Por Mustafa Akalay Nasser.

Profesor de la universidad privada de Fez

Doctor en Historia del Arte
por la Universidad de Granada y urbanista por las
universidades París VIII (Saint-Denis) y París IV la
Sorbona, así como por la Escuela de Caminos de
París. Asimismo, es profesor asociado y coordinador del programa Erasmus París-Andalucía del
Instituto Tecnológico Universitario Saint-Denis
(Université Paris Nord XIII), y miembro investigador
del Observatorio de Prospectiva Cultural-Hum 584
de la Universidad de Granada y del Patronato de la
Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Sus
actividades de estudio e investigación las ha ido
compatibilizando durante estos años en áreas
relacionadas con interculturalidad e ingeniería cultural.

La nueva colonización literaria de Tánger.

In Memróriam.

A la memoria de esa generación de intelectuales tangerinos, que la administración Internacional censuró sus obras y prohibió sus actividades culturales en la década de los 30, es la historia negra del Tánger internacional de la que nadie habla. Ya es hora.

A Nourredine Sail y Bachir Skiredj ¡que los dioses os sean propicios!

Por la descolonización del Tánger: ciudad internacional.

Últimamente algunos nostálgicos de la generación beat, sueñan y anhelan convertir El Tánger actual en una ciudad literaria o en un platóde cine, hospedados en placenteras “suites” de hoteles de lujo o casas huésped, que viven en compartimentos estancos sin relacionarse con los autóctonos, negándoles el saludo y la existencia como antaño, y dan rienda suelta a sus sueños, fantasías y confabulaciones en sus escritos.

La Fátima si no es una sirvienta que trabaja a destajo, es vendedora de legumbres o es tachada de “Sahara” o bruja como le ocurrió a Cherifa, que fue injustamente demonizada y denostada por el propio Bowles, que celoso de la relación amorosa de esta última con Jane, la acusó de haberla embrujado.

Cherifa fue cuidadora y pareja en tiempos pasados de la escritora atormentada y anejada mental Jane Auer que finalizó con sus huesos y cojera en el cementerio de Málaga. El súmmum del  descaro es que algún meritorio a cronista oficial de la ciudad boquerón ejerciendo de embaucador se explaya escribiendo sandeces tipo Jane Bowles es una escritora malagueña, calcando en eso la Francia espoliadora del arte africano e de identidades ajenas a lo largo de este siglo, y que tiene la pericia de apropiarse a los ilustres de otras nacionalidades como Emile Zola, Picasso entre otros y futbolistas caso de Zidane el de La Cabilia  y  Thuram el de Las Antillas, miembros de esa selección francesa  diversa  Black, Blanc, Beur ganadora del mundial de 1998, una especie de mini naciones unidas del futbol.

Estos tangerinos de nuevo cuño (casta de conversos) caso de Seneca Guigou, Rodrigo Guatepeor, Pietro Pausini, Leo Pibe el Charrúa, María la Desahuciada, Arturo Comanche, Daniel el Rondeño, Bigotes Arrocet el Baboso de las dos Hermanas, Sabine Millet la Mea Bragas, Almudena Pardo la Nublada, Hilarry Allison la Soplona, Pablo Vallecas picha inquieta el coletas,Eric el Neerlandés,  según Choucri escriben sus relatos de género negro para masturbar la mente del lector ávido de intrigas y tramas, son los que define muy  bien  José María Lizundia como   melancólicos o  nostálgicos de un Tánger  remoto que ya no existe.  Es el nuevo orientalismo de pacotilla.

Se publican entre ellos, para quedar bien y para gestionar la diversidad dan la palabra a algún árabe de servicio (l’arabe de service) Karim  el “aculturado”, apodado “Melenas el bretón”, traductor en sus ratos libres y acérrimo defensor de la misión francesa y del lema “nos ancêtres les gaulois” que encarna a la perfección  la  figura   del moro colonizado, tan bien descrita por Albert Memmi en su libro: “Le portrait du colonisé” y certeramente analizada por el psiquiatría martiniqués Frantz Fanon en su emblemático libro: “Peau noire, masques blancs”.

Karim el gabacho o el afrancesado asimilado, es el producto de la hibridación más bien es hijo de un matrimonio mixto, ni habla el árabe dialectal tangerino y que va de sobrado como rapsoda en ciernes haciendo una poesía de andar por casa como dice Rosa de Madariaga, juntando palabras; agitador cultural y cuyo oficio principal es la de guaperas consorte en los “vernissages” y rey del postureo en Facebook.

Este Tánger colonizado literariamente por Bowles, Burroughs,Capote, que añoran hoy los nuevos (conversos) y seguidores de  esta generación beat e intentan reproducir hasta  la saciedad, fue analizado de manera magistral   por Marie-Haude Caraes  y Jean Fernández en un acertado libro :Tánger o la deriva literaria, ensayo que no tiene desperdicio .

“En este pasado siglo veinte, Tánger ha ejercido particular atracción sobre numerosos escritores extranjeros que pasaron por la ciudad o que vivieron parte de su vida en ella. Tantos han sido aquéllos que se puede hablar de “colonización literaria”, según la expresión acuñada por Marie-Haude Caraës y Jean Fernández en su ensayo “Tánger o la deriva literaria, ensayo sobre la colonización literaria de un lugar: Barthes, Bowles, Burroughs, Capote, Genet, Morand”, colonización no violenta pero con efectos perversos puesto que contribuyó en cierta medida a la negación de la identidad propia de la ciudad y a la elaboración de un mito literario en el cual aquélla aparece como abierta y cosmopolita, como lugar de todos los posibles. En la mayoría de las obras escritas en Tánger, la ciudad en si no interesa pese a que está erigida en lugar iniciático, especie de finisterrae al que el escritor acude en busca de la revelación de su propio ser. La ciudad –espejismo- funciona como pantalla neutra que proyecta un yo desconocido y a veces inconfesable. El encuentro de la ciudad con el autor se podría cifrar en la fórmula: “yo y la ciudad” como lo corroboran los numerosos textos autobiográficos que se producen en el puerto internacional…” (Marie-Haude Caraës et Jean Fernández, 2002).

El mismísimo Mohamed Choukri, años atrás también denunció esta farsa o mascarade literaria neo-orientalista, al publicar en junio de 1996, un texto de memorias en árabe sobre Paul Bowles y su larga estancia en Tánger, en el que Choukri haciéndose pasar por Edward Said desarrolla una crítica radical contra el orientalismo como discurso construido por el líder de “la Beat Generation Bowles. Discurso a su vez que ha fracasado como instrumento de poder que sostiene la empresa del colonialismo y el paternalismo. La imagen de oriente, en este caso Tánger, está compuesta por fragmentos intertextuales, superpuestos como un filtro, es una figura construida, no un yo verdadero.

“Detrás del exotismo cuántas veces no hay otra cosa que racismo más algo de lírica. Debajo de esa palabra, un mundo sometido, un zoológico a reconstruir, a definir. Otras disciplinas colaborarán a ello, serán inventadas prácticamente en el mismo marco y juego, piénsese en una antropología definiendo al primitivo, al salvaje o al bárbaro unida a la historia. El orientalismo no es más que el estilo y discurso occidental para dominar a oriente según Edward Said.” (Fernando Wolff, revista Puerta Oscura, Málaga)

Oriente ya no es -nunca lo fue- esa heteropía “foucaultiana” soñada por los pintores del XIX y XX que, en busca de nuevos horizontes, de nuevas sensaciones, se desplazaban a este entorno geográfico llamado Oriente y concretamente el mundo musulmán. Pero Oriente, no es sólo una cartografía del deseo de alteridad, radical, sexual, cognitiva, literaria, religiosa, etc. … es también una cartografía real: sus problemas son los problemas del resto del mundo: Se expresan en términos y cuestiones relacionados con lo religioso, las nociones de género y la difícil cuestión de la identidad cultural; en hechos de autoafirmación y valoración de lo tradicional desde una perspectiva evolutiva e histórica.

En palabras de Choukri: “Los escritores de la generación beat, que se desplazaron a Tánger siguiendo los pasos del recluso Bowles, nunca se familiarizaron con el entorno diario y las huellas que dejaron en la ciudad se reducen a un puñado de fotografías tomadas en Tangerine.”

Tánger sirvió de “musa” para estos escritores que terminaría haciendo de ella una ciudad especial dentro del imaginario colectivo americano-europeo. No obstante, esto posee también un lado sórdido, ya que eran las enormes libertades que gozaban los occidentales en Tánger (ausencia de control y censura, drogas y sexo barato, tanto heterosexual como homosexual) y de las que carecían en sus países de origen lo que atrajo a muchos de ellos (Fynlaison, Iain. Tangier: City of a Dream 1992).

Se dedicaron a satisfacer sus fantasías sexuales, en colonizar sexualmente los cuerpos- (véase Pascal Blanchard: sexe, race et colonies)-.  Para quienes iban a Tánger aquello era un paraíso de turismo sexual. Había una doble amoralidad. Allí no era condenable ser un pedófilo. El concepto de violación no existía porque se consideraba que el hombre blanco tenía derecho a poseer(dominar) el cuerpo de un menor. Tánger era un inmenso prostíbulo como lo fue la Habana de Batista para los norteamericanos.

“Estos “turistas del alma”- en la justa expresión de Métérié-que acuden menos al país a la busca del otro que a la mera busca de sí mismos, y que imaginan más que ven Marruecos, lo sueñan   más que lo describen”. (Guy Degas).

Choucri decía: “no añorar en absoluto el mito creado en torno a esa ciudad cosmopolita y lugar de cita de intelectuales y artistas porque en esa época él pasaba hambre y dormía en los cementerios. No siento ninguna nostalgia del Tánger internacional”

Yo hablaría de una sociedad jerarquizada propia del apartheid sudafricano, la que imperaba en ese Tánger Internacional y que el extranjero estaba favorecido jurídicamente y se sentía en su casa mientras los autóctonos sí que eran extranjeros en su tierra sobrellevando la muerte social y víctimas de la anomia, eran excluidos, ninguneados, anulados, inexistentes: “Cuando se habla del tema de multiculturalidad o de multinacionalidad en Tánger como si fuera una excepción que asombra a muchos extranjeros, una francesa dice: “es muy sencillo, la clave es la especialización: en Tánger los ingleses son los señores, los franceses son los gobernadores y los españoles son los trabajadores “y cuando alguien preguntó ¿Y los musulmanes? Respondió ¡Los musulmanes no existen! (El Ouriaghli, 2013, p 116)”Dixit Randa Jebrouni, La letra y la ciudad: su trama en Tánger, Alhulia 2020.

La ciudad de Tánger inspira y ha inspirado incontables figuras narrativas. Suscita todo un gran flujo de imágenes, múltiples, y a veces paradójicas, exaltando su enigma y su misterio. Por espacio de más de tres decenios se han tejido enunciados y relatos, textos, libros, películas que expresan el rapto y el disgusto, el asombro y la angustia, el temor, la traición, el espionaje, la perdición, el peligro y el mito, o el sueño de un sitio personal, íntimo y, al tiempo fantasmático. La colonización literaria siempre esquiva la vida real de los tangerinos, sus problemas y participación en la historia concreta de su país y de su ciudad. (Véase Mohamed Métalsi: Tánger, suerte e infortunio de una ciudad. Abada editores, 2019).

 “Los escritores españoles de mi edad, criados en la época del Estatuto Internacional, se enfrentaron a una realidad muy distinta. La ciudad no les resultaba misteriosa ni exótica: vivían en un auténtico crisol de culturas y lenguas cuyas voces trataron de registrar (pienso en la bellísima novela de Ángel Vázquez La vida perra de Juanita Narboni). Algunos, con una astucia en los antípodas del candor de los orientalistas, recrearon, desde el conocimiento, la frescura de la visión: pintaron casas, paisajes, calles, personas, como si los vieran por primera vez. Otros abandonaron un Tánger marroquí que se les deshacía entre las manos y se refugiaron en la nostalgia de forma definitiva. El sueño roto reemplazó al misterio. Su exilio fue -quería ser- un adiós al paraíso inventado y perdido…. Cuando años más tarde trabé amistad con Mohamed Chukri, no me sorprendió su crítica radical de los orientalistas de todo tipo seducidos por el exotismo y misterio de Tánger. El abandono familiar, el hambre y el analfabetismo no encierran enigma alguno. El novelista los sufrió, reaccionó frente a ellos y alcanzó a vencerlos en un combate en el que perdió muchas plumas. Por eso, El pan desnudo o, mejor dicho, a secas, me parece una obra ejemplar. La vida de los protegidos con el caparazón inexpugnable de la riqueza -villas de El Monte, complejos turísticos de la bahía o cabo Espartel- no tiene nada que ver con la orfandad, el paro, la miseria, los mil y un oficios malabaristas de una buena parte de la población. Chukri los retrató sin sentimentalismo ni complacencia. En un trayecto contrario al de los orientalistas, la cotidianidad de los desfavorecidos le sirvió de materia prima para forjar su visión”. (Juan Goytisolo: El misterio de Tánger, El País 203).

Según Marie – Haude Caraes y Jean Fernández: “El colonialismo mundano enloquecía en las desviaciones y perversiones a que se entregan los sentidos, la utilización mera del otro percibido como mercancía. Tras la sangrienta matanza practicada en la guerra del Rif, una vez sometido el árabe, se procederá a utilizarlo siempre y de los modos más diversos: toda clase de tráficos, drogas, fiestas, toda clase de trivialización, viene a formar parte de la Villa”.

 Choukri escribió a este respecto: Que entre todos aquellos que han hablado de Tánger o han escrito sobre ella, muchos no han visto sino sus quimeras, su gusto por la vida regalada, sus fantasmas, en suma. Tánger para ellos no es sino un lupanar, una playa muy bella o una mansión de lujo y de reposo…En su literatura, los marroquíes interesan como botones, camareros o cuerpos que proporcionan unos minutos de placer…dichos escritores vinieron a Tánger como quien va a ver una película de aventuras. A ver un mono saltar de árbol en árbol.”

El heroinómano y pedófilo escritor que lleva nombre de una máquina de calcular William Burroughs, retrataba muy bien la desidia cultural de Tánger en sus escritos   allá por los cincuenta, escribiendo que esta ciudad era un desierto cultural y lo de “la culture en partage” era solo un mero lema del instituto francés, eso sí era un refugio de timadores, desertores, prófugos, desahuciados, drogadictos y alcoholizados, abusadores de menores y corruptos de toda estirpe.  

Los escritores de la Beat de paso encumbraban el misterio de Tánger para mejor callar lo que habían venido a buscar: la satisfacción de sus fantasías sexuales este es el caso del autor de Naked Lunch o el almuerzo desnudo, el hombre invisible o homicida que salió por patas de Méjico para esconderse  en la ciudad del estrecho,  donde  vivió  desconectado de la vida social tangerina y pasó días enteros confinado  en su tugurio con Marv, pinchándose heroína y practicando sexo en plan sádico a lo Falete con menores tal como lo confesó en sus cartas de Tánger a Ginsberg.  

“El Tánger literario convive en la narración con el Tánger de la pobreza, que es del oprobio. La escritura y el turismo sexual se interpenetran en la misma membrana. Una membrana pantanosa y empantanada, donde los limites- pese a la apariencia- están claros: el cliente y el trabajador, el explotador y el explotado, el que tiene francos o dólares y que aspira a tenerlos, con el francés como lengua franca entre ambos bandos, enfrentados pese a la apariencia de dialogo.

El rastro de Foucault y de Barthes se confunde con el de Burroughs y Ginsberg, convergentes en los burdeles donde los jóvenes marroquíes se han prostituido desde siempre.” (Jorge Carrión, librerías 2013).

Tocados por la tangerinidad como bucle melancólico.

En la última década asistimos a un interés muy especial de escritores de novela negra por el Tánger internacional como un nido de espías y como centro de operaciones el hotel Minzah y donde Momy el de las alhajas, cinturón de oro, rey de la pedrería fina, especie del estrafalario Paco Clavel avant la lettre, ejercía en esas noches de desenfreno de alcohol de confidente correveidiles. Dichos escritores con estancias de poca duración o visita de médico a la ciudad  y que tocados por la tangerinidad seudo-cosmopolita, de vuelta a la península encuentran materia de inspiración para hilar una historia de espionaje en esta ciudad mito o especie de Arcadia: El Tánger internacional, haciendo gala  sin darse cuenta de la invención de un nuevo género o, mejor dicho, la invención de la tradición  concepto popularizado por Eric Hobsbawm y Terence Ranger que propone que muchas de las tradiciones que pueden parecer o que pretendidamente son antiguas, en realidad se han forjado recientemente, a menudo como respuesta a una nueva situación o un tiempo corto . Tienen un bagaje simbólico y tratan de obtener una cierta legitimidad por el hecho de venir desde el pasado en este caso el Tánger internacional.

El que mejor entendió y analizó el Tánger actual como bucle melancólico, concepto acuñado por Jon Juaristi, es el escritor, jurista, ensayista José María Lizundia, en su escueta y aclaratoria obra de muchos quilates: Tánger y Melilla confrontadas: otros sesgos simbólicos y literarios y a la que me remito en lo que sigue: Tánger no conoce la autocrítica…La literatura y la cultura sin duda tienen propiedades muy benéficas para el espíritu y para la percepción más afilada y ampliada del mundo y de la vida. Pero también engendra en sus núcleos una conciencia de suficiencia y distinción, basta que se dé una acumulación de condiciones, que convendría saber si la ex ciudad internacional las reúne, ya que, dado su prestigio internacional, sale siempre intocada y bien parada.  Nunca se mostrado sus déficit o contrastes menos favorables, salvo por la muy distinguida pléyade de autores marroquíes. Se ignora porque no es imaginable que en dechado de virtudes como es Tánger, puedan existir. Curiosamente quienes cambian la ciudad de arriba abajo son los marroquíes con la independencia; antes han sido sus escritores que profesan una suerte de realismo existencial, los que dan fe de la vida dura de la gente humilde y la psicología, espíritu moral que fraguan para poder afrontarla. Es la antítesis del cosmopolitismo. Fue un cosmopolitismo de claro carácter colonial. El cosmopolitismo no es un estatuto jurídico, que este fuera único no significa que el cosmopolitismo fuera también único, sino plenamente asimilado al colonialista, porque es una forma estético expresiva y psicológico y moral. Como intuimos, un cosmopolitismo post colonial.

Como miembro fundador del reciente creado  frente Nazarí en homenaje al escritor por antonomasia de Tánger , el gran Choukri, y como intelectual fronterizo que soy, verso suelto, electrón libre y poscolonial resistente, pretendo  con  este texto sacar a la luz, la historia de los olvidados, de los represaliados: esos escritores, ensayistas, activistas, artistas de teatro de mi Tánger autóctono musulmán , la generación culta y poliglota de los años 20 y 30 que escribía y se expresaba en árabe clásico y dominaba a la perfección otros idiomas y que fueron censurados, objeto de represión, perseguidos por la administración internacional, por denunciar el estatus de extranjeros (indígenas) en su ciudad natal y pedir su independencia del yugo colonial y racial , es la historia de los silenciados, los condenados al exilio interior, que sufrieron la situación de aislamiento y exclusión –(entre ellos mi tío abuelo Abdelaziz Souab condenado al ostracismo y desterrado en su barrio de Dar Baroud, hasta bien entrada la independencia  por encabezar con otros jóvenes tangerinos cultos y libres  la delegación que recibió en Tánger a  Shakib Arsalane  y proferir un eslogan “Tangerinos levantaros y dejaros de ser sumisos” allá por agosto del año 30-). Nos toca hoy como nietos y nietas encontrarnos con la verdad, la dignificación de los represaliados y la reparación de su memoria. y no la colonial impuesta y repetida por los melancólicos y nostálgicos, el conocimiento de una parte de nuestra historia manipulada, falsificada por el “seudo cosmopolitismo” del Tánger internacional. Nos toca reescribir nuestra historia. Zapatero a tus zapatos, melancólicos y nostálgicos a indagar, aprender árabe para leer a los autóctonos y dejar de manipular y de producir relatos que Choukri denominaba pajas mentales.

José María Lizundia, en otro capítulo de su brillante ensayo: Tánger: nostálgicos y melancólicos, retrata de manera certera a los melancólicos y nostálgicos que padecen un síndrome psicoanalítico que Jacques Lacan define como nudo de Borromeo o nudo Borromi.

“Los tangerinos son dos tipos: los nostálgicos que vivieron el ambiente, la atmósfera como decimos, y los melancólicos que lamentan la perdida de lo que nunca tuvieron ni vivieron, y en la literatura tangerina están los dos. En realidad, quienes dominan son los melancólicos, que son los que tienen la sartén por el mango y son los influyentes. En internet puede vérseles, los nostálgicos escarban en sus recuerdos, en las calles y cementerios de Tánger, incluso en las paredes más corroídas y desconchadas de la callejuela más humilde, todas las fotos que en el mundo haya sobre Tánger sirven y son igual de valiosas, quien pose, de cuando sea, si algo se distingue. Sin salirnos de internet nos vamos a la página web de los melancólicos, siempre tienen algún melancólico de postín, que no está en las otras. De entrada, su castillo es del arte, literatura y cultura. En todos o casi todos los sitios existe un concepto sociológico exacto para definir a un grupo por síntesis de todas sus proyecciones, y que se llama “la gente guapa”. ¿Son siempre los más envidiados, Cuál el mejor sitio para tomarte una copa? Pues difícilmente suele ser otro que no sea el de “la gente guapa”. Los melancólicos no tienen el más mínimo síntoma de padecer, así como los nostálgicos son puro síndrome clínico

El único argumento para entender por qué los melancólicos carecen de síntomas, es porque realmente no sienten la perdida de algo muy valioso que no llegaron a conocer, al ser ellos mismos quienes se lo están inventando; No puede ser de otra manera.” (Véase José María Lizundia  2020).