Angela Vallejo

Bajo al barrio a detenerme
en su trasiego, si la mañana me deja.
Bajo a entregarme de nuevas,
extrayendo sus antiguos sonidos.
Desde las pisadas pausadas,
al taconeo presuroso.
Desde Lineros a Las cinco calles.

Subiríamos por Carlos Rubio,
parando en la confluencia, de plaza de la Almagra y a la esquina,
tocaría con mi nariz el cristal de la antigua tienda de regalos y menaje,
de la que hoy, no recuerdo su nombre.
Ajustaría mis guantes de lana, antes de sentir la mano de mi madre agarrando la mía para continuar el camino.
No sin antes entrar justo frente de la calle, en California, confitería de cristaleras altas y fachada ornamental pintada de verde penicilina y letreros dorados, a por un rosco de viento que, tras el mostrador de cristal me aguardaba expuesto en una bandeja metálica.

Saldríamos pasando por la tienda de textiles «Salvador» pasando delante de la ermita del Socorro,
dejando atrás el olor a café,
pan y dulces para atravesar el arco bajo.

La Corredera se abría ante nosotros, aromatizada por el olor que desprendía el aceite de churros.
Atravesando la plaza, sorteamos los puestos del mercadillo ambulante.
El suelo era un mosaico multicolor de retales.
Telas revueltas, tenderetes de forja,
de flores, de ropa, de zapatillas ampliaban el comercio
ya existente de los soportales.
El estanco de Manolo, la tienda de bazar de Roldán, la zapatería de Maldonado, la taberna «el Patri»,
la tienda de esparto, la de objetos antiguos, la de madera…
Y la entrada al mercado de abastos.
Todo ello era sinfonía de sonidos
en un trajín cotidiano y amable.

Arriba de la plaza, los balcones eran testigos de aquel bullicio, solitarios
y cerrados o entreabiertos,
dejando al sol cubrirles de luz y templanza.
Si miraba al cielo, podría ver algún pájaro en su recorrido o posarse sobre el barandal.
Había eso, vida.

Quién me diría ,que en aquel presente, estaba el prodigio de lo cotidianamente irrepetible, y en qué forma, la mágica memoria infantil y sensorial sería de mayor, mi más valioso referente.
Cuando el alma se desvía entre la ruta del tiempo, yo hago paradas.
Paradas donde bajar y soñarme.

Angela Vallejo ©®

abdel korret

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