11 de enero de 2026

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Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York: juramento sobre el Corán y doble ceremonia entre símbolo y legalidad

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BOUBEKRI MOHAMMED YASSER

Nueva York inauguró el nuevo año político con una escena inédita en su historia institucional. Zohran Mamdani asumió oficialmente el cargo de alcalde tras una jornada marcada por dos actos de juramento diferenciados, en los que el Corán ocupó un lugar central en el plano simbólico, mientras que la legalidad constitucional quedó sellada en la sede del Ayuntamiento.

El primer juramento tuvo lugar en las primeras horas del 1 de enero, en una ceremonia de carácter reducido pero de fuerte carga simbólica. En ese acto inicial, Mamdani prestó juramento con la mano sobre el Corán, una elección personal permitida por el ordenamiento jurídico estadounidense, que no obliga al uso de ningún texto religioso concreto para la toma de posesión. El gesto fue interpretado como una afirmación de la libertad religiosa y como un reconocimiento explícito de la pluralidad confesional que define a la ciudad.

Este primer acto no tuvo efectos jurídicos plenos. Horas más tarde, se celebró el segundo juramento, el oficialmente válido, en el City Hall de Nueva York, ante autoridades municipales, representantes electos y público. Esta ceremonia es la que confiere plena legitimidad institucional al inicio del mandato y la que activa formalmente las competencias del alcalde.

La secuencia de ambos actos respondió a una distinción clara entre representación simbólica e institucionalidad constitucional. El juramento sobre el Corán expresó la identidad personal y el vínculo con una parte de la ciudadanía, mientras que la ceremonia en el Ayuntamiento reafirmó la neutralidad del Estado y la continuidad de las instituciones, independientemente de la fe del cargo electo.

Con este doble momento, Zohran Mamdani se convierte en el primer alcalde musulmán en la historia de Nueva York, un hito que refleja la evolución social de una metrópoli construida por generaciones de inmigrantes. Al mismo tiempo, el desarrollo del acto oficial en City Hall subrayó que la diversidad religiosa encuentra su encaje dentro de un marco constitucional sólido y común.

La jornada de investidura dejó así una imagen nítida: en Nueva York, el Corán como símbolo personal y la Constitución como base institucional pueden coexistir sin conflicto. A partir de ahora, el debate se trasladará del terreno simbólico al de la gestión, donde el nuevo alcalde será evaluado por sus decisiones y su capacidad para gobernar una de las ciudades más complejas del mundo.