9 de diciembre de 2022

HorraPress

El centro Europeo de la prensa libre

Entrevista con el escritor español JORGE BARROSO CASTILLA

24 minutos de lectura

El sueño oriental de Napoleón:Descubrimiento de su época  que fue el comienzo del orientalismo europeo para el mundo islámico

Horra Press – Abdelhay korret 

En julio de 1798, un joven Napoleón Bonaparte desembarcó en Egipto al frente de un ejército que, el 21 de julio, junto a las pirámides de Gizá, destrozó al ejército mameluco y entró triunfante en El Cairo. No obstante, la expedición se convirtió pronto en un suplicio, hasta que el 23 de agosto de 1799 se embarcó en secreto y puso de nuevo rumbo a Francia. Aquella expedición constituyó una extraordinaria aventura militar y, sobre todo, científica y cultural. En este último aspecto centra especialmente su afilada pluma Jorge Barroso. Napoleón soñaba con Oriente desde su infancia. Estaba convencido de que allí es donde se lograron las más grandes gestas. Y todo ello gracias a los libros que leyó durante su juventud y a la historia de un hombre al que pretendió emular, el gran Alejandro Magno. El sueño oriental de Napoleón cuenta esta increíble historia, centrándose en los aspectos menos conocidos, en su faceta humana y en las circunstancias personales del protagonista, sin olvidar una serie de misterios que han circulado en los últimos años  sobre esta enigmática campaña.

En esta entrevista, el escritor español,Jorge Barroso Castilla  autor de un libro, El sueño oriental de Napoleón nos hablará Sobre los temas principales de su libro.

1-¿Cuáles son las razones y motivos que le impulsaron a escribir el sueño oriental de Napoleón?

Bien, he de decir que con esta historia se entrelazan varias de mis pasiones como historiador, como son: la Revolución Francesa y sus consecuencias, la propia figura del general Bonaparte (posiblemente el personaje más influyente en Europa de los últimos doscientos años), el nacimiento de la egiptología y, de manera muy especial, los misterios… Porque fue por un misterio por lo que surgió la idea de escribir este ensayo histórico. Un buen día se puso en contacto conmigo el presentador de un programa de radio del mundo del misterio para que hablase sobre una supuesta noche que Napoleón pasó dentro de la Gran Pirámide mientras se encontraba en aquella campaña que hizo en Egipto. Así que me puse a investigar sobre ese supuesto hecho. Lo curioso es que, tras leer varias biografías de Napoleón, no encontré nada. Y así lo hice constar en aquel programa. Pero se me quedó una espina clavada, así que traté de hacerme con toda la documentación que sobre aquella expedición se hizo. Y pude comprobar que apenas hay libros que hablen de aquella campaña, y los que hay apenas son accesibles ya que la mayoría están descatalogados. Es por eso que decidí, con todo el material que ya tenía, más otros textos que fui recopilando, escribir sobre aquella campaña que Napoleón hizo en Egipto entre 1798 y 1799 y tratar de entender y vivir aquella expedición de la mano de sus protagonistas. 

2-A través de la lectura de algunas partes de tu libro, noté tu enfoque en el aspecto científico y cultural de la campaña militar que Napoleón dirigió hacia el este a través de la puerta egipcia, una campaña que dejó su huella en la historia a pesar del fracaso militar. ¿Cuáles son los logros científicos y culturales más destacados de esta campaña?

Como bien dices, aquella expedición acabó siendo un fracaso en lo que a lo militar se refiere, pero no el cultural y científico. Además, sobre este tema he querido darle la gran importancia que tuvo todo lo relacionado con lo cultural. Hay que recordar que Napoleón reclutó para aquella campaña a un equipo de 167 sabios, parte de la crema intelectual de Francia por aquel entonces. Entre ellos había matemáticos, científicos, artistas, escritores e inventores de los más importantes del país. En ninguna campaña militar anterior se habían utilizado tantos científicos y artistas. Los argumentos por los cuales Napoleón quiso hacerse acompañar de que tal comisión fueron la de proporcionar a los egipcios las luces de la razón, las ventajas de los modos de vida europeos e instruirlos en los adelantos científicos. Es decir, llevar la cultura de la Ilustración francesa a un pueblo al que consideraban atrasado; por otra parte, también buscaban aprender todo lo posible sobre aquella misteriosa civilización que había precedido a los antiguos romanos y griegos. Se sumaba, pues, a la liberación política de Egipto su promoción cultural. Al menos esos fueron los argumentos oficiales. Quizás, el conjunto de sabios, científicos y artistas nos proporciona un fuerte indicio sobre las intenciones de Napoleón, quien pretendía que su expedición fuese todo un acontecimiento cultural y científico, y no solo una guerra de conquista. Posiblemente aquello era algo más que una simple misión cultural ya que el gran número de sabios y de la multiplicidad de los saberes permitía que estos pudieran evolucionar independientemente, por su propia dinámica, a una cultura diferente de las que los había formado; poder constituir la base de unos progresos independientes del estado francés, en el hipotético caso de que las circunstancias llevasen a una ruptura entre Francia y estos nuevos territorios conquistados. Y es que Napoleón tenía un sueño, poder constituir un nuevo imperio, entre Egipto y la India, tal y como hizo su admirado Alejandro Magno. 

Ya en Egipto, una vez conquistado El Cairo, Napoleón fundó, el 22 de agosto de 1798, una de las piezas fundamentales y de mayor trascendencia: el Instituto de Egipto, sobre el modelo del Instituto Nacional de París. Instituto del que el propio Napoleón era miembro como buen matemático que era. Desde dicha institución se llevaron a cabo muchos estudios del país, como el estudio de las diferentes aves de la zona y sus costumbres; el estudio y clasificación de los peces del Nilo; el estudio y la explicación de los espejismos; la impresión en francés y en árabe del tratamiento contra la viruela y la peste bubónica; estudios sobre la oftalmología, entre otros muchos… Pero, entre todos los estudios e investigaciones realizadas en Egipto, tres son, a mi parecer, los que mayor trascendencia han tenido en cuanto a lo científico y cultural. El primero: el de la posible construcción de un canal en Suez. Se trataba de una de las misiones que el Directorio (el gobierno en Francia) le había encargado expresamente a Napoleón, expresada en un decreto escrito el 12 de abril de 1798. De entre todo el decreto, seis breves palabras representaban por sí solas una montaña: «Hacer cortar el istmo de Suez». ¡Tal cosa significaba, sencillamente, cambiar el mapa del mundo! Pero Napoleón, tras el desastre de Abukir, donde su flota fue destruida por la marina británica, sintiéndose libre de toda atadura del gobierno francés, vio aquello como un proyecto personal. Napoleón reunió a un grupo de militares y científicos (sobre todo ingenieros) y partió a Suez el 24 de diciembre de 1798 con la intención de encontrar el  canal que en la Antigüedad unía Suez con el Nilo (conocido como El Canal de los Faraones, Río de Trajano o Canal del príncipe de los fieles, por los árabes, hasta que en el 762 se rellenó y se dejó definitivamente de usarse para privar de recursos a la ciudad de Medina, que se había sublevado contra el califa). Y lo encontró. De hecho, Napoleón siempre se mostró muy orgulloso de haber sido él quien encontró el canal, insistiendo en sus memorias escritas en Santa Elena que aquel hecho debía ser inscrito como una de sus máximas contribuciones en la expedición a Egipto. Lo que pasa que es que, en las investigaciones que se hicieron por parte de un ingeniero que Napoleón dejó llamado Le Père, ocurrieron algunos errores de cálculos que les llevaron a asegurar que el mar Rojo era unos diez metros más alto que el Mediterráneo, así que cualquier intento de abrir un canal provocaría la inundación de la llanura septentrional. Pero aquello era falso. Se equivocó. Y no sería hasta 1832, cuando un joven diplomático francés llamado Ferdinand de Lesseps, cuando llegó a Egipto y estudió las memorias de Le Père, lo que le fascinó. Fue él, a la vuelta de El Cairo, en 1854, quien propuso un nuevo proyecto, más coherente, hasta que en noviembre de 1869 fue, finalmente, inaugurado el Canal. Otro de los grandes descubrimientos, tal vez el más famoso de aquella expedición, tiene que ver con una piedra encontrada en la ciudad de Rosetta. El 19 de julio de 1799, a través de un informe enviado por el matemático Lancret al Instituto de Egipto, se anunció un sorprendente y espectacular descubrimiento cerca de la ciudad de Rosetta mientras unos obreros, dirigidos por el oficial Pierre François Bouchard, trabajaban en las obras de demolición previas a la reconstrucción de un fuerte cuando toparon con un bloque de granito negro que no debía encontrarse allí. En una de sus caras aparecían grabadas varias inscripciones. Con aquella piedra comenzó una fabulosa aventura científica… Desde el primer momento los franceses tuvieron la sensación de que un tesoro había caído en sus manos y fue enviada a El Cairo para su estudio. Aquella losa estaba dividida en tres franjas horizontales repletas de inscripciones. La primera, en la parte inferior, con caracteres griegos; la segunda franja pertenecía al demótico, una escritura popular del antiguo Egipto (aunque en ese momento no lo supieron reconocer); y una tercera franja con caracteres jeroglíficos. ¡Por fin un texto plurilingüe! Sobre cómo leer un texto cuya lengua y escritura son desconocidas, los miembros del Instituto se devanaron los sesos tratando de encontrar una solución. Pero no dieron con ella, y aquella piedra sería confiscada por los ingleses en el momento de la retirada francesa. Sería en Europa, en los años siguientes a la campaña en Egipto, donde aquella piedra hallada den Rosetta ayudará al inglés Thomas Young y, sobre todo, a Jean-François Champollion a penetrar en el misterio de los jeroglíficos. Champollion empezó por establecer el estrecho parentesco de las diferentes escrituras egipcias. Más tarde demostró que los jeroglíficos no podían ser simples ideogramas, concluyendo que no podía ser ideográfica, ni alfabética ni fonética. Al menos que lo sea todo a la vez. Finalmente, Campollion dio a conocer su gran descubrimiento el 27 de septiembre de 1822. Los jeroglíficos, sugirió entonces, eran una escritura a la vez figurativa, simbólica y fonética, que expresaba tanto ideas como sonidos. De esta forma se hizo la luz tras trece siglos de noche absoluta. Aquel descubrimiento nos permitió descifrar y comprender los significados, hasta entonces ocultos, de los jeroglíficos, y, con ello, el surgimiento de una nueva ciencia: la egiptología. 

Pero el surgimiento de la egiptología tiene también otros protagonistas. Una vez que los miembros del Instituto de Egipto regresaron a Francia, Napoleón establecería en 1802 una comisión donde se recogerían todos los trabajos realizados en Egipto: expediciones, descubrimientos, dibujos… Ese mismo año, Vivant Denon, el pintor, publicó su célebre Viaje al Alto y Bajo durante las campañas del general Bonaparte, repleto de dibujos que él mismo realizó sobre los descubrimientos realizados, que tanto han aportado al conocimiento del Antiguo Egipto. No obstante, la mayor contribución que nos dejó aquella comisión de trabajo se plasmaría en 1809, cuando se publicó el primer volumen de la extensa y magistral obra Description de L´Egypte, que no quedó terminada hasta 1828, siendo en total nueve los volúmenes de textos y trece la de grabados, mapas e ilustraciones que complementaría la colección. En todos estos volúmenes, los sabios trataron de no pasar nada por alto, plasmando en detallados dibujos a escala (50 por 70 cm), en blanco y negro y en color, de obeliscos, esfinges, jeroglíficos, pirámides… así como todo tipo de animales: pájaros, gatos, serpientes o perros momificados encontrados en El Cairo, Tebas, Luxor, Karnak, Asuán, y demás templos egipcios de la antigua civilización. Aquel trabajo causó un efecto profundo en la sensibilidad artística, arquitectónica, estética y decorativa europea. Aunque, en honor a la verdad, aquella obra estaba lejos de ser precisa: muchas de sus escenas representadas estaban algo exageradas y en algunos casos las ruinas habían sido imaginativamente “reconstruidas”, mostrando lo que ellos (los sabios y artistas) creían que debía ser o estar. 

De lo que podemos estar seguros es de que gracias a estos estudios nacería la ciencia de la egiptología. Una ciencia que, tras aquello, ha estado en continuo avance. 

3-¿Se puede decir que esta campaña es el primer enfrentamiento entre el Occidente cristiano y el Oriente musulmán desde la era de las Cruzadas?

No exactamente. Desde las épocas de las cruzadas siempre han existido conflictos bélicos entre ambos mundos. Muchos han sido los enfrentamientos, por ejemplo, contra el Imperio Turco por parte de los reinos cristianos de Occidente. No obstante, tras el cariz de enfrentamientos religiosos, en realidad lo que se dirimía era el control del Mediterráneo, convertido, tras la Alta Edad Media, en frontera de dos mundos contrapuestos, ya que estaba en juego la geoestrategia de la Europa meridional y el control de algunas de las principales rutas comerciales que conectaban Asia con Europa. Quizás, el punto álgido de los enfrentamientos entre el Occidente cristiano y el Oriente musulmán tuvo lugar en la batalla de Lepanto, en 1571. Desde entonces la contienda derivó en acciones cada vez menos decisivas.   

En cuanto al interés de Francia por Egipto, más allá de la llamada Séptima Cruzada, en 1248, dirigida y promovida por el rey Luis IX, y que fue un fracaso para los franceses, ya que la caballería de los terribles mamelucos les infligieron una tremenda derrota, Egipto se convertiría, con el paso del tiempo, para la mentalidad europea medieval, en una tierra de leyenda bíblica, el lugar de aquellas terribles plagas y de Moisés dividiendo el mar Rojo. Habría que esperar casi cuatrocientos años para que un filósofo alemán, Leibniz, presentase a Luis XIV un plan muy detallado para una invasión francesa en Egipto. Pero Luis XIV rechazó aquella idea. Así hasta que llegó la campaña ideada por Napoleón para invadir Egipto, que, si bien fue un desastre, como ya dije antes, marcaría en toda Europa una nueva dinámica imperialista y colonial dirigida sobre Oriente. El mundo cambió tras aquello. 

4-¿Cuál es el método y la secuencia histórica que adoptó al construir los eventos de tu libro?

Lo primero es leer. Leer mucho. Buscar toda la información posible sobre aquella campaña. Para eso, primeramente, me hice de una gran cantidad de biografías de Napoleón. Luego todas aquellas publicaciones que tuvieran algo que ver con aquella campaña. Por supuesto, las biografías de sus generales y científicos. Pero también me era imprescindible conseguir la información que desde el mundo musulmán pudiera haber sobre aquella expedición. Y la hay. Por ejemplo, tenemos alguna información gracias a una crónica, Cronique d´Egypte 1798-1804, redactada por Nicolás Turc, un poeta de origen griego que vivía por entonces en Egipto. Dicha crónica nos permite contemplar aquella invasión desde la óptica local, y que tan necesaria es. No es la única fuente no europea, también la de un musulmán llamado El-Djabarti. 

Y si bien al principio me planteé empezar el libro directamente desde que Napoleón llega de su exitosa campaña en Italia y comenzó a preparar la expedición a Egipto, ocurrió que, mientras investigaba sobre el origen personal de Napoleón para que se le ocurriese tal cosa, fui echando la vista cada vez más atrás en el tiempo, y fue entonces cuando me di cuenta de que era imprescindible conocer cómo se forjó su personalidad, desde su infancia, su adolescencia y sus estudios militares, y cuáles fueron los conocimientos que adquirió durante su vida sobre Oriente para que se formase en su mente dicho proyecto. Es por eso que el libro comienza desde su nacimiento en Córcega. Creí que era del todo necesario conocer esas cosas antes de entrar en la campaña como tal. Y es que, al investigar, me di cuenta de que Napoleón soñaba con Oriente desde su infancia. Y todo gracias a la literatura, a los grandes clásicos como Plutarco, y a la admiración que ya de joven tenía por Alejandro Magno. A partir de ahí sigo un orden cronológico de todos los hechos más significativos, a mí parecer, de cómo se gestó la campaña y de una vez llegado a Egipto los acontecimientos más importantes del choque de aquellas dos culturas.  

 5-¿Por qué fueron los pioneros de la estrategia francesa desde el siglo XVII  mirar hacia Oriente, especialmente Egipto y Levante, para controlarlos?

Como antes expuse, sería el filósofo Leibniz quien le presentó al rey de Francia Luis XIV un plan muy detallado para una invasión francesa a Egipto, en el que ya se incluían detalles sobre un hipotético canal de Suez (plan que Napoleón no conoció hasta 1803), lo que facilitaría tremendamente el comercio con las Indias. Pero aquella idea fue rechazada y aquellos documentos del plan de Leibniz quedaron archivados en Hannover, criando polvo, tras su muerte. Lo realmente importante de aquellos planes es que representan una tendencia que irá apareciendo de manera recurrente durante los siguientes siglos: la costumbre europea de exportar sus conflictos internos a los territorios de otros continentes. 

No obstante, pese al rechazo del plan de Leibniz, durante el siglo siguiente Francia ampliaría su dominio colonial sobre Canadá, Luisiana, las Indias Occidentales y la India. Pero Francia no sería la única, otras potencias europeas parecían estar inmersas en empresas similares, lo que pronto originó conflictos entre ellas, especialmente entre Gran Bretaña y Francia. El progresivo poder económico y marítimo de Gran Bretaña terminó por inclinar la balanza en favor de los ingleses, con desastrosas consecuencias para Francia, perdiendo varias de sus colonias, como parte de la costa oriental de la India, Luisiana o sus colonias en Canadá. Ante tal situación, en 1769 —casualmente el mismo año del nacimiento de Napoleón—, el ministro de asuntos exteriores francés de Luis XV, el duque De Choiseul, diseñó un nuevo plan para ocupar Egipto, ya que debido al clima de aquel país y su mano de obra barata era una situación ideal para sus plantaciones de azúcar, con lo que pretendía sustituir o incluso superar las importaciones francesas desde las Indias Occidentales. Solo había un problema es este plan, y es que el Imperio Otomano era nominalmente un aliado de Francia desde hacía bastante tiempo, pero dicho problema se podría solventar comprando Egipto a los turcos. Pero aquello no prosperó, pues al año siguiente, el anciano Luis XV tomó como amante a la bella madame Du Barry, con la consiguiente pérdida del favor De Choiseul, quedando la política exterior y aquel plan nuevamente archivado. Las curiosidades del amor.

En 1776 la situación colonial francesa volvía a estar amenazada, por lo que aquella idea de convertir a Egipto en una nueva colonia francesa regresó del cajón del olvido, enviando el ministro de la Marina un emisario a aquel país, el barón François de Tott, quien tenía gran experiencia en asuntos por aquella zona. No obstante, su experiencia resultó de poca utilidad, ya que, a su llegada a el Cairo, De Tott fue escoltado a la Ciudadela, la fortaleza de la ciudad, para tener audiencia con el pachá, quien, una vez despidió a la multitud que llenaba la sala de Diván, le confió la existencia entre los beys de cierta inquietud sobre una posible revolución. No tardó en llegar la revuelta, justo cuando De Tott llegó a la residencia del cónsul francés. Después de varios días de enfrentamientos, los beys huyeron de la Ciudadela hacía el Alto Egipto, declarándose al mando del lugar un nuevo grupo de beys. Aquel caos se había convertido en la norma de vida en Egipto, con el pachá, que era simbólicamente el gobernador otomano, reducido a una mera figura decorativa a merced de los beys, los jefes provinciales, miembros de la casta guerrera de los mamelucos. Sería Napoleón quien, con la excusa de expulsar a los mamelucos y cortar la mejor vía de comunicación de los ingleses hacía la India, invadiera Egipto. 

6-A pesar de las masacres cometidas por Napoleón en Oriente, especialmente en Egipto y Palestina, con el fin de sembrar el terror en los corazones de la gente, todos los sueños de Napoleón se hicieron añicos en las murallas de la ciudad palestina de Acre. ¿Fue la estrategia represiva de Napoleón una de las principales razones para ¿Su derrota en Oriente y la pérdida de su sueño de llegar a India?

Como bien dices, fue en el fallido asedio de San Juan de Acre cuando el sueño de Napoleón de crear un imperio en Oriente se vino abajo. Y si bien Napoleón, cuando invadió Egipto, ordenó a todos sus hombres tratar bien a la población, en un intento de ganarse al pueblo egipcio, éstos lo venían como un invasor infiel. Es más, nada más llegar Napoleón difundió diversas proclamas para hacerles ver que venía en nombre de la paz y que incluso era amigo del Islam. Incluso tuvo la idea de construir un diván de dignatarios locales para gobernar El Cairo (pero siempre bajo su supervisión, claro). Sea como fuere, ambos pueblos, ambos mundos, se encontraban separados por el abismo de la incomprensión. Pasan los días mientras Napoleón trata de ser lo más amable, simpático y sociable con los mandatarios egipcios y sus gentes… Pero el comportamiento de muchos de ellos le hace exasperar. A Napoleón ya le había advertido de que allí la compasión en un gobernante era considerada como un signo de debilidad. Pero no quiso hacer caso de tal advertencia, ante todo quería congraciarse con la población y demostrar con su ejemplo y el de sus hombres las ideas progresistas que habían traído. Pero el trascurrir de los días le demostró que su amabilidad, sus buenas formas y sus ideas progresistas no eran correspondidas por la población local, quienes no paraban de hostigar a los soldados franceses, incapaces de actuar contra ellos debido a las órdenes de su comandante en jefe. Así pues, Napoleón no estaba dispuesto a tolerar semejante comportamiento tras su inicial intento de congraciarse con el pueblo egipcio, por lo que decide adoptar una dura actitud contra todo aquel que no obedezca sus mandatos y que su comportamiento sea inadecuado. Aunque seguiría intentando introducir sus ideas, a partir de ahora no habría remordimientos a la hora de utilizar los métodos más crueles contra ellos, aplicando a la población el mismo régimen disciplinario militar que imponía a sus hombres. Raro fue el día a partir de entonces que no se cortaban cinco o seis cabezas en las calles de El Cairo. Otros temas, como las fiestas de los franceses, las bebidas alcohólicas y las mujeres (tanto egipcias como francesas) enfurecieron a la población de El Cairo, quienes la noche del 20 de octubre de 1798 se levantaron contra el dominio francés, y al día siguiente gran parte de la ciudad se alzó abiertamente contra ellos. Aunque aquello pilló por sorpresa a Napoleón y a su ejército, pronto supieron darle la vuelta debido a su mayor preparación militar y a que contaban con mayor armamento. Tras aquello la represión contra el pueblo egipcio, o contra todo aquel que fuera sospechoso de haber participado en aquella revuelta, fue brutal. Una represión que duró días y que no solo trataba de inculcar temor, también dejar claro, ya sin ambigüedades, que aquellas eran ya sus tierras, que él era el dueño de Egipto. 

Tras esto, tuvo también que controlar otras revueltas, tanto en el norte de Egipto como en el sur. Entonces le llegaron noticias de que un gran ejército turco se estaba preparando para ir a Egipto contra él. Pero Napoleón no esperó a que aquello ocurriese, así que preparó una campaña en la propia Siria para adelantarse a los turcos. El 10 de febrero de 1799, al mando de 13000 hombres, partió a combatir contra aquella amenaza turca. Durante aquella travesía, hasta llegar a San Juan de Acre, Napoleón ofreció una de sus peores caras, cuando masacró a miles de personas en su asedio de Jaffa. Aquello bien pudo influir en la población cercana —todo musulmán o cristiano de la zona que estuviera en contra de los turcos—, y en la cual Napoleón había tenido la idea de que se les unieran al ejército francés, ya que estaba escaso de personal militar y necesitaba contar con que se les unieran tropas de aquellas zonas. Incluso se habla de que les prometió a la población judía de la zona que si les ayudaban en aquella empresa, les daría su “tierra prometida”. Según algunos historiadores esta sería la primera proclama al pueblo judío para que Palestina fuera suya. Otros, en cambio, creen que es una falsificación posterior. En todo caso, Napoleón pidió ayuda a la población cercana, pero nadie accedió a ello. Ningún ejército ni tropa cercana ayudaron a Napoleón a conseguir su propósito, en lo que, sin duda, tuvo mucho que ver su imagen de conquistador infiel y de aquellas noticias que llegaban de su terrible forma de actuar contra todo aquel que no accediera a sus pretensiones. 

Así que sí, una de las razonas, que no todas, de que no pudiera conseguir cumplir su sueño de crear un Imperio en Oriente, fueron aquellas duras represiones contra las poblaciones ocupadas. 

 7-¿Cuáles son las consecuencias de este sueño napoleónico en Oriente y Occidente?

Con la perspectiva y ventaja que nos da el tiempo, podemos comprobar, al menos en Occidente, que en aquella expedición se gestaron muchas de la ideas y formas de gobernar que se llevaron a cabo posteriormente en Francia y en gran parte de Europa. Napoleón había tenido un sueño, sí. El sueño de crear un gran imperio Oriental. Pero aquel sueño, lejos de desaparecer, se transformó en otro sueño imperial, pero esta vez en Europa. Es más que probable que la ambición que fue naciendo en Egipto regresase junto a él a Francia, y que su megalomanía, nacida durante su estancia en el país de los faraones, fuera la responsable de verse así mismo con Emperador. Sin la experiencia en Egipto, a nadie se le hubiera ocurrido considerar aquello. Napoleón, tras aquella campaña, dio un golpe de estado en Francia, se convirtió en Primer Cónsul; años después se autoproclamó Emperador y conquistó casi toda Europa. Esto tuvo serias consecuencias para el devenir occidental, ya que si bien plantó las semillas de la revolución e ideales de la Ilustración francesa en toda Europa, con adelantos en temas sociales como la educación gratuita, mejoras sanitaras, mejores leyes y el final del absolutismo, también enalteció sentimientos nacionalistas que derivaron en la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini, la propia revolución rusa o la España de Franco. 

Volviendo a lo que Napoleón hizo tras aquello: si bien intentó reformar un país como el egipcio, tan atrasado en lo que se refería a leyes, todo aquello luego lo trasladó a la propia Francia, y luego se iría extendiendo por toda Europa. Podríamos decir que el fundamento de gran parte de los sistemas legales que a día de hoy rigen los países europeos son gracias al famoso Código Napoleónico, pero éste no es sino una evolución de lo que trató de implantar en Egipto. Si bien Napoleón intentó, o por lo menos estaba dispuesto a ello, convertirse al islamismo para poder así conseguir el apoyo de los dignatarios egipcios y a la población, en un acto que podríamos calificar como de hipócrita y oportunista, lo mismo hizo cuando en 1801 firmó un concordato con el papa. Siguiendo con los paralelismos, cuando ocho años más tarde de la derrota de la batalla del Nilo (el desastre de Abukir) a manos de Nelson, le siguió la derrota francesa en Trafalgar (21 de octubre de 1805), la reacción de Napoleón fue lo que podríamos decir casi la misma: Napoleón no vio en ambas derrotas un desastre total que acabara con sus sueños de crear uno y otro imperio. Por otra parte, el fracaso de la toma de Acre y su posterior retirada llena de inconvenientes, recuerdan, y mucho, al fracaso ocurrido tras el intento de invasión de Rusia en 1812 y su posterior retirada a través de Europa. En una tuvieron que soportar el duro clima desértico; en otra el duro clima invernal de las praderas rusas. También no podemos dejar pasar que, Napoleón, al abandonar a su ejército en Egipto para dirigirse a Francia, trece años después lo haría con su ejército de Moscú para regresar rápidamente a París… Y para finalizar con las semejanzas, su regreso de Egipto a Francia visto por la población como el salvador de la República, tendría cierto parecido a cuando regresó del exilio de la isla de Elba, siendo recibido en honor de multitudes. Pese a todo, para Napoleón los mayores logros de la campaña egipcia no fueron militares o estratégicos, sino intelectuales, culturas y artísticos, como bien hablamos en una anterior pregunta. 

Por lo que a Oriente se refiere, tras la campaña de Napoleón en Egipto se inauguró una nueva era del orientalismo, ya que toda la zona se puso al servicio del colonialismo brutal europeo.

8-¿Es posible decir que el personaje de Napoleón es una figura histórica psicopática?

Bien, pese a que en historia es un error juzgar algo del pasado con los ojos actuales, es posible insinuar que Napoleón tenía una personalidad algo psicópata. Una psicopatía que creció, sin duda, con la megalomanía que surgió en su estancia en Egipto persiguiendo el sueño de crear un Imperio. No obstante, pocas figuras como Napoleón desatan, aún hoy, tanta admiración como rechazo. Para algunos es uno de los más grandes de la Historia, a la altura de Julio César o Alejandro Magno; otros, sin embargo, lo equiparan a Hitler o Stalin. Por mi parte, tras estudiar durante varios años su vida, puedo decir que lo amo y lo odio por igual. Es más, en mi libro El sueño oriental de Napoleón, he tratado de buscar más el lado humano y personal, para bien y para mal. En eso he tratado de ser lo más equidistante posible, sin sesgar información. Esa, al menos, debe ser la labor de un historiador.  

 9-¿Cómo fue el impacto de la campaña militar de Napoleón en la literatura árabe y la literatura francesa?

Posiblemente la mayor contribución, o el mayor impacto en la literatura árabe tras aquella campaña, fue una especie de “Renacimiento” o “Despertar árabe” de la literatura y el pensamiento árabe. Algo a lo que se le denomina como Al-Nahda. Aunque hay que decir que movimiento no fue una vuelta al pasado, como fue el Renacimiento europeo, sino todo lo contrario, fue visto como un movimiento de revisión literaria y cultural adjudicando como beneficiosa la contribución de Occidente. Un claro ejemplo de ello sería la incorporación de un género nuevo para la literatura árabe, como fue la novela, pues a pesar de contar con una narrativa de larga tradición, las primeras novelas en árabe fueron adaptaciones libanesas de novelas históricas de tipo Occidental, como la seria de novelas escritas por Salim al-Bustani, como Zanubiyya

En Occidente, siguiendo la ya tradicional aportación de la novela, la campaña de Egipto ofrecería todo un catálogo de novelas que, amparadas en aquella expedición, inventaría todo tipo de historias, la mayoría de ellas de corte más fantástico o aventurero. 

10-¿Última palabra? 

Para acabar, me gustaría agradecer la oportunidad de hacer llegar este trabajo, esta entrevista, al pueblo musulmán. En un mundo cada vez más crispado y donde el odio y la incomprensión al “otro” están a la orden del día, con movimientos políticos cada vez más posicionados en generar tensión entre distintos pueblos y regiones, es de valorar a quienes tendéis puentes culturales y de amistad. Ojalá no se den nunca más invasiones en territorios ajenos —y menos en nombre de un Dios o una supuesta superioridad moral—, ni personajes como Napoleón. Ojalá. Ante eso, cultura, literatura, humildad, respeto y amistad entre pueblos. 

Un fraternal saludo al pueblo egipcio en particular y al musulmán en general. 

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