerina es el hecho de que se concentra en unos cuantos nombres excepcionales, cuyas vidas y obras han sumido en la sombra la del resto de los creadores que han coexistido con ellos. En literatura, el nombre es Ángel Vázquez; en pintura José Hernández, y en arquitectura, el nombre de Diego Jiménez Armstrong hijo del maestro de obras Diego Jiménez este último, autor de las primeras construcciones de estilo ecléctico del zoco chico. Cierto fuera de Tánger es apenas conocido entre los arquitectos, los historiadores y los estudiosos de la misma que, aunque situados en las más diversas latitudes, suelen al descubrir sus obras en Tánger, Tetuán y Casablanca coincidir en la alta estima que les merece su trabajo más emblemático: El Gran Teatro Cervantes, que, desde su construcción a comienzos del siglo pasado, se convirtió en uno de los símbolos inconfundibles de la ciudad del estrecho. Un episodio arquitectónico, un hito urbano.

Pocas veces una ciudad deja construirse por un hombre solo, pero el Tánger moderno brindó esta posibilidad al arquitecto tangerino de nacimiento y francés de formación Diego Jiménez Armstrong: Alarife de carácter abierto, de acusada personalidad, de gusto refinado, pionero y prolífico, fue el encargado del Gran Teatro Cervantes con arreglo a sus planes. El talento de constructor y la prodigiosa fantasía de Diego Jiménez Armstrong alcanzan su más alto nivel en el coliseo Cervantes: un cuerpo central coronado por una marquesina y dos alas que se elevan levemente remarcando su volumen. El uso valiente del hormigón armado acaso enmascarado por una desbordante decoración en yeso, cerámica y pintura al fresco y la integración de la escultura y la variedad cromática, siguiendo formulas neoclásicas y modernistas, son las características esenciales de este monumento.

En su edificación se han empleado: La piedra, el ladrillo, el cemento y el hierro, no empleándose más que la madera indispensable para alejar todo lo posible el peligro de incendio. Todos estos materiales fueron importados de la península, incluso la hermosa verja de hierro forjado modernista que circunda el edificio exhibiendo formas ondulantes y estilizadas adoptando el “coup de fouet”.

PRIMAVERA EN EL GRAN TATRO CERVANTES DE TÁNGER 2003-2011. Autora Consuelo Hernadez.

 La decoración interior, corrió a cargo de los grandes artistas tales como Federico Ribera, afincado en Paris en la época, que pintó el techo y el espacio interior del teatro, y el escultor sevillano Cándido Mata, autor de la ornamentación exterior: Cerámicas con leyenda y fecha entre flores ondulantes entretejidas, y máscara, además de bandas horizontales de flores.

La fachada queda rematada con la placa cerámica donde se inscribe el nombre del teatro, es un friso en bajorrelieve que representa una procesión de figuras, hombres y mujeres vestidas con toga y coronadas con laurel, algunas aparecen  tocando instrumentos como liras, trompetas y panderos y otras portan  báculos y libros, así como el frontón central sobre dos columnas adosadas toscanas con figuras alegóricas en cemento que llaman la atención por su verismo (esculturas de niños músicos) lo que hace del Teatro Cervantes una suma del arte clásico y modernista propio al  secesionismo vienés . Destacan también las líneas horizontales formadas por azulejos con motivos florales. En el piso superior de la fachada donde hay una terraza, existe también una barandilla hecha con hormigón armado decorada con motivos vegetales.

El escenario fue realizado por el ebanista José de la Rosa, contratado en España para tal fin. El telón de boca y de fondo, así como los decorados fueron obra del mejor escenógrafo italiano de la época Giorgio Bussato. Por último, la instalación de 2000 bombillas corrió a cargo del jefe de electricidad Agustín Delgado del Teatro Real.  La decoración interior del teatro se enriqueció con la incorporación de espejos de colores y elegante sillería de tipo español. Para la decoración interior y exterior se gastó el doble de lo que costó la edificación del teatro.

Diego Jiménez Armstrong, arquitecto afrancesado diseño un teatro muy interesante en su tiempo, con una sala principal inspirándose de los teatros italianos, de una capacidad de mil personas distribuidas entre el patio de butacas – con 20 filas y 454 plazas- entrada general y 16 palcos platea. Sobre una platea de planta semicircular, se superpone un nivel superior, compuesto por un amplio anfiteatro y un piso de 22 palcos cuyo entorno en forma de herradura, descansa sobre 14 columnas que se prolongan para soportar un falso techo pintado y claraboya de cristal decorado.

Esta arquitectura del Gran Teatro Cervantes representa la búsqueda de un nuevo lenguaje arquitectónico que intenta romper con esas decadentes tendencias academicistas del siglo XIX, a fin de adquirir un mayor expresionismo y una fuerza connotación simbólica. Este coliseo, apto para espectáculos de todo tipo, contaba también con un patio de butacas que con ocasión del carnaval se convertía en pista de baile. Para dicho cambio de función se colocaba una plataforma que unificaba el piso, convirtiéndolo en una hermosa pista de baile desde la entrada general hasta el fondo del escenario. Este baile de carnaval fue retratado magistralmente por el escritor maldito tangerino, Ángel Vázquez, en su novela La vida perra de Juanita Narbona: “! Como esta esto ¡De bote en bote …! Qué bonito ¡Eso es el príncipe carnaval! Muy apropiado. No, si está todo precioso.! Que de flores ¡, que, de colorines, todos los jardines de la ciudad se han volcado esta noche con el teatro cervantes. Cuando alzo la vista y miro al techo, me quedo como extasiada. La araña es igualita que la del fantasma de la Opera, y de ella cuelga la piñata. Es inmensa, mamá, buscaremos a alguien te invité a su palco, tú no puedes pasarte de pie toda la noche”

BARBARA HUTTON EN EL GRAN TEATRO CERVANTES DE TÁNGER 2016. Autora del caudro Consuelo Hernández.

Este Gran Teatro Cervantes, joya de la arquitectura española en Tánger, se convirtió con el tiempo en un templo de actualidad artística y animación cultural; en él actuaron numerosos grupos teatrales como las compañías Guerrero y Cecil Sorel, vedettes de la talla de José Tallavi o Margarita Xirgú. Desfilaron también por él algunos grupos árabes de teatro, como las compañías egipcias de Yusuf Wahbi y Fátima Rushdi, y tangerinas como Yam’ iyyat al Magreb y YAm’ iyyat al Hilal, asociaciones pioneras del teatro árabe en Tánger.

Pero la presentación más estelar en el teatro Cervantes fue un 15 de abril de 1934, La Barraca: grupo de teatro universitario de carácter ambulante y orientación popular, que dirigiera Federico García Lorca junto a Eduardo Ugarte, tal como lo destaca “El semanario Tánger gráfico:

“A la iniciativa de Jacobo Bentata , amante de cuanto represente una obra cultural debemos hoy los tangerinos  y muy especialmente los españoles , el paladeo de este delicioso  manjar espiritual de nuestro teatro clásico que un grupo de entusiastas hermanos nuestros nos ofrece con motivo de la fiesta de conmemoración de la república ….Fiesta toda poesía, sueño de poeta por un poeta concebido, nadie puede discutir a García Lorca el mérito de haber realizado lo que en un principio parecía irrealizable. Un día, con un grupo de estudiantes universitarios, el poeta granadino comienza su obra y bajo su dirección organiza un teatro todo deleitable y recreativo …Tal es La Barraca, serán nuevos laureles que añadir a su escudo y al que, como españoles, no podemos menos de agradecerle la gentileza de su visita”

Entre los monumentos más relevantes que desempeñaron un papel pionero en la vida teatral y cultural, tanto nacional como internacionalmente, cabe destacar el Gran Teatro Cervantes: Compañías del Bel Canto, Zarzuela, Comedia, grandes espectáculos de varietés y las más importantes películas del cine mudo (¿Quo Vadis? de Enrique Guazzoni) constituyeron la actualidad del primer coliseo tangerino, hasta que víctima de problemas económicos, su empresario- propietario se vio obligado legarlo al Estado español. A mediados del año 1928 se hizo cargo el cónsul de España. En 1974 fecha de su cierre, el Gran Teatro Cervantes fue alquilado al ayuntamiento de Tánger por la simbólica cantidad de un dírham.

Hoy día se encuentra en un estado de lamentable abandono. Sin embargo, todo aquel que haya conocido el Teatro Cervantes, siente hoy dolor y tristeza al pasar frente a él: Los muros resquebrajados, las puertas desvencijadas, los cristales rotos, las paredes carcomidas y las butacas arrancadas. Hoy somos testigos presenciales de cómo uno de los monumentos artísticos más representativo del legado arquitectónico hispano- marroquí se deteriora día a día. Su rehabilitación se anhela y se pide a gritos.

Este patrimonio arquitectónico compartido entre Marruecos y España no solo es poco conocido, sino que está en proceso de mengua y deterioro rampante debido a la especulación inmobiliaria y porque se le presta poca atención: Algunos edificios de dicho legado arquitectónico se encuentran en un estado avanzado de desperfecto y dejadez. La investigación sobre la arquitectura española exportada o desplazada es aún escasa hasta la fecha y como disciplina plantea numerosos problemas metodológicos tales como: la definición geográfica y temporal de dicha arquitectura, la dificultad de acceso a las fuentes y archivos (trabas administrativas, dispersión de fondos, extravío de planos y documentación técnica incompleta). la desaparición de buena parte de testigos o técnicos tales, maestros de obras, ingenieros, arquitectos, urbanistas que fueron los autores del Tánger moderno.