No por extensión, sino por su localización, el que está siendo el primer gran incendio de la temporada en Cataluña ha disparado todas las alarmas. En uno de los parajes más bellos de la Costa Brava, afectando de lleno el Parque Natural del Cap de Creus, el fuego de Llançà (Gerona), que comenzó el viernes y los Bomberos de la Generalitat confían en poder dar por estabilizado en alguno de sus sectores el domingo, había quemado, en el último recuento facilitado, 410 hectáreas de vegetación, la mayor parte dentro del perímetro de protección del parque.
Diversos factores se conjugaron para que el fuego obligase a activar todos los medios disponible: la proximidad del parque natural, las numerosas urbanizaciones en una zona muy escarpada y el viento, una ‘tramuntana’ que confiere a la zona buena parte de su carácter pero que es también el mejor aliado del fuego. Como lo calificó el jefe de intervención de los Bomberos de la Generalitat, Santi Lleonart, se trata de «un incendio muy complicado, con muchos focos secundarios con zonas no conectadas», lo que hace que el perímetro sea muy extenso y difícil de atacar.
Desde Bomberos, a última hora, se informó de que pese a que la ‘tramuntana’ seguía soplando con una intensidad moderada, la temperatura bajaba y la humedad relativa subía, lo que facilitaba las tareas de extinción. Por la tarde se había conseguido estabilizar sobre el 60% del perímetro, aunque «de manera precaria». El fuego se considera aún activo, y preocupaba sobre todo el sector más cercano al Cap de Creus.
Estaba previsto que en la medianoche los Bomberos reabran el acceso a algunas de las urbanizaciones más cercanas a la costa, pero iban a seguir cerradas, al menos hasta hoy, las de la Vall de Santa Creu, la Selva de Mar y el Monasterio de Sant Pere de Rodes. En total unas 350 personas habían tenido que dejar sus casas, la mayoría segundas residencias.
La importancia del fuego se explica también por las dotaciones movilizadas: hoy han trabajado en la zona unas ochenta dotaciones terrestres de los Bomberos, con el apoyo de maquinaria pesada y medios aéreos que trabajaron hasta el anochecer. El dispositivo aéreo estaba formado por seis helicópteros bombarderos, dos de mando, y seis aviones de vigilancia y ataque. Además, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico envió tres aviones y un helicóptero más sumando en total once vehículos movilizados, entre estos dos aviones anfibios de gran capacidad, desplazados desde Torrejón (Madrid) y Pollensa (Baleares).
En paralelo a la extinción del fuego, proseguían los trabajos para determinar su origen. Agentes de la unidad científica de los Mossos analizaban la colilla de un cigarrillo que se presupone que fue el desencadenante. Se buscaban restos de ADN para tratar de identificar a la persona que supuestamente lanzó la colilla por la ventanilla de un coche. Si se llega a localizar al autor, éste afrontaría «consecuencias penales», se subrayó desde la policía catalana.
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