Horrapress Fátima Zohra Farati Hajjar

La relación que tenemos con nosotros mismos es sin duda la relación más importante de nuestras vidas. Esta relación es la base de muchas virtudes, incluso del altruismo.

Es fácil identificar sus aspectos patológicos, como el narcisismo negativo, las percepciones altamente egoístas, la incapacidad de conectar y la empatía por los demás .

Por supuesto, es igual de fácil tambien identificar los aspectos positivos que nos da este sentimiento de “aceptarme a mí mismo”, como cuando lo pasamos bien con nuestra gente, cuando tenemos buenas habilidades interpersonales o cuando alcanzamos nuestros objetivos.

La relación de una persona consigo misma es vital para su correcto desarrollo cuando se trata del amor saludable del yo.

En la etapa temprana de nuestro desarrollo, aprendemos de muchas de las personas importantes en nuestras vidas, como nuestros padres, hermanos, familia, compañeros y otros adultos sobre cómo relacionarnos, en lo que es bueno y lo que es malo, lo que nos agrada y lo que no nos gusta, y es cuando nuestras relaciones con los demás dan forma a la relación que tenemos con nosotros mismos. A medida que nos hacemos mayores, la forma en que los demás nos tratan y la forma en que se tratan a sí mismos tienen una influencia decisiva en la forma en que nos tratamos a nosotros mismos como adultos.

Por tanto, tener una correcta y buena autoestima nos ayuda a mantener equilibrio y tener un desarrollo correcto, mientras deteriorarla afecta negativamente nuestra capacidad para manejar los desafíos y las frustraciones de la vida. Cuando nuestra autoestima se deteriora, todas nuestras relaciones se ven afectadas, incluyendo nuestra relación con nosotros mismos. Dejamos de sentirnos seguros, nos comparamos con los demás y dudamos y nos criticamos a nosotros mismos. No reconocemos ni honramos nuestro valor, tampoco nos atrevemos a expresar nuestras necesidades ni deseos.