2 de mayo de 2026

HorraPress

El centro Europeo de la prensa libre

Najat Driouech frente al discurso de odio en el Parlament de Catalunya

Screenshot

BOUBEKRI MOHAMMED YASSER

En un episodio preocupante para la calidad democrática, el Parlament de Catalunya fue escenario de unas declaraciones que cruzan claramente las líneas rojas del respeto institucional. El diputado de Vox, Alberto Tarradas, dirigió palabras ofensivas hacia la diputada Najat Driouech, representante de Esquerra Republicana de Catalunya, insinuando su posible expulsión del país.

Este tipo de declaraciones no puede reducirse a una simple polémica política. Cuando un representante público afirma: “no la vamos a deportar… al menos de momento”, no está ejerciendo la crítica legítima, sino alimentando un discurso que cuestiona la igualdad de derechos en función del origen. Se trata de un mensaje profundamente preocupante que no solo afecta a la diputada señalada, sino también a miles de ciudadanos que ven cómo se pone en duda su lugar en la sociedad.

El Parlament no es un espacio para la estigmatización ni para la exclusión. Es, o debería ser, el reflejo de una sociedad plural y diversa. Por ello, que desde esa tribuna se lancen insinuaciones de este calibre supone una degradación del debate democrático y una peligrosa normalización de la xenofobia en el discurso político.

Aunque el diputado terminó ofreciendo disculpas tras la presión institucional y política, el daño ya estaba hecho. Las palabras tienen consecuencias, especialmente cuando se pronuncian desde una institución pública. Normalizar este tipo de mensajes abre la puerta a que el odio encuentre legitimidad en espacios donde debería ser frontalmente rechazado.

Frente a ello, es imprescindible expresar un apoyo claro y firme a Najat Driouech. Su presencia en el Parlament simboliza precisamente aquello que algunos pretenden negar: que la democracia se fortalece con la diversidad, y que la representación política no puede estar condicionada por el origen, la religión o la identidad.

Lo ocurrido no debe quedar como un incidente aislado, sino como un punto de inflexión. La respuesta no puede limitarse a una disculpa, sino que debe traducirse en un compromiso real para erradicar cualquier forma de discurso de odio en las instituciones. Porque defender la dignidad de una diputada es, en realidad, defender la dignidad de toda la sociedad.