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BOUBEKRI MOHAMMED YASSER
La eliminación de la selección argelina en la Copa de África 2025, tras su derrota ante Nigeria, no fue solo un revés deportivo. Acabó convirtiéndose, por desgracia, en un episodio de tensión y descontrol que dañó mucho más la imagen del fútbol argelino que el propio resultado sobre el terreno de juego.
En el fútbol, perder forma parte del juego. Lo que no forma parte del juego es la incapacidad de aceptar la derrota. Lo ocurrido tras el pitido final dejó al descubierto una actitud preocupante, tanto en las gradas como sobre el césped: en lugar de asumir la superioridad del rival, una parte de la afición y algunos jugadores reaccionaron con nerviosismo, protestas desmedidas y comportamientos que poco tienen que ver con el espíritu deportivo.
En las gradas, según muestran varios vídeos difundidos en redes sociales, la frustración derivó en escenas de tensión, con lanzamiento de objetos, uso de bengalas y momentos de empujones y caos en algunos sectores del estadio, lo que obligó a la intervención de los servicios de seguridad para restablecer el orden. Lejos de ayudar a su selección, estos comportamientos solo contribuyeron a agravar la imagen de una eliminación ya de por sí dolorosa.
Pero el clima de crispación no se limitó a las tribunas. En el terreno de juego, tras el final del partido, se registraron escenas de fuerte tensión entre varios jugadores, miembros de los cuerpos técnicos y el equipo arbitral. Las cámaras captaron protestas airadas y discusiones en un contexto claramente marcado por los nervios y la decepción. Protestar una decisión arbitral puede ser comprensible; convertir esa protesta en presión, empujones y escenas de caos es algo muy distinto y difícilmente justificable en una competición de este nivel.
La realidad, por mucho que cueste aceptarla, es bastante más simple: Argelia no estuvo al nivel que exigía el partido y Nigeria fue superior. El fútbol no se gana después del pitido final, ni con gritos, ni con enfrentamientos, ni intentando trasladar la frustración a árbitros o a los dispositivos de seguridad.
Y como si todo eso no fuera suficiente, el ambiente de tensión se extendió también al ámbito periodístico. Según imágenes y testimonios difundidos en redes sociales y en algunos medios, en la zona mixta reservada a la prensa se produjo un incidente en el que un periodista marroquí fue agredido mientras realizaba su trabajo, en medio de una situación de gran nerviosismo. Más allá de los detalles concretos del altercado, el simple hecho de que la violencia alcance también a profesionales de la información supone un salto cualitativo muy preocupante y una vulneración inaceptable de las reglas más básicas del ejercicio periodístico.
Lo ocurrido en esta CAN 2025 no es solo un asunto que pueda acabar en expedientes disciplinarios. Es, sobre todo, un fracaso deportivo, educativo y de cultura competitiva. Porque las grandes selecciones no se miden únicamente por los títulos que ganan, sino también por la manera en que saben perder.
Si el fútbol argelino quiere recuperar credibilidad y respeto en el ámbito continental, el primer paso es evidente: autocrítica, responsabilidad y tolerancia cero con este tipo de comportamientos. Persistir en la lógica de la victimización y del enfrentamiento solo conduce a más aislamiento y a un deterioro aún mayor de su imagen.
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