Latifa Laamarti profesora en la escuela de ingenieros de Tanger, Doctora en lenguas y literaturas hispánicas

La idea dominante es que las mujeres siempre sufrieron discriminación y opresión desde el comienzo de la humanidad, que siempre fueron educadas en la sumisión sobre todo las mujeres no europeas, por eso, hoy nos sorprende saber que en Marruecos existieron mujeres que desempeñaron papeles importantes en sus sociedades, en todos los dominios como Zaineb Nafzaoui, la reina de los almorávide y Fatima Alfihría quien fundó la universidad más vieja del mundo en el año 892 en Fez. Nos sorprende mucho más saber que hubo mujeres musulmanas poderosas que llegaron a controlar también los mares como Malika Fadel ben Salvador (1302-1350?) y Sayyida al-Hora (1485- 1542), mujeres que, desde el punto de vista occidental, se consideraban piratas, sin embargo para nosotros ellas no hacían más que defender sus pueblos y territorios de la invasión osada y continua de los occidentales.

Pese a su importancia histórica, esas mujeres se condenan a la invisibilidad. El hecho de silenciar las historias y experiencias femeninas en vez de incluirlas en los manuales escolares, por ejemplo, muestra claro que todavía queda mucho por hacer y decir en cuanto al tema de  igualdades y justicia social. Surge, pues, la necesidad de promover estudios que incorporen y valoren la visión de vida de las mujeres, y este es el objetivo principal del presente artículo dedicado a resaltar la historia de Sayyida al-Horra, mujer corsaria que se convirtió a la reina de los mares por su heroísmo y valentía excepcionales. En otras palabras, pretendo recuperar la memoria de aquellas mujeres que construyeron el Marruecos de hoy e hicieron su historia, re-escribir la historia desde otra lógica que adopte el punto de vista de los oprimidos, de los condenados a la invisibildad como lo son las mujeres.

Sayyida al- Horra se considera una de los personajes más importantes e influyentes en la historia del Marruecos. Gobernó Tetuán y la región del norte de Marruecos más de treinta años, entre 1510-1542. Era una gobernadora fuerte, con mucho carácter que tomó las riendas de su pueblo, de hecho, la ciudad de Tetuán conoció bajo su reinado un esplendor incomparable. Rodolfo Gil Grimaw, uno de los pocos historiadores extranjeros que escribieron sobre ella, la considera una de las personalidades femeninas más importantes del occidente islámico en la Edad Moderna, tanto por sí misma como por lo que vino a significar en la historia de Marruecos, y yo añadiría de España y de Portugal también porque ella fue enemigo feroz de estas naciones por impedir que se expandiesen en Marruecos, por lo cual llegó a desempeñar un papel político de gran relevancia en la región.

La historia de esa mujer, en algunos de sus aspectos, se envuelve de misterio, pese a su importancia política e histórica, y son pocos los historiadores que se interesaron por sacarla del anonimato, entre ellos están Sidi Muhammad Dawud y Jamal Ddine Raissouni. Además encontramos versiones diferentes sobre algunos datos de su vida como el lugar de su nacimiento y su nombre. Para muchos, ella se llamaba Aicha porque al-Horra – en español equivale a dama noble- se daba a las mujeres nobles de rango social alto, de hecho, este nombre lo han llevado varias notables mujeres musulmanas. Sin embargo, el historiador marroquí Jamal Ddine Raisoni, especialista en la historia de Chauen, afirma que al-Horra era su verdadero nombre porque figura en el acta de su matrimonio con el sultán marroquí Ahmed Wattasi. En lo que concierne su lugar de nacimiento, lo más probable es que nació en Granada, luego vino con su familia a Chauen cuando los españoles expulsaron a los musulmanes del Ándalus.

Sayyida al-Horra era hija del emir sidi Ali ben Rachid y de Catalina Fernández, una española de Vejer de la Frontera, cerca de Cádiz, que se convirtió al islam y se llamó Lalla Zuhra Fernández. Era grande el amor que sentía el emir por ella que construyó la ciudad de Chauen a semejanza de Vejer nada más para complacerla, de ahí viene la hermandad actual entre  Chauen y Vejer.


Fuente de la imagen: wikipedia

Todos los estudiosos de la historia de Sayyida al-Horra destacan su inteligencia excepcional y su fuerte personalidad y eso se debía a la formación que recibió de parte de los maestros más importantes de la región como Abdellah Ghazwani. De niña, aprendió idiomas, (árabe, español y portugués) teología, matemáticas y otras disciplinas. Mostró grandes competencias de liderazgo. De hecho, a sus 16 años ya gobernaba junto con su marido Hassan Mandari, el gobernador de Tetuán, antiguo jefe militar de Granada y amigo de su padre. Ella le asistía, ocupaba su lugar cuando salía en misiones, y cuando él se enfermó y se quedó casi ciego ella tomaba las decisiones. Después de su muerte, se convirtió oficialmente en gobernadora de Tetuán. Hay que decir que su matrimonio con el Mandri era pensado para reforzar la alianza entre las dos familias y enfrentarse a la invasión de los españoles y portugueses.

Destacamos también su casamiento por segunda vez con el sultán de Marruecos Ahmed el Wattassi. Era un matrimonio político igual que aquel de los reyes católicos de España. Pues como ella tenía mucho poder, el rey necesitaba su apoyo para contrariar la influencia de los Saidies que habían ocupado Marrakech. Y, después de su matrimonio, ella se quedó en su ciudad gobernando. Este matrimonio fue un acontecimiento histórico muy importante por el hecho de que fue el propio soberano quien se trasladó a Tetuán, contrariamente a la tradición o al protocolo que es siempre la novia quien se traslada a la casa del novio.

En lo que concierne su actividad como corsaria, es de subrayar que compartía el control del mediterráneo con el turco Aruj Barbarrja y su hermano. El pacto firmado con ellos le permitió controlar la parte occidental del Mediterráneo desde Marruecos y a ellos la del este desde Argelia. Esta alianza le dio mucho más poder que el que ya tenía y así pudo defender su región de las intenciones invasoras de los españoles y portugueses, por eso ellos la llamaban reina pirata de Tetuán, (también princesa pirata y leonesa de Tetuán), sin embargo no podemos considerarla una pirata simplemente porque no lo era. Ella no practicaba la piratería sino un corso reglamentado lo que en árabe se llama “al jihad al bahri” como forma de resistencia contra las invasiones extranjeras, de hecho saboteaba el tráfico marítimo de los portugueses que habían tomado Ceuta.  Hemos de saber que al-Hora gobernó principios del siglo XVI que era una época crítica para Marruecos, una época de invasiones y luchas sangrientas tanto locales como extranjeras. No era fácil gobernar en ese contexto conflictivo caótico, pero ella lo hizo con mucha inteligencia y sabiduría. Y gracias a la actividad del corso y a su alianza con Barbarroja ella pudo defender su territorio incluso de los turcos que en aquella época también suponían un peligro para la región; por eso Sayyida al-Hurra se considera también una de los protagonistas de la resistencia. Por ende, y conociendo el contexto de su historia, debemos llamarla reina de los mares y no pirata.

Es de saber que el corso era una actividad permitida por los estados, como una forma de defenderse atacando al enemigo. Los inmigrantes andalusíes, sobre todo los granadinos, se dedicaban de modo muy activo al corso para vengarse de los españoles que les expulsaron de sus tierras y casas. Sayyida al-Horta inició su carrera de corsaria con su marido Hassan el Mandri, pues juntos sostuvieron y financiaron la navegación corsaria contra los españoles y los portugueses. Sin embargo, ella nunca navegó o lideró ninguna de las incursiones corsarias. Controlaba desde fuera, construía y preparaba barcos, daba órdenes a los capitanes para ir lo más lejos posible en alta mar a contrarrestar los planes de los invasores extranjeros y negociaba los rescates para los numerosos marineros portugueses y españoles que capturaban sus hombres.

Por supuesto, mujeres así fuertes y determinantes suelen tener muchos enemigos. Los portugueses eran los peores enemigos de Sayyida al- Hora.  Pero también tenía enemigos dentro de la familia como su hijastro Ahmed el Mandri. Ellos se aliaron el 22 de octubre de 1542 y así  la destituyeron y la expulsaron de Tetuán. Entonces, volvió a Chauen donde murió y se enterró. Su tumba, en la Zawiyya Raisuniyya, se convierte hoy en un lugar de peregrinación sobre todo para las mujeres feministas.

Sayyida al-Hora es muy conocida no solo en Tetuán sino en todo Marruecos. La pregunta que se plantea ¿porque las vidas e historias de esas mujeres líderes suelen estar envueltas de misterio e incertidumbre? Evidentemente hay una voluntad de estigmatizar las historias femeninas por eso encontramos versiones diferentes sobre sus vidas e historias, que pretenden convertirlas en simples personajes mitológicos de pura fantasía como es el caso de la llamada Aicha Kandecha que bien podría ser Sayyida al-Horra. Según la historiadora americana feminista Gerda Lerner, se niega a las mujeres sus historias porque la Historia siempre se ha escrito por los varones que solo valoran y registran lo que hacen los varones ignorando y omitiendo la contribución femenina. En lo que concierne las mujeres musulmanas, hay que decir que el colonialismo tuvo mucho que ver con su invisibilización. Sabemos que el colonizador siempre pretendía estigmatizar la historia del conquistado, por eso cada vez conocemos menos nuestra historia y desconocemos a nuestras mujeres líderes que desempeñaron un papel importante en el progreso de Marruecos. El empeño de los occidentales de llamar a Sayyida al-Hurra una pirata, muestra una intención clara de desvalorar su importancia histórica y política, y convertirla así en simple gobernadora sin escrúpulos que saqueaba y robaba sus barcos.

Para mí la existencia de mujeres así tan fuertes, tan poderosas que tomaron las riendas de pueblos y naciones con sabiduría e inteligencia política muestra que las sociedades amazighs marroquíes de antaño no eran patriarcales entendiendo por el patriarcado un sistema político de dominación y de exclusión del otro, un sistema de supeditación y subordinación que genera relaciones sociales de jerarquía y dominación y por ende promueve el ejercicio de todo tipo de violencia y discriminación impidiendo a la mujer llegar a puestos de liderazgo. Seguramente, esas mujeres llegaron a ser grandes líderes porque tuvieron oportunidades de formarse, de desarrollarse y realizarse, no hubieran podido llegar a serlo de haber existido el sistema patriarcal como el que domina hoy día.