El silencio envuelve el paso fronterizo de Barrio Chino desde mediados del pasado mes de marzo, cuando, en un primer momento, la Delegación del Gobierno de Melilla optó por suspender cautelarmente el comercio atípico y, después, el Gobierno de Marruecos anunció el cierre unilateral de la frontera para evitar contagios de coronavirus de un lado al otro de la valla. Atrás quedaron las largas colas de mujeres marroquíes que esperaban a que los transportistas descargaran en la zona de embolsamiento de vehículos los fardos de entre 40 y 90 kilos con ropa usada o latas de conserva. Continuar leyendo