Tebboune y Meloni: Cuando la ficción diplomática supera a la realidad

BOUBEKRI MOHAMMED YASSER

En el teatro de la diplomacia internacional, pocos actores han demostrado tanta audacia para reinventar la realidad como Abdelmadjid Tebboune. Su última actuación, durante la conferencia de prensa junto a la primera ministra italiana Giorgia Meloni, ha dejado al descubierto una estrategia recurrente: convertir los deseos en supuestos hechos. Mientras las cámaras grababan, Tebboune afirmó sin pestañear que Italia y Argelia compartían un «apoyo común al derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación». Una declaración tan sorprendente como falsa.

El comunicado conjunto entre ambos países no menciona tal respaldo. Por el contrario, se limita a hablar de una solución «mutuamente aceptable» bajo el paraguas de la ONU, una fórmula neutra que dista mucho del discurso argelino. Ni Meloni ni su gobierno han respaldado jamás las tesis de Argelia sobre el Sahara. La pregunta es inevitable: ¿por qué insistir en una narrativa que se desmorona ante el menor escrutinio?

Este no es un incidente aislado. En junio de 2025, el presidente rwandés Paul Kagame tuvo que desmentir públicamente otra invención similar. La diplomacia argelina, lejos de aprender de sus errores, parece haber adoptado la mentira como método. Mientras Marruecos avanza con su propuesta de autonomía, respaldada por gran parte de la comunidad internacional, Argelia se refugia en un relato ficticio. Cambia de rol según convenga: hoy «parte concernida», mañana «observador», siempre atrapada en sus propias contradicciones.

El episodio con Italia revela algo más grave: un desprecio por las normas básicas del diálogo entre Estados. Mentir a los propios ciudadanos es reprochable; hacerlo frente a un aliado, en su territorio y ante la prensa, es una falta de respeto que erosiona la credibilidad de Argelia. La APS, agencia oficial argelina, amplificó el bulo con entusiasmo, pero la verdad es tozuda: ni Roma ni el mundo se tragarán ese guion.

La salida para Argelia es clara: abandonar la obsesión por imponer su narrativa y sumarse a las negociaciones reales. La autonomía bajo soberanía marroquí no es una derrota, sino la única solución viable. Mientras Tebboune siga creyendo que la diplomacia es un ejercicio de prestidigitación, su país quedará atrapado en un callejón sin salida. El Sahara merece algo más que ficciones.

Mohammed Yasser Boubekri

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