Prohibir al Patriarca entrar en el Santo Sepulcro obliga a una condena internacional y a protección urgente de los lugares sagrados

BOUBEKRI MOHAMMED YASSER

Lo ocurrido en Jerusalén no puede relativizarse. Impedir que el Patriarca latino entre en la Iglesia del Santo Sepulcro para celebrar el Domingo de Ramos no es un incidente menor, sino un hecho grave que afecta directamente a la libertad religiosa.

No se trata solo de una persona. Se trata de un símbolo para millones de cristianos en todo el mundo. Y cuando ese símbolo es bloqueado en uno de los lugares más sagrados del cristianismo, la preocupación deja de ser local y pasa a ser global.

Al mismo tiempo, los fieles musulmanes han enfrentado en los últimos meses fuertes restricciones y limitaciones de acceso a la Mezquita Al-Aqsa. En distintas ocasiones, las autoridades han impuesto controles estrictos, bloqueos parciales y restricciones de entrada que han impedido a numerosos creyentes acceder al recinto para rezar, especialmente en momentos clave como los viernes o durante periodos religiosos.

Estas medidas han sido denunciadas por diversas organizaciones como obstáculos al ejercicio pleno de la libertad de culto, alimentando una preocupación creciente sobre la situación en Jerusalén.

Este tipo de actuaciones no puede quedar sin respuesta. Es necesario:
• Un posicionamiento firme de la Naciones Unidas
• Declaraciones claras de instituciones internacionales y religiosas
• Reconocer lo ocurrido como una vulneración del derecho a la libertad de culto

El silencio, en este contexto, equivale a normalizar lo que no debería ser normal.

La gravedad de los hechos obliga a ir más allá de las declaraciones:
• Establecer mecanismos de supervisión internacional
• Garantizar el acceso libre a los lugares de culto en fechas clave
• Evitar restricciones arbitrarias a líderes religiosos y fieles

Jerusalén no es solo un espacio político. Es un referente espiritual para millones de personas.

Lo sucedido demuestra que la cuestión ya no distingue entre comunidades:
• Cristianos afectados en el Santo Sepulcro
• Musulmanes con restricciones en Al-Aqsa

Defender la libertad religiosa en Jerusalén significa defenderla para todos.

Desde la Iglesia del Santo Sepulcro hasta la Mezquita Al-Aqsa, los hechos apuntan a una realidad preocupante.

Lo ocurrido exige algo más que preocupación:
requiere condena internacional y medidas concretas para garantizar la protección de los lugares sagrados y el derecho a rezar sin impedimentos.

Mohammed Yasser Boubekri

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