Barcelona me abrió sus puertas; como migrante, hoy alzo la voz para defenderla
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BOUBEKRI MOHAMMED YASSER
No reconozco la ciudad que vi ayer en la televisión y en las redes sociales. Llevo más de siete años viviendo en Barcelona, una ciudad hermosa y maravillosa que me ha dado oportunidades de trabajo y una vida digna, y que también ha ofrecido un lugar y nuevas oportunidades a tantas personas llegadas de otros lugares.
Como migrante, sé lo que significa empezar de nuevo y encontrar una ciudad donde poder trabajar, vivir y construir un futuro. Por eso siento que Barcelona también es mi ciudad y me duele verla sufrir. Aquí conviven personas de más de 180 nacionalidades, de distintas religiones y también personas no creyentes, con culturas, orígenes y formas de pensar muy diversas. Esa diversidad hace de Barcelona una ciudad abierta, fuerte y acogedora.
Lo ocurrido ayer en el centro de Barcelona no puede justificarse como una forma de protesta. Se vandalizaron o saquearon 23 comercios, se provocaron 33 incendios y 128 personas fueron detenidas; 72 de ellas eran menores. Quince agentes resultaron heridos, cuatro de gravedad. Detrás de estas cifras hay comerciantes, trabajadores, vecinos y familias que vivieron momentos de miedo y angustia.
Todas las personas responsables deben ser identificadas, investigadas y llevadas ante la justicia, con las garantías que establece la ley. Quienes hayan participado en robos, agresiones, incendios o destrozos deben responder por sus actos. La convivencia también exige que la violencia no quede impune.
También es momento de revisar el tono del debate político. Los discursos que alimentan el odio, la confrontación y la deshumanización dañan la convivencia y aumentan la división. Quienes tienen responsabilidades públicas deben hablar con prudencia y contribuir a unir a la sociedad, no aprovechar el dolor de la ciudad para ahondar en sus diferencias.
Protestar es un derecho. Robar, destruir y poner vidas en peligro son actos delictivos que merecen una condena clara. Lo digo como migrante, con respeto y agradecimiento: defender Barcelona también es defender a quienes la habitan, trabajan en ella y la hacen su hogar, hayan nacido aquí o hayan llegado desde lejos.
A quienes salieron a destrozar y saquear, les digo: temed a Dios, respetad a la gente y dejad en paz nuestra ciudad. Barcelona me abrió sus puertas; hoy alzo la voz para defenderla. No permitamos que el miedo y la destrucción ocupen las calles de una ciudad que pertenece a todos los que la cuidan.