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BOUBEKRI MOHAMMED YASSER
El reciente anuncio de la U.S. Mission to the UN sobre la facilitación de conversaciones en Madrid entre Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania no constituye un giro inesperado en el dossier del Sáhara Occidental, sino una confirmación discreta, pero significativa de una realidad política ya asentada: la centralidad de la propuesta marroquí como única base realista para una solución duradera.
Mientras otros actores continúan prisioneros de discursos maximalistas o posiciones ambiguas, Marruecos mantiene desde hace años una línea política clara y estable en torno al Sáhara Occidental marroquí. Su iniciativa de autonomía, presentada bajo soberanía marroquí, ha resistido el paso del tiempo precisamente porque responde a los criterios que la comunidad internacional considera hoy imprescindibles: realismo, viabilidad y compromiso con la estabilidad regional.
La implicación de Estados Unidos en la facilitación de este encuentro no busca reabrir debates superados ni promover fórmulas irrealizables. Por el contrario, refleja una voluntad clara de gestionar el conflicto dentro del marco definido por el Consejo de Seguridad, en particular la Resolución 2797 (2025), que insiste en una solución política pragmática y mutuamente aceptable.
En este contexto, el enfoque marroquí no solo encaja, sino que se impone como referencia inevitable.
La presencia de Argelia en estas conversaciones supone un reconocimiento implícito de su papel central en el conflicto, más allá de la narrativa de “parte no implicada” que ha defendido durante años. Esta evolución refuerza la posición marroquí, al clarificar responsabilidades y devolver el debate a su verdadero marco político y regional.
La participación del Frente Polisario responde hoy más a una lógica procedimental que a una capacidad real de influencia política. Su discurso, anclado en esquemas de la Guerra Fría, ha perdido peso frente a una comunidad internacional que prioriza la estabilidad, la cooperación regional y las soluciones concretas.
La ausencia de comunicados finales o anuncios espectaculares no es una debilidad del proceso, sino una ventaja estratégica para Marruecos. Cuando una propuesta es sólida y coherente, no necesita ruido mediático. El tiempo político juega a favor de quien ofrece soluciones, no de quien bloquea.
Hoy, el debate ya no gira en torno a opciones teóricas, sino a cómo consolidar una solución que garantice desarrollo, seguridad y cooperación en el Magreb y el Sahel. En ese marco, el Sáhara Occidental marroquí aparece cada vez más como un factor de estabilidad y no como un foco de tensión.
El encuentro de Madrid no marca un punto de inflexión, porque el verdadero cambio ya se produjo hace tiempo: la aceptación progresiva del enfoque marroquí como única vía realista. Lo que estamos presenciando ahora es la adaptación del discurso internacional a esa realidad.
En política internacional, las soluciones no se imponen por proclamación, sino por coherencia y constancia. Y en el dossier del Sáhara Occidental marroquí, Marruecos ha demostrado poseer ambas.
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