mustafa akalay nasser.Profesor – investigador de la Universidad privada De FÈS.

Viajar por el norte de Marruecos, Ya no es la aventura exótica que fue para tantos pintores románticos cuando en sus viajes iniciáticos quedaban hechizados por un Oriente idealizado. Un ejemplo, es el pintor Mariano Fortuny cuando en 1860 fue enviado por la diputación de Barcelona a Tetuán para ilustrar en sus cuadros la guerra romántica o Guerra de África. El pintor vivió un éxtasis estético inigualable, captando en sus dibujos y cuadros todo un repertorio de escenas, formas y colores que van a imprimir un sello particular a toda su obra posterior. A partir de su estancia en Tetuán, la luz va a ser para Fortuny uno de los elementos constitutivos del color. Este arrobamiento también se manifiesta en el imaginario escapista de los textos literarios de Pedro Antonio Alarcón y por supuesto en la obra de pintores orientalistas, tales como: Delacroix, Yriarte, y que alcanza la plenitud con el exotismo u orientalismo arquitectónico interiorizado de Antonio Gaudí en su proyecto inédito tangerino <<Las misiones católicas de África>>.

1892 será un año decisivo en la historia de Gaudí, después de un viaje por Andalucía y norte de Marruecos en compañía del Marqués de Comillas, proyecta un edificio destinado a iglesia e instituto de enseñanza para las misiones católicas de África. El viaje de Gaudí por el norte de Marruecos, se enmarca en esa fascinación que ejercía el mundo arábigo-musulmán sobre escritores, poetas y artistas de la época: “Con toda convicción, exhorta Gaudí; Que no se vaya a buscar al norte el arte y la belleza; que estas se encuentran en el Mediterráneo, de cuyas riberas, Egipto, Asiria, Grecia, Roma, España, Norte de África han salido todas las obras de arte” (Tokutoshi Torii: El mundo enigmático de Gaudí. Instituto de España. Madrid, 1983.)

Gaudí en su viaje iniciático al norte de Marruecos y concretamente a Tánger y Tetuán descubre un mundo fantástico, legendario y alegórico, se impacta por algunos elementos característicos de la estética marroquí tales como la fuerza de lo blanco, la estructura cúbica de las casas tetuaníes y tangerinas, la luz azulada y ocre, la vegetación salvaje y domesticada, las inmensidades desérticas, los imponentes minaretes de las mezquitas que abundan en la escenografía de las medinas.

Tan fuerte va a ser la huella dejada en artistas, escritores y pintores, que apenas cabe una mirada inocente sobre esta región. Hay una forma de contemplar dictada por la estética romántica que se nos impone en cuanto nos adentramos en medinas y zocos, tiendas de artesanos o viviendas arrinconadas en torno a patios a media luz; nos siguen cautivando hoy a comienzos del siglo XXI, el caserío compacto de las medinas, las torrecillas blancas de los minaretes, las cúpulas de los morabitos, los ocres terracota y siena de las murallas, los azules y amarillos de las jacarandas y mimosas. Todo este entorno está lleno de historia viva, milenaria, pero también al otro lado de las murallas hay una vida, aunque reciente, en las ciudades modernas fundadas a partir de la instauración del Protectorado Español en el norte de Marruecos, y adyacentes a las medinas tradicionales por ejes urbanizados conforme a criterios modernos. Un testimonio espléndido lo tenemos en el ensanche de Tetuán.

“El ensanche de Tetuán constituye hoy una pieza urbana singular y reconocible, que desempeña un papel importante en el conjunto de la ciudad, entre la vieja medina y los desarrollos recientes, y que representa la huella física más relevante de la presencia española en el norte de Marruecos. En efecto, la ciudad europea, construida al oeste de la histórica, presenta una trama heredada de la forma según la cual la sociedad colonial ocupo el espacio en que asentó su principal centro urbano, administrativo y comercial, y una arquitectura, fruto de los modelos culturales importados de la península. Sobre ella, los cambios de composición social y de cultura se han instalado, manteniendo una identidad morfológica y funcional, con relación a si misma, y al conjunto… El ensanche se asemeja a una ciudad andaluza de los años cuarenta, pegada a la vieja medina, una de las más interesantes del norte de África, con el Feddan como elemento articulador. Frente al mundo abigarrado y ancestral de la medina, y frente a los disgregados desarrollos recientes, el barrio español ofrece sus ordenados volúmenes blancos y su trama espaciosa, cuya armonía quiebran espacios arbolados y torres. Es un bello trozo de ciudad mediterránea, en la que tradición andaluza y marroquí, y una añeja modernidad, con una equilibrada relación entre lo público y lo privado, entre lo edificado y las calles y las plazas, producen un conjunto muy próximo a ese modelo compacto y armónico que reivindica la cultura urbana actual. (Julio Malo Molina, Tetuán, el ensanche, guía de arquitectura, 1913-1956.La junta de Andalucía, 1994).

He aquí lo que dice de esta ciudad el historiador andalucista Rodolfo GilBenumeya: “Tetuán era un pedazo de Andalucía, una avanzada de la España del sur. Pero no la Andalucía trágica de los cortijos, las minas, los bandidos y los torerillos de capeas. sino la Andalucía clásica, la bonita, la romántica, la de claveles y ojos negros, seda y oro, fuego y sangre, majeza, garbo y salero, como en las provincias apartadas del califato Ben Omeya … por la muralla rota ha penetrado el Barrio Nuevo, el Ensanche acumula y extiende sus casillas de arrabal europeo…Tetuán es la máxima posibilidad de la zona española. El misterio de sus callejuelas seculares con sus rincones dignos de Rembrandt; el hechizo romántico de una ciudad que fue colonia granadina, en un marco incomparable de sus huertas y montañas, la proximidad del estrecho de Gibraltar por el que pasan la mitad de los barcos del mundo y las ventajas que para su urbanización y embellecimiento debía conferirle su situación de capital de la zona. (Benomar, revista de la raza, agosto-septiembre, 1927).

En realidad, el proceso de crecimiento o expansión de la ciudad de Tetuán ha tenido lugar a través de diferentes procesos históricos muy dependientes de los modos socioeconómicos imperantes. De la ciudad amurallada de la época andalusí que representa la medina, al ensanche decimonónico de la época industrial, que dará paso en el siglo XX a una ciudad donde se aprecian todas las tipologías históricas , que mantienen un modelo compacto de edificación que posibilita todavía que la ciudad preexistente y colonial  sea asumible a escala humana, donde la accesibilidad y la movilidad de los habitantes se realizan en términos aceptables , pese a las tendencias de dispersión urbana, que como en  Tetuán, cada vez influyen más en la configuración de la aglomeración contemporánea.  

En un capítulo de un libro publicado sobre Tetuán, el urbanista Mohamed Metalsi describe la expansión desmesurada de dicha ciudad en unos términos que merecen su reproducción in extenso: “Recuperada la independencia, Tetuán conoció otro destino…En resumidas cuentas, se pasó de una ciudad estable, la medina a una ciudad colonial relativamente controlada: el ensanche, para llegar a una metrópoli incontrolada donde el espacio y el tiempo cambian completamente el ritmo y los valores.

El urbanismo simbólico de la ciudad andalusí se transformó durante el protectorado en un urbanismo del signo, donde la búsqueda de la forma inherente a los estilos españoles y europeos y a las formas artísticas marroquíes, reminiscencias de un pasado común, fue la principal preocupación de los arquitectos españoles. Durante la independencia, Tetuán, esa ciudad compacta hasta los sesenta se convirtió en una ciudad dispersa e improvisada que se esforzaba por responder a lo más urgente y elaborar un urbanismo sin arquitectura, limitándose simplemente a la instalación de infraestructuras mínimas para permitir, en un futuro impreciso, la integración de una sociedad urbana de transición. Pero, en una sociedad en crisis de ciudadanía o <citadinité>, ¿el urbanismo es concebible o no es más que una quimera? Objeto de una modernidad anhelada, Tetuán actualmente, es una fuente de inquietud y de desarraigo, ¿acaso la metrópoli dispersa no es el lugar por excelencia de todas las crisis y de todos los peligros? y está dominada por la brutalidad de los contrastes, la violencia de los antagonismos, la crueldad de las desigualdades y la amplificación de toda clase de disparidades. Pero es también el lugar de la emancipación, de la acumulación de las riquezas, de la iniciativa individual y de la creación. A ello vienen a añadirse las graves preocupaciones vinculadas al medio ambiente. Todos estos problemas se ven acompañados por la pérdida de una ciudadanía milenaria, por la muerte social y la degradación cultural. (Mohamed Métalsi, Tetuán, entre memoria e historia. Malika éditions. Paris, 2004).

Acercarse a la ciudad dispersa, ejemplo Tetuán y hacerlo desde el punto de vista medioambiental supone mirar un fenómeno de inusitada complejidad, abierto y en constante transformación, la ciudad improvisada está siempre sin terminar, en continuo estado de emergencia. Es una emergencia colectiva, con problemas cuyo volumen e intensidad asombran al observador: contaminación, falta de infraestructuras básicas en barrios periféricos, carencias de vivienda, salud, seguridad o equidad para poblaciones crecientes. Se altera la ciudad saturándola con cemento, lo público se hace privado. Se cementa el suelo forestal, el rústico y las servidumbres de los ríos. Se invade el litoral con el señuelo de puertos deportivos y campos de golf. Se deteriora, cuando no se destruye el entorno, los equipamientos y la propia vida ciudadana. Al calor de los disparatados incrementos del precio de la vivienda, se han consolidado prácticas insidiosas que defraudan los derechos de los consumidores. Tetuán, como muchas ciudades de Marruecos, presenta una aguda crisis, léase déficit, en lo referente a la atención de la vivienda para personas de escasos recursos económicos. El déficit crece cada día con el incremento de la población urbana por múltiples causas, siendo una de ellas la migración. Migraciones campo ciudad, por una parte, estimuladas por los espejismos de oferta de trabajo y mejores condiciones de vida, y, por la otra, por la pauperización de las zonas campesinas. El proceso de urbanización acelerado y sin planificación estratégica urbana durante décadas en Tetuán ha producido, una ruptura en el tradicional equilibrio entre las zonas rurales y las zonas urbanas. “La ciudad pletórica, desmesurada y devoradora de superficies agrícolas que ya escasean, transformadora de los hombres y de su cultura, se despliega por la movilización de su espacio, que se hace mercantil y, en mayor medida aún, especulativo.  Reúne asentamientos sin integrarlos en la ciudad, descompone las identidades culturales sin procurar a sus habitantes nuevos instrumentos que faciliten su arraigo en comunidades nuevas ni posiciones bien ancladas para mejor adaptarse al espacio”. (Mohamed Métalsi,Crisis de lo urbano en el mundo árabe. In Juan Calatrava Escobar; La ciudad: paraíso y conflicto. Abada editores, Madrid, 2007).