La brevísima conversación de apenas 29 segundos entre Pedro Sánchez y Joe Biden a su entrada a la cumbre de la OTAN en Bruselas es la única reunión prevista por Moncloa con el presidente de EEUU. Pese al publicitado encuentro, que la pasada semana fue pregonado a bombo y platillo desde Moncloa hacia medios afines, la «reunión» ha sido más bien un monólogo de Sánchez. En algunos momentos, Biden ni mira al presidente español. Aun así, Moncloa ha querido vender la charla como un éxito diplomático.

«El presidente del Gobierno y el presidente de Estados Unidos han mantenido una breve conversación tras la foto de familia», han explicado fuentes gubernamentales a los medios de comunicación.

Según estas fuentes, «ambos querían saludarse, conocerse personalmente y establecer un primer contacto» y «así lo habían pactado sus respectivos equipos». En la explicación de Moncloa no se oculta tampoco el afán propagandístico de las imágenes.

«Entre otras cosas, se había acordado que su saludo fuera captado por las cámaras como prueba de la excelente relación que existe entre ambos países», se admite. Incluso se señala que «sobre los temas que hayan apuntado en esta conversación y más novedades para España en la Cumbre, debemos esperar a que el presidente Sánchez y el resto de líderes concluyan la reunión a puerta cerrada del Consejo Atlántico».

La Moncloa celebró como un éxito que, supuestamente, se hubiera cerrado una cita con Biden en el marco de la cumbre de la OTAN. Preguntada hace unos días sobre este asunto, la propia vicepresidenta Carmen Calvo no precisó en qué condiciones se celebraría el presunto encuentro, pero respondió: «Estamos ajustándonos».

Lo cierto es que, esta misma mañana, como avanzó OKDIARIO, fuentes gubernamentales ya admitían que no se había fijado aún el momento. Aseguraban que la supuesta reunión se produciría en los márgenes de la cumbre, lo que ya hacía suponer que sería un encuentro informal, lejos de la reunión de alto nivel que se vendía días atrás.

De hecho, ni en la agenda de Biden, ni tampoco en la de Pedro Sánchez había rastro alguno de la reunión. Al contrario, sí se anunciaban los encuentros del estadounidense con los presidentes de Estonia, Kaja Kallas; Letonia, Egil Levits y Lituania, Gitana Nausedas, además del presidente turco Recep Tayyip Erdogan.

Por su parte, la agenda de Sánchez no informaba tampoco de encuentro alguno y se limitaba a la mera sucesión de hechos previsibles, como la llegada a la sede de la OTAN, el saludo de bienvenida y la mencionada reunión, además de la comparecencia ante los medios.

La supuesta reunión -que habría sido organizada por el jefe de gabinete de Sánchez, Iván Redondo-venía revestida por Moncloa de un evidente interés estratégico ya que sería el primer contacto entre ambos dirigentes.

Desde su llegada a la Casa Blanca, el pasado 20 de enero, Biden no ha telefoneado a Sánchez, como sí ha hecho con decenas de mandatarios internacionales. Desde el Gobierno se ha tratado de quitar importancia a esa circunstancia con sucesivas excusas, asegurando por ejemplo que las relaciones entre ambos países son «fluidas», que Biden estaba «volcado en su agenda doméstica» y que los contactos con otros presidentes se limitaban a lo «imprescindible»