El Gobierno se plantea hacer un gesto de distensión con Marruecos para desbloquear la crisis

Miguel González López El pais

La visita de un ministro a Rabat o una llamada del Rey a Mohamed VI, entre las alternativas que estudia el Ejecutivo

La crisis entre España y Marruecos ha entrado en punto muerto. El Gobierno marroquí guarda silencio desde que, en la madrugada del miércoles, el líder del Frente Polisario, Brahim Gali, regresó a Argelia.Rabat no ha reaccionado a su salida de España, como se temía. Pero tampoco contesta a las llamadas de las autoridades españolas para resolver la situación de los menores en Ceuta o las temporeras en Huelva. El Gobierno estudia hacer un gesto que desbloquee la situación y evite una nueva escalada de la tensión. Puede ser la visita de un ministro o una llamada de Felipe VI.

La situación actual es muy peligrosa, según fuentes diplomáticas, porque domina la desconfianza y cualquier incidente, inocuo o fortuito, puede ser malinterpretado y agravar la crisis. Marruecos no ha dado un nuevo paso en la escalada (expulsando al embajador español en Rabat o suspendiendo la cooperación de los servicios policiales y de inteligencia), pero hace oídos sordos a las llamadas de Madrid para afrontar problemas que no admiten demora: los casi 1.000 menores y alrededor de 500 adultos que entraron irregularmente en Ceuta y siguen bloqueados allí; o las 12.600 temporeras marroquíes que han concluido la recogida de la fresa y no pueden regresar a su hogar. A solo 11 días de la fecha oficial de arranque de la Operación Paso del Estrecho, el mayor tránsito de personas y vehículos en Europa,Marruecos no aclara si piensa llevarla a cabo o la suspenderá como en 2020.

La prioridad del Gobierno español es volver cuanto antes a la normalidad. Para facilitar la distensión, estudia hacer algún gesto que sirva a las autoridades marroquíes para pasar página. Madrid ya tuvo un primer gesto cuando informó a Rabat de la marcha de Gali, sin estar obligada a ello. Además de atender a las advertencias de Marruecos, que había dicho que una salida clandestina del líder del Polisario dañaría aún más la relación bilateral, reconocía así implícitamente que fue un error no avisar al país vecino cuando fue hospitalizado en Logroño el pasado 18 de abril.

Pero este gesto no bastaría, a juzgar por el comunicado que el Ministerio de Exteriores marroquí difundió el pasado lunes.Rabat ya advirtió entonces de que la comparecencia de Gali ante el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, que lo interrogó sin imponerle ninguna medida restrictiva de su libertad, sería condición necesaria pero no suficiente para cerrar la crisis.

“Las legítimas expectativas de Marruecos van más allá. Comienzan con una aclaración, sin ambigüedades, por parte de España, de sus elecciones, sus decisiones y sus posiciones”, reclamaba la diplomacia marroquí. España considera que ya ha dado explicaciones a Marruecos sobre las razones “estrictamente humanitarias” por las que acogió a Gali y señala que no hay cambio alguno en su posición sobre el contencioso del Sáhara. Pero no tiene inconveniente en reiterarlas, según fuentes gubernamentales.

Ese sería, aclaran las mismas fuentes, el sentido del gesto que contempla el Gobierno: una visita de un ministro a Rabat, para ofrecer dichas explicaciones, o una llamada del Rey a Mohamed VI. No sería una petición de disculpas, pero Marruecos podría tomarlo como tal. Se trataría, en todo caso, de un paso hacia la reconciliación. La llamada de Felipe VI al rey de Marruecos es una baza que el Gobierno ha tenido en mente desde el inicio de la crisis. La duda es si este es el momento de usarla, con la herida aún abierta, o es preferible esperar al momento en que la crisis se haya cerrado y sirva para impulsar una nueva etapa.

Otra posibilidad que está sobre la mesa es la visita de un ministro a Rabat, una medida a la que se recurrió en anteriores crisis bilaterales. Debería ser la titular de Exteriores, Arancha González Laya, pero esta podría encontrar un ambiente hostil en el país vecino porque Rabat ha personalizado en ella su enfado. Los puentes diplomáticos entre los dos países están rotos: Laya habló el miércoles con su homólogo francés, Jean-Yves Le Drian; y este, a su vez, con el marroquí, Nasser Burita. Como alternativa, podría ser el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien acudiera a Marruecos. La ventaja es que este podría abordar los problemas derivados del control de la inmigración, los más urgentes, y soslayar el contencioso sobre el Sahara Occidental, por no ser de su competencia. Aún no se ha tomado una decisión.

FUENTE

Oussama Saadoune

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