Remedios De los ángeles Climent Escritora y poeta.

 Nos encontrábamos en estación calurosa y mi familia y yo nos hallábamos en el campo. Mis dos primeros hijos eran muy pequeños y allí tenían más libertad que en el piso del pueblo. Normalmente me hallaba sola con ellos, tanto de día como de noche, por el trabajo del cabeza de familia. Tenía la seguridad de que en la casita vecina vivía mi tío político, Ángel, además de haber aprendido a manejar la Sarraquesta; escopeta de caza de mi marido. Me quedé con el buen consejo de que, de ser necesario, apuntara al sol o a la luna; seguro que “el chorizo” salía por patas.

Ocurrió una mañana, mis niños se bañaban en la alberca bajo mi atenta mirada. No tenía la casita vallada (de ahí el manejo de la escopeta). Por la carretera secundaría El Campello- Mutxamel (no existía la autovía, y el antiguo camino que cruzaba el río seco, subiendo por El Cantalar al pueblo vecino, rozaba mi jardín). A unos doscientos metros observé la figura de un hombre con paso ligero. Dejó la carretera a su derecha y enfiló hacía el camino. Les dije a mis niños que entraran en casa. Pensé en soltar los perros: Un Setter Irlandés, hembra, llamada CHULA y un Pointer, del que no recuerdo su nombre. Lo que sí recuerdo es que era hijo de la campeona de España de caza de la época. Regalo de un amigo, más cazador aún que mi marido Paco Berenguer.

Algo debió sucederme que el miedo no me acorraló. Decidida, a la vez que preocupada por el aspecto del infeliz, le pregunté si quería un vaso de agua. Cuando lo tuve a tres metros de mí vi, un cristo acorralado, casi harapiento, con un traje chaqueta, color indefinido, lleno de manchas y un solo botón.  Camisa amarronada y sudorosa.  Pude ser precavida y pensar que, un hombre acorralado puede dejar de ser racional y sacar su parte animal en defensa propia. Extraje agua fresca del aljibe. El me miraba y yo no le perdía de vista. Señora – decía. Señora…Dios la bendiga.

Una luz vino a mí al verle una lágrima escapársele. Ni se molestó en secársela. Seguramente la suciedad de su demacrado rostro, junto con el polvo de los caminos, hizo un mejunje, embadurnando su rostro.  Señora – repitió. No sé quien está más perdido por estos parajes si usted o yo. Me devolvió el vaso. La bombilla acrecentó sus voltios y recordé un “NODO” de la época Franquista, recientemente enterrada. El Lute!! – exclamé.

Me cogió una mano; apretón que nunca he olvidado, como tampoco su mirada de perro acorralado. No hizo falta más. Dos Patrullas de la Guardia Civil por poco se meten por la puerta de mi casa. Mis hijos miraban por la ventana, al tiempo que me gritaban ¿¡mami, mami, quieres la escopeta de papa!? Escopetas, patrullas, Tricornios… Por Dios, si era un roba gallinas!! ( poco más sabía de él y sus idas y venidas a la cárcel, entonces).

Recuerdo que al ver la redada le indiqué que detrás de casa encontraría el río seco, y de ahí la carretera general o el camino hacía Mutxamel.

– A sus órdenes señora! Me dijo el sargento de la patrulla que vino por el río.

 -Qué coño Reme!!– me increpó el sargento de la otra demarcación. No podía ser otro que el que le dijo a mi marido que, “en el supuesto caso de apremio” pegara dos tiros con el cañón en dirección al infinito.

Estuve pendiente de las noticias y nada se decía. Al poco tiempo se dijo que el LUTE estaba en la cárcel de nuevo. Lo demás es tan largo como un periódico entero, sin anuncios, lo cual dejo al interesado documentarse en hemeroteca. A mi manera hice un seguimiento sin hallar respuestas, ni en cuartelillos Comarcales ni en la Comandancia de Alicante.  Decidí anotar en mi cuaderno un título: “EL LUTE PASO POR MI CASA”.

 Hará unos cuatro años, tal vez menos, hice indagaciones y rastreos en las Redes hasta que di con la persona. Le envié el título. Debió hacerme un rastreo también, pues le permití “amistad”, intencionadamente. Al cabo de un tiempo, muy inteligentemente, me respondió que El LUTE no existía. Digo inteligentemente porque ni afirmó ni desmintió. Debió tocarle su corazón el recuerdo de aquel vaso de agua o tal vez su carrera de Derecho, aprobada por la UNED, llegando a trabajar en el Gabinete Jurídico de Enrique Tierno Galvan como Letrado. Supe que me tanteaba, tal vez interesado por mi tenacidad, curiosidad… No sé. Le propuse escribir sobre el asunto, tal vez profundizar más en aquel pasado de merchero, nacido en una chabola del barrio de Pizarrales en Salamanca. Como se libró del “mal fario” del dictador con sus sentencias de muerte, o en su caso cadena perpetua.

Me pasó una serie de libros: Camina o revienta. Mañana seré libre. Una pluma entre rejas. Cuando resistir es vencer. Escritos por él, y entendí que la vida de “EL LUTE” ya estaba escrita, firmada por un ex convicto llamado ELEUTERIO SANCHEZ.

Nota: Eleuterio Sánchez y yo, a día de hoy, mantenemos una respetuosa amistad.