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Fernando Pastor

El malestar contra los españoles aumenta en las capitales marroquíes y amenaza con dejar a los inversores ‘vecinos’ fuera de los grandes proyectos de turismo e infraestructuras que el país tiene en marcha

Aunque en España se trate de minimizar el tema y no se quiera alarmar sobre el enconamiento de las relaciones con Marruecos de las últimas semanas, en las calles de las principales capitales alahuitas no se habla de otra cosa más que de la traición española por haber acogido y curado el que consideran uno de sus principales terroristas, el líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Un problema político y diplomático que amenaza las relaciones económicas y comerciales entre los dos estados, en un momento de recuperación mutua de dos economías con grandes lazos comerciales. Las autoridades marroquíes hablan ya de tomar represalias comerciales y frenar las inversiones españolas en aquel país, donde operan 1.455 empresas con capital español y se mantiene un stock de inversión acumulada de más de 4.750 millones de euros, según los datos de la Office des Changes marroquí, mientras que los datos de Comercio contabilizaron en 2019 (antes de la pandemia) más de 21.800 empresas españolas que exportaron a aquella economía por valor de 8.454 millones, un 2,7% más que un año antes.

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Las relaciones entre España y Marruecos se mantenían de forma fluida hasta 2019, pese al freno en el flujo comercial que se estaba produciendo. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, viajó a Marruecos en noviembre de 2018 y en febrero de 2019 lo hicieron los Reyes, acompañados por una amplia delegación económica y comercial dirigida por la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto. Se firmaron 11 acuerdos bilaterales y la titular de Industria incluso volvió cinco meses más tarde a un foro empresarial en Casablanca. Pero toda esa actividad y la amplia presencia española en su economía se han ido al traste en apenas unas semanas, hasta el punto de que, según fuentes cercanas al Ejecutivo marroquí, se han llegado a manejar tres escenarios a modo de represalia: un freno a las inversiones españolas en los grandes proyectos de infraestructuras y turismo que tiene en marcha Marruecos; la reclamación de la soberanía de Ceuta, Melilla y hasta Canarias de forma oficial; y en algunos círculos más radicales se habla incluso de un “estado de guerra” con España.

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Algunos empresarios españoles con intereses en la zona ya han acudido a las instituciones españolas en busca de cobertura y ante la tensión contra todo lo español que se está viviendo en capitales económicas como Casablanca o Marrakech, además de en la capital Rabat, si bien desde el Gobierno no ha habido una reacción oficial a la espera de que baje la temperatura social en la zona. Fuentes cercanas a ese proceso no descartan que esa escalada complique las inversiones en la zona o encarezca la financiación a los españoles interesados, a pesar del gran interés que tiene Marruecos por mantenerse como el mejor socio comercial de la UE, con España a la cabeza al acaparar el 35% de las exportaciones totales a la zona.

El propio informe económico y comercial que actualiza cada año la Oficina Económica de Casablanca destaca el plan que el Gobierno marroquí acaba de poner en marcha para salir de la crisis, después de que su economía cayera más de un 7% el año pasado por la pandemia. Ya en agosto del año pasado el rey Mohamed VI anunció un programa de créditos garantizados por el Estado por 7.500 millones de euros para salvar la situación de las empresas, junto a la creación de un fondo de inversiones estratégicas (bautizado ‘Fonds Mohammed VI pour l’investissement’) dotado con otros 4.500 millones más. Todo ello dentro de un marco anunciado de más de 55.000 millones de euros en infraestructuras hasta 2035, de los que 2.512 millones se invirtieron ya el año pasado en cuestiones como carreteras, ferrocarril o tratamiento de aguas, en los que estuvieron implicadas empresas españolas de la talla de Indra, Ayesa, Copisa, Idom, Comsa, Ineco, Abengoa, Endesa o Naturgy.

El sector turístico, que antes de la pandemia llegó a recibir a 35 millones de visitantes anuales (casi la mitad marroquíes retornados de Europa), supone un 11% de su economía y el 5% de su empleo total (550.000 puestos). La Sociedad Marroquí de Ingeniería Turística (SMIT), que lo controla, tiene como objetivo doblar la dimensión de ese negocio y colocar al país dentro de los 20 primeros destinos mundiales, algo para lo que la aportación de los grandes grupos y las firmas de hoteles españolas ya presentes en el país se antoja fundamental, a pesar de las grandes dudas que han surgido al respecto en las últimas semanas por el incidente diplomático con el líder del Frente Polisario. Incluso en el ámbito del cannabis, en el que la zona del Rif es uno de los grandes productores mundiales y cuya actividad ha sido recientemente legalizada en Marruecos para usos terapeúticos, se contaba con el ‘know how’ español para modernizarlo todo, si bien fuentes empresariales del país aseguran que “eso ya no va a pasar”

Frente a la caída en desgracia española, el reconocimiento que hizo Trump del Sahara como territorio marroquí el año pasado ha abierto las puertas a la entrada de las grandes multinacionales norteamericanas, sobre todo en el ámbito inmobiliario, en la industria de defensa y en las infraestructuras. De forma paralela, Marruecos ha abierto su economía a la parte del África subsahariana, con el label de ser la economía más avanzada del continente, con lo que ello supone de convertirse en ‘la puerta de África’ para los inversores extranjeros, que no atentan contra la hegemonía que Francia tiene como país más implantado en su economía, pero puede perjudicar la postura comercial española.

La propia Oficina Comercial española reconoce en su informe de 2021 como uno de los principales “obstáculos” para el acceso a aquel mercado, no solo los aranceles y las exigencias nuevas de certificación industrial, cláusulas de salvaguarda y etiquetados, sino que “el gobierno se ha fijado por objetivo la sustitución de importaciones y está considerando la extensión de la preferencia nacional en las compras públicas”, algo que no beneficia en nada a España, por más que la Secretaría de Estado de Comercio considere a Marruecos como país PASE (Países de Actuación Sectorial Estratégica), en el marco de la Estrategia de Internacionalización de la Economía Española 2017-27, para priorizar la inversión en sectores como automoción, energía, agricultura y alimentación.

Fue la propia ministra de Industria, Reyes Maroto, quien en su estrategia comercial y financiera Horizonte África de hace apenas un año marcaba cinco ejes fundamentales para favorecer un crecimiento inclusivo de las economías de ese continente, de la mano de la UE: transición ecológica; transformación digital; crecimiento sostenible y empleo; paz y gobernanza; y migración y movilidad. La idea es que haya “proyectos relevantes” en esos ámbitos, si bien desde el lado marroquí advierten que España puede haber fallado ahora en lo de “paz y gobernanza”, por el conflicto con Ghali, por no hablar de la crisis migratoria y los cayucos.