CARLOS SEGOVIA

No asistió, pero Hassan II apoyó el gran evento en Córdoba de aquel 9 de diciembre de 1996. Fue cuando Juan Carlos I activó la puesta en marcha del gasoducto Magreb-Europa, que une Argelia con España a través de Marruecos. En su discurso, el entonces presidente de Gas Natural (actual Naturgy) e impulsor del proyecto, Pere Duran Farrell, auguró que la formidable infraestructura (1.400 kilómetros de longitud) contribuiría a la “comprensión mutua” entre los tres países: España, Argelia y Marruecos. Pero no se ha avanzado e incluso se ha producido ahora un severo retroceso por la situación del líder polisario Brahim Gali.
En este delicado contexto se aproxima el vencimiento de la concesión que ostenta la empresa española en el gasoducto. Será en noviembre y este diario ha podido confirmar que las negociaciones para prorrogarlo se han frenado en la práctica dejando en el aire la renovación. Se trata claramente de un nuevo frente abierto por Mohamed VI en sus intentos de represalia contra España y Argelia por lo que considera una afrenta por su actuación con Gali.
Mientras Rabat no ha dejado de criticar al Gobierno español por ocultar su acogida al líder polisario, en Argel aplauden. En cuanto Gali regresó a Argelia, el presidente de ese país, Abdelmadjid Tebboune, lo visitó en el hospital y aprovechó para expresar su “gratitud a las autoridades españolas por los esfuerzos realizados, la acogida dispensada al presidente saharaui y los cuidados que le han prodigado”.
¿Qué impacto geoestratégico tiene para España el gasoducto que atraviesa Marruecos? Es importante para el suministro español (y portugués), pero no es ya decisivo desde que el Gobierno de José María Aznar impulsó, tras el acceso al trono de Mohamed VI, un nuevo gasoducto que unió directamente Argelia y España: el llamado Medgaz.
“Aunque Marruecos decidiera no prorrogar la concesión y dejara de pasar gas por esa infraestructura, el suministro para España está asegurado”, sostienen expertos conocedoras de la concesión. Por un lado, Medgaz traslada ya más gas que el Magreb-Europa y se está potenciando. Además, los que lo gestionan mantienen ahora una alianza firme tras sus choques en el pasado. Se trata de la gasista estatal argelina Sonatrach y la propia Naturgy. Esta, con Blackrock como socio, comparte la gestión de Medgaz con Sonatrach y la compañía argelina es, a su vez, uno de los accionistas minoritarios de Naturgy, con un 3,8% del capital. El ministro de Energía argelino, Mohamed Arkab, inauguró un nuevo gasoducto al oeste del país que refuerza Medgaz.
Medgaz es, por cierto, uno de los activos de Naturgy que confieren a esta empresa un carácter estratégico para España y eso influye en la lentitud con la que el Gobierno tramita la OPA parcial del fondo australiano IFM sobre la gasista que preside Francisco Reynés.
Además del gasoducto directo con Argelia, España cuenta con interconexiones con Francia en Irún y Larrau y existen siete plantas regasificadoras con enorme capacidad de aumento de producción. Los expertos consultados consideran que el suministro a través del gasoducto marroquí no llega a representar actualmente el 15% del consumo en España y sostienen que sería asumible por el resto de fórmulas de abastecimiento, en caso de que Rabat pusiera fin al proyecto.
Naturgy ha recortado el valor de la concesión desde los 102 millones de euros en 2019 a 45 millones en 2020, pero le interesaría, claro está, continuar operando el gasoducto de Marruecos, que diversifica el crucial negocio del gas. También para España es mejor contar con cuantas más opciones de conexión, mejor, pero el Gobierno marroquí no da señales de renovación, ni siquiera de intención seria de negociación. No significa que quiera liquidar el proyecto, sino que se plantea que deje de operarlo Naturgy con la portuguesa Galp como socio minoritario. Rabat ha lanzado el concurso para un nuevo gasoducto que enlace Casablanca y Tánger y tiene agenda propia con el gas por las posibilidades de explotar sus propias reservas e incluso rivalizar a largo plazo con Argelia como proveedor de Europa.
No obstante, es prematuro dar por perdido el gasoducto. La concesión a una empresa española tiene sus ventajas para Rabat y Argel, porque les ha sido más fácil hasta ahora alcanzar acuerdos implicando a un tercero que si lo hacen directamente dadas sus tormentosas relaciones bilaterales. De hecho, en la prensa argelina ven difícil también que Argelia quiera renovar el contrato con Marruecos en las actuales circunstancias y apuntan que la potenciación de Medgaz le permite cumplir sus compromisos de suministro con España sin necesidad de pasar gas por el gasoducto marroquí.
Tampoco hay que olvidar que actualmente el régimen de concesión le permite a Marruecos quedarse con parte del gas que transita por la infraestructura y cobrar un peaje del 7% que suponen unos 200 millones de euros anuales, unos ingresos nada despreciables para el régimen de Mohamed VI.
El problema para España con esta tensión entre sus proveedores es que depende de ellos. El gas sigue siendo necesario para el consumo energético. Ni el sol ni el viento garantizan horas suficientes en todo el territorio para satisfacer la demanda. Las relaciones económicas con Marruecos y Argelia van, además, mucho más allá del gas. Por eso los errores diplomáticos con cualquiera de ambos vecinos tienen malas consecuencias y más con la economía en crisis y la luz por las nubes. Leer
CONTRAOPA
La licencia a Naturgy para trasladar gas argelino a la península a través de Marruecos termina en noviembre