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BOUBEKRI MOHAMMED YASSER
El fútbol en Marruecos ya no es únicamente un deporte popular ni un simple espectáculo de masas. Bajo la visión estratégica de Su Majestad el Rey Mohammed VI, se ha transformado en una herramienta de Estado al servicio de una política integral que combina influencia diplomática, seguridad, desarrollo económico y proyección internacional.
La organización de la Copa Africana de Naciones 2025 no fue, en este sentido, un acontecimiento deportivo más. Fue un examen general del modelo marroquí de gobernanza, una demostración de capacidad institucional y una puesta en escena del Marruecos moderno que el Reino viene construyendo desde hace más de dos décadas.
Hoy, en la experiencia marroquí, los estadios son también espacios de soberanía, plataformas económicas y extensiones de la geopolítica.
Desde su entronización, el Rey Mohammed VI ha entendido que el deporte, y en particular el fútbol, no debía ser tratado como un sector secundario, sino como un instrumento estratégico de las políticas públicas.
Las inversiones masivas en infraestructuras, la creación de la Academia Mohammed VI de Fútbol, la modernización de los estadios, la profunda reforma de la Federación Real Marroquí de Fútbol y la apuesta decidida por acoger grandes eventos internacionales forman parte de una estrategia de largo plazo, coherente y perfectamente asumida al más alto nivel del Estado.
Los resultados están a la vista:
• La histórica clasificación de Marruecos a las semifinales del Mundial de 2022.
• La designación del Reino como coorganizador del Mundial 2030 junto a España y Portugal.
• Y, como etapa intermedia y decisiva, la organización ejemplar de la CAN 2025.
Durante más de un mes de competición, con 51 partidos disputados en seis grandes ciudades, Marruecos ofreció una imagen de eficacia, orden y profesionalidad que fue ampliamente reconocida por dirigentes y jugadores africanos, entre ellos Samuel Eto’o o Mohamed Salah.
Pero este éxito no fue únicamente deportivo. Fue, sobre todo, un éxito institucional que movilizó al conjunto del aparato del Estado: administración territorial, fuerzas de seguridad, servicios sanitarios, redes de transporte, logística e infraestructuras urbanas.
No fue solo la federación la que organizó la CAN. Fue el Estado marroquí en su conjunto.
En un contexto internacional en el que los grandes eventos deportivos representan un desafío mayor en términos de seguridad, Marruecos desplegó un dispositivo de nivel superior:
• Más de 3.500 agentes adicionales movilizados
• Cerca de 6.000 cámaras de vigilancia
• Uso de drones para el control de multitudes
• Entre cinco y siete controles antes del acceso a los estadios
• Tribunales móviles y comisarías dentro de los recintos deportivos
El balance es elocuente: apenas 150 infracciones menores tratadas durante semanas de competición y ningún incidente grave.
En una región que aún recuerda tragedias como la del estadio de Olembe en Camerún o el caos del Stade de France en 2022, el mensaje es claro:
Marruecos es hoy un país capaz de garantizar la seguridad de los grandes eventos al más alto nivel internacional.
La presencia en Marruecos de una delegación del FBI estadounidense para estudiar el dispositivo de seguridad de la CAN constituye un reconocimiento implícito del nivel de excelencia alcanzado por el Reino.
Oficialmente, la visita se inscribe en un marco de intercambio de experiencias. En términos estratégicos, confirma una realidad nueva:
Marruecos ya no es solo un país que aplica estándares internacionales, sino un país cuyo modelo empieza a ser observado, analizado e incluso tomado como referencia.
La CAN 2025 fue también una operación económica de gran envergadura:
• Fuerte dinamización del turismo
• Ocupación récord de hoteles y restaurantes
• Creación de miles de empleos directos e indirectos
• Aceleración de proyectos de infraestructuras
• Refuerzo de la imagen de Marruecos como destino seguro y atractivo para la inversión
Aquí, la lógica es clara:
El deporte ya no es un gasto. Es una inversión en crecimiento, confianza y proyección internacional.
Al margen de la competición, Marruecos consolidó su posición como actor central de la seguridad regional:
• Inauguración del Centro Africano de Cooperación Policial en Salé
• Organización de un simposio internacional sobre la seguridad de eventos deportivos
• Firma de acuerdos de cooperación con varios países europeos
• Acogida de la Asamblea General de Interpol
Se trata de lo que algunos analistas ya denominan:
La diplomacia deportiva, securitaria y económica marroquí.
Una diplomacia en la que el fútbol se convierte en instrumento de influencia y de posicionamiento estratégico.
Todo lo ocurrido durante esta Copa de África tenía un horizonte claro:
El Mundial de 2030.
Y el mensaje enviado por Marruecos es inequívoco:
• Capacidad organizativa: demostrada
• Capacidad de seguridad: confirmada
• Capacidad logística: validada
• Capacidad económica: consolidada
Lo que Marruecos ha logrado con la CAN 2025 no es fruto del azar. Es el resultado directo de la visión estratégica de Su Majestad el Rey Mohammed VI, que ha sabido entender que:
En el mundo contemporáneo, el deporte es también una herramienta de soberanía, de influencia y de poder.
Marruecos no solo ha organizado un torneo.
Ha reforzado su imagen, su credibilidad y su posición geopolítica.
Y ha demostrado que está preparado para jugar, con ambición y solidez, en la primera división de las naciones que cuentan.
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