El multimillomario Aziz Akhannouch, amigo del rey, vence en las urnas al frente de un partido artificial y se perfila como el próximo jefe de Gobierno

El Palacio Real, desde donde se gobierna Marruecos, ha conseguido deshacerse de la única formación política que, pese a su moderación, podía suponer un incordio para sus designios: el islamista Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD) que encabezaba el Gobierno desde hace una década.

Esta formación padeció en las elecciones legislativas del pasado miércoles una estrepitosa derrota que dividió por 10 su número de escaños —de 125 a 13— y la convirtió en la octava fuerza política del Parlamento. Fue el partido de la mayoría relativa de 2011 a 2021.

Las elecciones legislativas coincidieron con las regionales y con las municipales. Aunque el escrutinio iba algo más lento, el recuento de votos en algunas mesas electorales apuntaba a que el PJD podría también perder varios de los grandes ayuntamientos que encabezaba, como Tánger, Rabat, Marrakech, Agadir o Salé.

Quizás esa triple cita electoral explique que, según el Ministerio del Interior, la participación (50,35%) haya sido algo más alta que lo habitual. En 2016 fue del 43%. Interior la calcula sobre los 18 millones de adultos marroquíes inscritos en el censo electoral, pero los marroquíes mayores de edad son, en realidad, 24 millones. Por dejadez o por rechazo, seis millones no se toman la molestia de apuntarse en el censo. La participación real es, por tanto, del 37%.

Los vencedores de las elecciones legislativas son partidos algo artificiales fundados o alentados desde el poder. El gran ganador es, con 102 escaños, el Reagrupamiento Nacional de los Independientes (RNI) que encabeza el ministro de Agricultura, Aziz Akhnnouch, de 60 años. Compuesto por notables locales, empresarios y miembros de profesionales liberales, el RNI fue inspirado a finales de los 70 por el entonces todopoderoso ministro del Interior, Driss Basri, que quería erigir un dique de contención ante la izquierda.

Considerado como amigo del rey Mohamed VI, de 58 años, Akhnnouch es el hombre más rico de Marruecos después del monarca. Es el accionista mayoritario de unas 60 empresas que abarcan desde la distribución energética, como Afriquia o Ultra Gaz, hasta la prensa donde posee publicaciones en Marruecos, como ‘La Vie Économique’, y en Francia, ‘Le Courrier de l’Atlas’. Su fortuna ronda los 2.000 millones de dólares, según la revista estadounidense ‘Forbes’.

Akhnnouch, que curiosamente no se presentó a diputado, se convertirá, probablemente, en el nuevo jefe de un Gobierno marroquí de amplia coalición. El jueves a mediodía mostró su disposición a “aliarse con partidos que comparten los mismos principios (…)”, dejando claro que los islamistas acabarán con la oposición. Su nombramiento tendrá una ventaja para los vecinos occidentales de Marruecos. Contarán con un interlocutor de peso con acceso directo al rey y no constantemente vapuleado desde palacio como ha sucedido con el actual primer ministro, el islamista Saadeddine el Othmani, de 65 años.

El segundo ganador de las elecciones es, con 87 escaños, el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM). Fue fundado, en 2008, por Fouad Ali el Himma, apodado el ‘virrey’, gran amigo de Mohamed VI y hoy en día el primero de los consejeros reales. Lo creó con la intención de hacer contrapeso a los islamistas cuyo auge ya empezó a principios de este siglo y alcanzó su zenit a partir de la Primavera Árabe. Himma dimitió en 2011 y volvió a reincorporarse al Palacio Real. RNI y PAM serán, probablemente, los dos pilares de la nueva coalición de Gobierno.

En el ‘ranking’ de partidos victoriosos en las urnas figura a continuación una formación que, esta vez sí, tiene auténticas raíces en la historia de Marruecos. El Istiqlal, el partido de la Independencia, obtuvo 81 escaños, más del doble que los socialistas que se conformaron con 34.

La medida de la derrota de los islamistas la dan no solo los resultados globales, sino que, por ejemplo, Othmani, el jefe del Gobierno saliente, no haya salido elegido en la circunscripción de Rabat-Océan por la que se presentaba. El PJD tampoco ha conseguido ningún escaño en la principal circunscripción de Tánger, hasta ahora uno de sus feudos tradicionales.

“El problema ha sido la lluvia de dinero distribuido a los electores que continuó hasta el mismo día de las votaciones”

El descalabro de los islamistas moderados es, en parte, achacable a la adopción en marzo de una nueva ley electoral que les perjudica, al diseño de las circunscripciones que privilegia a la población rural que no le es afín, a una campaña electoral en la que no pudieron movilizar en la calle a causa de las restricciones sanitarias y a la corrupción. “(…) El problema ha sido la lluvia de dinero distribuido a los electores que continuó hasta el mismo día de las votaciones”, denunciaba el islamista Driss El Azami El Idrissi al semanario ‘Tel Quel’. Algunos pequeños partidos de izquierda formularon quejas similares.

Pero su fracaso en las urnas es de tal calibre que no solo es explicable por las manipulaciones instigadas por un palacio real que se sentía incómodo por tener que compartir una parcela de poder, por pequeña que fuera, con un partido de inspiración religiosa. En un país donde las grandes decisiones, incluidas aquellas relacionadas con la pandemia, se toman en el Palacio Real o en ministerios —como Interior, Justicia, Exteriores, etcétera— cuyos titulares designa el rey, el PJD ha dado la impresión de ser poco útil al frente del Gobierno.

Hasta las anteriores elecciones legislativas, en 2016, contaba con un líder carismático, Abdelilá Benkirane, pero las maniobras de Akhnnouch, probablemente por encargo de palacio, le impidieron entonces volver a formar un Gobierno de coalición. Mohamed VI encargó esa tarea al segundo en el PJD, Othmani, un personaje insípido vapuleado por la prensa afín al Palacio Real. Benkirane pidió el jueves a Othmani, a través de las redes sociales, que dimita como secretario general del partido.

Pese a la derrota del PJD, gran parte de los marroquíes se identifican con la corriente islamista. Su cuasi desaparición en el Parlamento no significa que el Islam político haya sido eliminado. Quizás el fracaso electoral de los islamistas moderados dé alas a Justicia y Caridad, un movimiento alegal, pero a veces tolerado, que constituye la principal fuerza extraparlamentaria de oposición. Rechaza reconocer a Mohamed VI como comendador de los creyentes, es decir, jefe espiritual de los musulmanes marroquíes.

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