Condena estadounidense a los ataques del Polisario: ¿se acerca Washington a clasificar al Frente Polisario como organización terrorista?
BOUBEKRI MOHAMMED YASSER
La publicación emitida el 6 de mayo de 2026 por la misión de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, condenando los ataques del Frente Polisario contra la ciudad marroquí de Smara, ha generado un intenso debate político y diplomático sobre la posibilidad de que Washington avance hacia una postura mucho más firme frente al movimiento separatista.
La condena llegó apenas un día después del ataque ocurrido el 5 de mayo de 2026, cuando varios proyectiles impactaron en distintos puntos de la ciudad de Smara, en el Sáhara Occidental marroquí, provocando heridas a una mujer y una fuerte movilización de las fuerzas de seguridad.
En el mensaje publicado en la plataforma X, la misión estadounidense afirmó que “condena los ataques del Frente Polisario en Smara”, subrayando que “esta violencia amenaza la estabilidad regional y el progreso hacia la paz”. Además, el comunicado reiteró que “la propuesta marroquí de autonomía representa el camino hacia la paz en el Sáhara Occidental marroquí”.
La importancia de esta declaración no reside únicamente en la condena, sino también en el tono empleado por Washington, mucho más directo y contundente que en ocasiones anteriores.
Durante años, Estados Unidos evitó señalar explícitamente a una de las partes del conflicto. Sin embargo, esta vez la administración estadounidense relacionó claramente las acciones armadas del Polisario con una amenaza para la estabilidad regional, algo que numerosos observadores interpretan como una señal de endurecimiento político y estratégico.
La región del Sahel y el norte de África se ha convertido en una prioridad para la seguridad nacional estadounidense debido al crecimiento de grupos armados, redes de tráfico y organizaciones extremistas. En ese contexto, ciertos sectores políticos y de seguridad consideran que las acciones militares del Polisario representan un factor adicional de desestabilización.
En los últimos años, varios miembros del Congreso estadounidense y figuras cercanas a los círculos de decisión en Washington han pedido estudiar seriamente la posibilidad de clasificar al Frente Polisario como organización terrorista.
Quienes defienden esta posición argumentan distintos elementos:
- El uso de ataques con proyectiles contra zonas civiles.
- Las sospechas sobre conexiones con redes activas en el Sahel.
- La preocupación por la vulnerabilidad de los campamentos de Tinduf frente a infiltraciones extremistas.
- El aumento de tensiones geopolíticas en la región y la relación de ciertos actores vinculados al Polisario con países considerados hostiles a intereses occidentales.
Para muchos analistas, la reciente declaración de la misión estadounidense ante la ONU podría representar el inicio de una nueva etapa en la política exterior norteamericana respecto al conflicto del Sáhara Occidental marroquí.
La publicación estadounidense también reforzó nuevamente el apoyo de Washington al plan marroquí de autonomía, calificándolo como la vía más seria y creíble para alcanzar una solución política duradera.
Asimismo, el mensaje recordó la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y afirmó que “el statu quo no puede continuar”, una frase interpretada como una señal clara de que Estados Unidos considera urgente avanzar hacia una solución definitiva después de más de cincuenta años de conflicto.
Aunque la administración estadounidense no ha anunciado oficialmente ninguna intención de designar al Frente Polisario como organización terrorista, la combinación de factores recientes alimenta cada vez más este debate dentro de Washington.
La condena explícita de los ataques de Smara, la asociación entre las acciones armadas del Polisario y la amenaza a la estabilidad regional, así como el respaldo reiterado al plan de autonomía marroquí, son vistos por numerosos expertos como indicios de una posible redefinición de la postura estadounidense en los próximos meses.
La gran incógnita ahora es si esta declaración constituye simplemente una reacción diplomática puntual o el comienzo de un cambio estratégico mucho más profundo en la manera en que Estados Unidos aborda el conflicto del Sáhara Occidental marroquí.